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Reflexionando para Vivir
Mons. Mario Teixeira Gurgel, SDS
www.legiondemaria.org

 


1.- Invocación al Espíritu Santo
Ven Espíritu Santo (Tessera)

2.- Rezar el Ave María.

3.- Leer fragmento del Manual elegido y los tres puntos de reflexión sobre el mismo, pausadamente.

Bien se ha dicho que ése es el dogma central del cristianismo; pues toda la vida sobrenatural -todo el conjunto de gracias concedidas al hombre- es fruto de la redención. Y esta redención descansa sobre el hecho de que Cristo y su Iglesia no constituyen sino una sola Persona mística; de modo que las reparaciones de la Cabeza -los méritos infinitos de su Pasión- pertenecen también a sus miembros, los fieles. (Manual Cap. 9.1 Pág. 55-56)

El Cuerpo Místico es el dogma central del Cristianismo. Sin el, no se entiende ni a Cristo, ni a la Iglesia, ni al cristiano.

a) Sin el dogma del Cuerpo Místico no se entiende a Cristo.
Cristo no es solo el anunciador de una buena nueva o el modelo perfecto para todo hombre. Su prerrogativa única de Hombre-Dios lo hace el puente indispensable entre Dios y los hombres, el sentido único de la historia humana.
Por ser Hombre-Dios es la "cabeza del Cuerpo Místico y puede representar a toda la humanidad y por ella ofrecer el sacrificio redentor. Por ser verdadero hombre, representó a los hombres; por ser Dios, su sacrificio tiene un valor infinito.
Como está escrito en la Epístola a los Hebreos: “Cristo, por el contrario, ofreció por los pecados un único y definitivo sacrificio… Su única ofrenda lleva a la perfección definitiva a los que santifica” (Heb 10,12-14).

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

b) Sin el no se entiende a la Iglesia:
Para muchos, la Iglesia es vista apenas como una organización semejante a las otras sociedades humanas. Su unión con Cristo sería apenas la de un grupo con su líder: externa, sin ninguna comunicación de vida. El Evangelio de San Juan y San Pablo, nos da una visión muy diferente: se trata de una unión vital e indisoluble. Jesús lo afirma claramente: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto” (Jn 15,5). Y San Pablo: “Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo” (1Cor 12,27).

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

c) Sin el no se entiende al cristiano.
El cristiano no es solo alguien que se adhiere a Cristo, como el miembro de un partido político o de una corriente filosófica que se liga a su líder. Tal ligazón es enteramente externa y en nada modifica la naturaleza de quien la acepta. Con el cristiano, la cosa es mucho más profunda y vital. Por eso San Pablo escribe: “El que vive en Cristo es una nueva criatura” (2Cor 5,17) (Cf Gál 6,15) y explica que, por el bautismo, hay una identificación del cristiano con Cristo. De ahí afirmaciones como estas: “Para mí la vida es Cristo” (Flp 1,21); o “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gál 2,20). “Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria” (Col 3,4). Por esa realidad única, todo lo que es nuestro es de Cristo y todo lo que es de Cristo es nuestro, como lo afirmaba San Andrés de Creta: “Recibe al que, para asumirnos a nosotros en su persona (Cristo), se ha hecho en todo semejante a nosotros, menos en el pecado” (Oficio de Lectura, XXXIII martes del Tiempo Ordinario, De los sermones de san Andrés de Creta, obispo, Sermón 9, Sobre el domingo de Ramos).

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

4.- Rezar el Padre Nuestro.

5.- Oración final.
Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de fe en ti y confianza en Ella, a las que se ha concedido la conquista del mundo. Concédenos una fe viva, que, animada por la caridad, nos habilite para hacer todas nuestras acciones por puro amor a Ti, y a verte y servirte en nuestro prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estemos tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida; una fe valerosa, que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilación, grandes empresas por tu gloria y por la salvación de las almas; una fe que sea la Columna de Fuego de nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos, que encienda en todas partes el fuego de tu amor, que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz, para que, terminada la lucha de la vida, nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna en el reino de tu amor y gloria. Amén.