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Reflexionando para Vivir
Mons. Mario Teixeira Gurgel, SDS
www.legiondemaria.org

 


1.- Invocación al Espíritu Santo
Ven Espíritu Santo (Tessera)

2.- Rezar el Ave María.

3.- Leer fragmento del Manual elegido y los tres puntos de reflexión sobre el mismo, pausadamente.

San Ignacio de Loyola la pondera así: "Aquellos que, por un generoso esfuerzo, se resuelven a obedecer, ganan grandes méritos, pues la obediencia entraña un sacrificio parecido al martirio". (Manual Cap. 29 Pág. 198-199)
Dice Tennyson: "Siendo, como es, la obediencia el alma de todo gobierno, desobedecer es asestarle un golpe fatal". (Manual Cap. 29 Pág. 198-199)

a) El ejemplo de Jesús y de María
San Pablo nos recuerda a Cristo "haciéndose obediente hasta la muerte" (Flp 2,8). Y que fruto de esa obediencia fue la salvación de la humanidad. "Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos" (Rom 5,19). Dios no quiso otros sacrificios. El único sacrificio que agradó a Dios fue su obediencia. “Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas... entonces dije: Aquí estoy yo, oh Dios... para hacer tu voluntad”. (Heb 10,5-7).
La obediencia al Padre fue el sentido de su vida: "Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado" (Jn 4,34). "Lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió" (Jn 5,30). "Yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado" (Jn 8,38).
La Constitución Lumen Gentium, citando a San Irineo, dice que María «obedeciendo, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano» (Lumen Gentium 56). Su "hágase en mí según tu palabra" fue el testimonio de su obediencia durante toda su vida de Nazaret al Calvario.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

b) La obediencia es el sacrificio más valioso
En otros sacrificios ofrecemos nuestras cosas o nuestros trabajos y aptitudes. En la obediencia ofrecemos nuestra voluntad, lo que significa nuestra propia persona. Por eso mismo, es también lo más difícil. Puede ser comparado con el martirio. Pues de cierta manera, por ella sacrificamos lo que nos es más valioso, hasta la propia vida.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

c) La desobediencia - causa de todo el mal
Fue por la desobediencia de nuestros primeros padres que el mal entro al mundo con todas las consecuencias que de allí vinieron. Por eso mismo, la desobediencia es asestarle un golpe fatal. Y en una organización, es el principio del fin.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

4.- Rezar el Padre Nuestro.

5.- Oración final.
Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de fe en ti y confianza en Ella, a las que se ha concedido la conquista del mundo. Concédenos una fe viva, que, animada por la caridad, nos habilite para hacer todas nuestras acciones por puro amor a Ti, y a verte y servirte en nuestro prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estemos tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida; una fe valerosa, que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilación, grandes empresas por tu gloria y por la salvación de las almas; una fe que sea la Columna de Fuego de nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos, que encienda en todas partes el fuego de tu amor, que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz, para que, terminada la lucha de la vida, nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna en el reino de tu amor y gloria. Amén.