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Reflexionando para Vivir
Mons. Mario Teixeira Gurgel, SDS
www.legiondemaria.org

 


1.- Invocación al Espíritu Santo
Ven Espíritu Santo (Tessera)

2.- Rezar el Ave María.

3.- Leer fragmento del Manual elegido y los tres puntos de reflexión sobre el mismo, pausadamente.

El legionario debe valerse de todos los recursos que estén a su alcance para despertar en los hombres el conocimiento y amor al Santísimo Sacramento, y para destruir el pecado y la indiferencia que los tienen retraídos de Él. Cada comunión que se consiga es un beneficio inconmensurable; porque, alimentando a un miembro, se alimenta al Cuerpo místico todo entero, y le hace crecer en sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2,52). (Manual Cap. 8.4 Pág. 52)

a) Demostrar amor a la Eucaristía
Jesús afirma: "Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón" (Mt 6,21; Lc 12,34) y "La boca siempre habla de lo que está lleno el corazón" (Mt 12,34). Ahora, si la Eucaristía es nuestro más valioso tesoro, nuestro corazón se debe volver constantemente hacia ella. Si eso sucediese, instintivamente devolveremos hacia ella nuestros pensamientos y de ella hablaremos a todos les que encontramos. Pero eso será posible si nuestras palabras fuesen más que una simple formalidad. Es preciso que las personas noten que de hecho, hablamos de lo que esta lleno nuestro corazón.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

b) Encaminar a comuniones fervorosas
Procurando que aquellos con quienes tenemos contacto, eviten las comuniones puramente rutinarias, cosa muy frecuente en personas que comulgan solo para eximirse de una supuesta obligación. Es preciso ayudarlas a comprender la grandiosidad de la Misa y de la comunión; de la necesaria relación entre la participación en la Eucaristía y el cambio de vida personal, especialmente en la relación con los hermanos.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

c) Aprovechar las ocasiones
Para este trabajo en pro de una mayor y más fervorosa participación en la Eucaristía, muchas ocasiones se presentan. Recordamos aquí algunas: Invitar a la participación de la misa dominical con la comunidad inclusive en los días de semana, reclutamiento de "adjutores", atención a enfermos en cama, promoción de horas de adoración a Jesús Sacramentado y de frecuentes visitas al Santísimo.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

4.- Rezar el Padre Nuestro.

5.- Oración final.
Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de fe en ti y confianza en Ella, a las que se ha concedido la conquista del mundo. Concédenos una fe viva, que, animada por la caridad, nos habilite para hacer todas nuestras acciones por puro amor a Ti, y a verte y servirte en nuestro prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estemos tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida; una fe valerosa, que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilación, grandes empresas por tu gloria y por la salvación de las almas; una fe que sea la Columna de Fuego de nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos, que encienda en todas partes el fuego de tu amor, que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz, para que, terminada la lucha de la vida, nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna en el reino de tu amor y gloria. Amén.