Aguda Visión - El don de ser miembro -
Por el P. O'Floinn, anterior Director Espiritual del Concilium
www.legiondemaria.org

Desde el momento en que el nuevo miembro empieza su período de prueba, debería situar ante sí como objetivo panorámico el contenido de la Promesa Legionaria. Los miembros más sazonados, para los cuales los términos y el sentido de la Promesa han empezado a ser familiares, comprenden por qué una primera lectura de la Promesa produce un extraño e impresionante impacto en los católicos ordinarios. Ellos necesitarán de toda la ayuda que le pueden prestar desde el Manual, la Allocutio, hasta los oficiales y miembros del Praesidium para aclimatarse a la atmósfera más ratificada de la fe que es habitual para los legionarios.
No cabe duda de que en este sentido una gran ayuda para el legionario es tener una aguda y exacta visión de las verdades de nuestra fe. Incuestionablemente es una gran cosa ser un "Catecismo-Católico": conocer cada aspecto de la fe desde un punto de vista abstracto, anotándose que esto sería una gran felicidad para la Iglesia de muchos países. Pero sabe la Iglesia, según Nuestro Señor lo afirmó, que no es necesario "saber" estas cosas: lo que interesa efectivamente es "cumplirlas". Y la Legión insiste en que el católico vea esas grandes verdades, como cosas que tienen que "ser vividas".

El "Católico-Catequista" sabe que la Palabra se encarna en la Virgen María y llega a nosotros por medio de ella. La Legión trata de que sigamos siempre nuestro camino junto con Jesús y María; que veamos a Jesús en cada uno de nuestros encuentros; que gocemos con María en servir a Jesús en sus miembros.

Por cierto, todo esto no es nuevo, pero su impacto en lo católico ordinario es tremendo porque añade una nueva dimensión, a su antigua visión y aprende a mirar con nueva luz Belén, el Calvario y Pentecostés.

Nunca debemos subestimar la capacidad del católico ordinario para adquirir esta visión de la fe. La Legión toma sus palabras del Señor y sabe que su Espíritu nos las infundirá en nosotros, y no puede dejar de lado ni aún las más pequeñas de las expresiones o de las criaturas de Cristo.

Y el inevitable resultado de esta visión agudizada es el sentimiento de una mayor obligación apostólica. Como San Pedro y San Juan dijeron: "Nosotros no podemos, mas hablamos de las cosas que hemos visto y oído" (Hechos IV, 20).