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Reflexionando para Vivir
Mons. Mario Teixeira Gurgel, SDS
www.legiondemaria.org

 


1.- Invocación al Espíritu Santo
Ven Espíritu Santo (Tessera)

2.- Rezar el Ave María.

3.- Leer fragmento del Manual elegido y los tres puntos de reflexión sobre el mismo, pausadamente.

Obrando uno por sí mismo, es muy fácil cambiar de hora, y aun aplazar indefinidamente la visita semanal. El cansancio, las inclemencias del tiempo, el rechazo en cuanto a enfrentarse a una visita desagradable: todo se combina malamente cuando no existe el compromiso de visitar en compañía de otro. Resultado: las visitas se hacen sin orden ni concierto, y, por consiguiente, sin producir los frutos que eran de esperar; y, a la larga, se abandonan. (Manual Cap. 39.7 Pág. 343)

a) La importancia de la visita domiciliaria
La visita a los hogares no fue la primera empresa a que se lanzó la Legión.
Ha llegado a ser por tradición, su ocupación particular en todas partes y es por eso, que es la primera actividad en la que se ejercitan los nuevos legionarios cuando se funda un Praesidium.
Es tradicionalmente su obra favorita, que ordinariamente entre los católicos solo la Legión realiza transformándose en una característica de la Legión.
Es el camino a través del que ha podido hacer el mayor bien porque:
Podemos entrar en contacto con un mayor número de personas.
Conocemos a las personas en el ambiente en que viven y podemos evaluar con más objetividad su real situación religiosa y social.
Posibilitan un contacto cordial que ayuda a la transmisión del mensaje.
Dan ocasión a un trabajo coordinado en donde los problemas no solo son diagnosticados sino lenta y profundamente resueltos (Cf. Manual Cap. 37.2 Pág. 273).
Además, "El hecho de que el hogar es... el punto estratégico; merece nuestra máxima consideración. Ocupar el hogar es conquistar la sociedad" (Manual Cap. 32.3 Pág. 216). Escribe Juan Pablo II "En un momento histórico en que la familia es objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla, la Iglesia, consciente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculado al bien de la familia, siente de manera más viva y acuciante su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad, así como su promoción humana y cristiana, contribuyendo de este modo a la renovación de la sociedad y del mismo Pueblo de Dios" (Familiaris Consortio n.3).

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

b) Lo que puede anular esos beneficios
La visita domiciliaria supone el esfuerzo por crear un ambiente de respeto y fraternidad; y eso supone tiempo. No es con una visita esporádica y apresurada que se consiguen resultados satisfactorios. Es preciso que sea continua, pues de otra forma se tomara como una simple formalidad burocrática. Por eso faltar a una visita programada, olvidar la re-visita, desinteresarse por los problemas y preocupaciones expuestas, pueden hacer fracasar un trabajo que podría ser muy fructífero.
Eso no es tan irreal como podría pensarse, pues muchas veces, debido a varios factores como la previsión de una visita desagradable, condiciones de tiempo, otros azares, o falta de disposición, son una fuerte tentación para retardarla, posponerla o inclusive no hacerla.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

c) El remedio para ese peligro
La Legión determina en la visita "de dos en dos" el remedio. Si tuviésemos que visitar solos, todos esos motivos pesarían mucho en la decisión de huir de la visita. Si ya nos comprometimos con el compañero el día y la hora:
Nos sentimos valientes y venceremos más fácilmente el miedo natural.
Además, el compromiso asumido con el compañero, es para ambos un fuerte motivo para no faltar al encuentro programado.
De ahí la importancia de no dejar la reunión sin haber concretado con el compañero el día y la hora de la visita. Si estuviésemos tentados de faltar recordemos que estaríamos perjudicando a nuestro compañero que tal vez tenga el mismo temor que nosotros. Sobre todo es una infidelidad a María que nos espera.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

4.- Rezar el Padre Nuestro.

5.- Oración final.
Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de fe en ti y confianza en Ella, a las que se ha concedido la conquista del mundo. Concédenos una fe viva, que, animada por la caridad, nos habilite para hacer todas nuestras acciones por puro amor a Ti, y a verte y servirte en nuestro prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estemos tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida; una fe valerosa, que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilación, grandes empresas por tu gloria y por la salvación de las almas; una fe que sea la Columna de Fuego de nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos, que encienda en todas partes el fuego de tu amor, que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz, para que, terminada la lucha de la vida, nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna en el reino de tu amor y gloria. Amén.