¿Cómo nació la Exploratio Dominicalis?
Por Enda Dunleavy(*)
www.legiondemaria.org

La "exploratio" es el desarrollo más reciente de la Legión. Hace poco se preguntaba en el Concilium: "¿Qué es la Exploratio?" La pregunta venía de un corresponsal perplejo. Apenas había oído la palabra y, no obstante, todo el mundo parecía hablar como si fueses antediluviano si no sabías nada de ello.

Todo comenzó así. El hermano Julio César Cirillo había trabajado en la extensión de la Legión en Latinoamérica durante años, y en 1976 fue nombrado Enviado. Así que su nuevo cargo no sería una mera continuación del trabajo que había estado haciendo y era necesario que se añadiese a sus obligaciones alguna nueva y dinámica dimensión. Se le hizo la proposición de que tratase de que cada praesidium que visitaba emprendiese una expedición a algún lugar de especial necesidad y consagrase un domingo entero o sábado y domingo a dicha empresa. El lugar no debería estar demasiado lejos para no pasar mucho tiempo en el viaje. Sería ideal un viaje de una hora. Todos los socios del praesidium deberían tomar parte, exceptuando solamente a los que realmente no pueden viajar.

El lugar escogido debería merecer nuestra atención, una zona con problemas, una parroquia difícil, un vecindario predominantemente no católico. En casi todas las ciudades europeas hay hoy amplios grupos de trabajadores musulmanes que responden al contacto amistoso, pero con quienes pocas veces se trata. Todas las ciudades tienen sus calles de mala vida. Luego están las comunidades rurales diseminadas que no se deben pasar por alto.

Fue una de estas últimas de la que habló uno de los oficiales del praesidium al que yo pertenezco cuando se propuso la idea de nuestro grupo de salir. Una parroquia en las montañas de Dublín que no tenía praesidium. Quizá fue el aire de la montaña lo que nos atrajo a los habitantes urbanos. En todo caso, el praesidium se mostró unánime en su decisión de ir adelante. Se habló con el sacerdote y dio su consentimiento, aunque no sabía qué podría hacer la Legión en su observante parroquia.

Así que amaneció el domingo y estábamos en marcha hacia nuestro destino en coche y autobús. Llegamos para la misa de la mañana, y el sacerdote nos dio la bienvenida desde el altar. Después de la misa había planeado situarnos en un sitio visible fuera de la iglesia para saludar a los feligreses que salían, pero una lluvia torrencial en aquel momento impidió esa parte del plan. Había sido idea mía que uno de nosotros, sosteniendo el gran Vexillum procesional, estuviese fuera de la iglesia mientras los otros se ponían en contacto con la gente. Eso hubiese llamado la atención de todos. Pero el hombre propone y Dios dispone. Nos dirigimos a la iglesia una vez más, mientras la gente se dispersaba, para rezar nuestras preces de la Legión juntos. Entonces, haciendo una división aproximada de la parroquia, después de estudiar las carreteras, valles y grupos de casas, partimos de dos en dos en la dirección que nos asignó el presidente.

Era como un trozo del viejo y casi olvidado mundo que vivimos de jóvenes. Al sacerdote de la parroquia se le podría perdonar por preguntar qué trabajo útil podría hacer la Legión en su zona rural. Nadie de los que conocimos tenía problemas de fe, excepto dos. Todos creían en la iglesia como la única iglesia verdadera, en la que a todos hay que convencer para que entren. Los primeros con quienes hablamos mi compañero y yo fueron dos muchachos, hermano y hermana. Con la mayor cortesía nos hicieron entrar, sentarnos y nos dejaron hablar. Escucharon con interés nuestro relato de la Legión, hicieron muchas preguntas y prometieron hacerse socios si comenzaba allí. Esa fue también la actitud de otros jóvenes que saludamos.

Conocimos a un miembro del Parlamento que nos llevó a su estudio. Nos dijo que él había sido una vez legionario activo, que ahora tenía poco tiempo, pero que unas elecciones desfavorables podían cambiar todo y volver así a las filas de la Legión.

Según andábamos por la carretera de la montaña, nos parecía raro mirar hacia la ciudad que se extendía debajo con sus graves problemas y respirar un aire espiritual mejor. Cuando las casas se espaciaban, detuvimos a un hombre que pasaba para preguntarle hasta dónde llegaban las casas en nuestro camino. "Seguid andando" -dijo- "encontraréis casas donde menos penséis". Así lo hicimos. Algunas eran humildes casitas; otras, no más que cabañas. En una saludamos a los miembros de dos familias y hablamos con las dos madres, ambas católicas incondicionales. Luego llegaron los hombres, muy alegres, contentos de poder contrastar sus conocimientos religiosos con los nuestros. Cuando vimos que los hombres por sus muchas horas de trabajo y las mujeres por el número de hijos no podrían entrar en la Legión, les sugerimos a aquellos hombres campechanos que se enrolasen con sus esposas como miembros auxiliares. "Tendríais, por supuesto, que rezar la téssera y el rosario", les dijimos con ilusión. A lo que contestaron un poco contrariados: "Siempre rezamos el rosario". Así que reclutamos auxiliares y adjutores en espera del día en que se pudiera iniciar un praesidium.

La "exploratio" es posible para todos o casi todos. Se insiste en que se haga sobre la base de un praesidium. La función de la curia sería la de sugerir los lugares, evitar la repetición y estimular a los praesidia a emprender tales empresas.

En cuanto a la frecuencia, la frase es "al menos una vez al año". En cuanto a la distancia, el ideal sería una hora de viaje. No se tardaría mucho en llegar y volver, y encajaría en la idea de la Escritura del viaje del sábado.

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Enda Dunleavy, desempeña el cargo de Oficial del Concilium Legionis Mariae.