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Reflexionando para Vivir
Mons. Mario Teixeira Gurgel, SDS
www.legiondemaria.org

 


1.- Invocación al Espíritu Santo
Ven Espíritu Santo (Tessera)

2.- Rezar el Ave María.

3.- Leer fragmento del Manual elegido y los tres puntos de reflexión sobre el mismo, pausadamente.

Usar de paciencia, con unos y con otros. Aunque se encuentre con un celo sin brío, con progresos insignificantes o con las ruindades de un espíritu mundano, no por eso hay motivo para desalentarse. (Manual Cap. 39.26 Pág. 359)

a) Una triste realidad.
No existe grupo humano excento de la influencia del mal que existe en cada corazón humano y contamina cualquier sociedad.
Jesús sufrió al ver a sus propios apóstoles, con los cuales convivió durante tres años adoctrinándolos particularmente (“No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo” – Mc 4, 34) y dándoles los más sublimes testimonios, eran tan ignorantes y egoístas. ¡Cuántas veces Él los vio discutiendo quién sería el más importante! (Cf Mc 9, 33ss; Lc 9, 46). Pretendiendo los mejores lugares del Reino (Mt 20, 20ss) o, como en el caso de Pedro, ¡rechazando el misterio de la cruz! (Cf Mt 16, 22ss).
La Iglesia también ya está inmune de debilidades. Divina en su Cabeza, Cristo, en sus enseñanzas y en sus medios de santificación, ella es humana en sus miembros. Por eso, al lado de los santos, la Iglesia también tiene pecadores. Paulo VI en su Carta Encíclica Ecclesiam Suam, recuerda que la Iglesia “está inmersa en la humanidad, forma parte de ella; de ella saca a sus miembros”. Y por eso “los espíritus de los hombres que a ella se confían están fuertemente influidos por el clima del mundo temporal” (ES 8). El Concilio Vaticano II dice que la Iglesia “sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros fieles al espíritu de Dios”, ni ignora “también la Iglesia que aún hoy día es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiado el Evangelio” (Gaudium et Spes 43, 6).
Por consiguiente, no es de admirar que por más perfecto que sea el sistema de la Legión, profunda en su espiritualidad y celosos sus dirigentes, haya Praesidia y legionarios que no realicen su ideal.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

b) No desanimarse
La comprobación de esa realidad nunca debe llegar al desánimo, pues sería:
Una actitud hipócrita, toda vez que todos tenemos nuestras miserias y pecados.
Una demostración de falta de fe, en el poder de la gracia que puede, cuando menos lo esperamos, transformar corazones.
Un camino a la pérdida del entusiasmo y hasta el abandono de la Legión.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

c) Paciencia y firmeza
Ante ese problema debemos tener al mismo tiempo, mucha paciencia y a la necesidad de permanecer firmes en el propósito de ayudar a los Praesidia y legionarios en crisis o apáticos, procurando evitar que el mal arrastre a los demás.
Comprensión con la debilidad no significa apoyar o conformarse con el mal.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

4.- Rezar el Padre Nuestro.

5.- Oración final.
Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de fe en ti y confianza en Ella, a las que se ha concedido la conquista del mundo. Concédenos una fe viva, que, animada por la caridad, nos habilite para hacer todas nuestras acciones por puro amor a Ti, y a verte y servirte en nuestro prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estemos tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida; una fe valerosa, que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilación, grandes empresas por tu gloria y por la salvación de las almas; una fe que sea la Columna de Fuego de nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos, que encienda en todas partes el fuego de tu amor, que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz, para que, terminada la lucha de la vida, nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna en el reino de tu amor y gloria. Amén.