Lemas de Vida de Edel Mary Quinn
Edición completada

ÍNDICE

Introducción 
Dios
 
Eucaristía 
María
 
Sufrimiento
 
Apostolado 


INTRODUCCIÓN

Edel Mary Quinn es para los legionarios de María todo un símbolo. Nadie lo duda. Y porque es un símbolo, ejerce sobro nosotros una fuerza de simpatía activa de atracción y de imitación. Este mismo pequeño folleto está animado por su figura, y de un modo único.

Si, único la palabra es como la encarnación de la persona. Y este librito es, todo él, palabras de la hermana Edel, solo palabras suyas. Leyendo la biografía del Cardenal Suenens: EDEL MARY QUINN -- Una heroína del apostolado, vi que, aquí y allá, esa obra estaba salpicada de frases de la protagonista Y pensé que recopiladas podía ser interesante; y el imprimirías como un cuadernillo de bolsillo, una cosa provechosa y practica para todo legionario de Maria, y para otros mas. Son sus "lemas de vida", y pueden ser lemas de vida nuestros, porque encierran sentenciosamente el ideal apostólico que también nosotros queremos encarnar y vivir Es cierto que ella escribió más frases que éstas, pero éstas son las que tengo a mi alcance hoy.

Me puse a recopiladas, a dividirlas por temas, a ordenarlas en alguna forma dentro de cada
materia, y me salieron cien. Cien "lemas de vida" de Edel Quinn. Lo diré todo: me salieron ciento uno. Mas, por dejados en ese bonito número redondo, saqué de la lista uno; éste que me pareció, por místico, menos propio de un apóstol seglar común: "La esposa no tiene otras delicias que las de estar unida a su querido Esposo: hacer suyos los deseos de El"

Y sin embargo, en esa frase respira la mejor Edel. Ella quiso ser contemplativa -clarisa en Belfast-, mas su tuberculosis se lo impidió, y se lanzó a una nueva vida maravillosamente apostólica. En el fondo de su ser, la nostalgia contemplativa la acompañó siempre, y, en su actividad prodigiosa, Edel siguió siendo una enamorada del Señor, consagrada a El con María, la más perfecta de las consagradas. Le podíamos aplicar lo que atribuye a San Francisco de Asís un autor de su época: "Mí celda es mi corazón, y el mundo entero es mi claustro."

El Espíritu del Señor -con nuestra Señora, la Virgen Madre- haga fecunda esta diminuta semilla.

Daniel Elcid, ofm.

DIOS

1 Desear, frecuentemente y con amor, a nuestro Señor.

2 Por mediación de María ofrecerse a la Trinidad en acción de gracias, en espíritu de amor y adoración.

3 Alegrarnos de podernos dar más y más en todas las cosas a Él, por Ella.

4 Suplicar la gracia de hacer realidad de continuo en nosotros la vida divina, nuestra unión con Dios.

5 Cuando se piensa en Jesús niño al cuidado de su Madre, se siente imperiosamente que es necesario arrodillarse, adorar al Verbo hecho carne, reverenciar a Dios en su inaudita humillación. ¿Podremos sondear jamás las profundidades incomprensibles del amor de Dios? ¿Qué podríamos negar a este amor? Frente a la suya, toda humillación será poca.

6 Si queremos llenarnos más de la vida de Dios, no podremos conseguirlo -aparte de por los sacramentos- más que por la oración. Unámonos a El por la fe y la plegaria, pasando largos ratos arrodillados mañana y tarde, además de la visita al Santo Sacramento. Pongamos cuanto podamos de nuestra parte para obtener su gracia: el Espíritu Santo y la Virgen Santísima nos ayudarán.

7 ¡Es tan difícil conocer la voluntad de Dios, y es tan corta la vida para permitirse errores!

8 No sabemos qué desear para nosotros mismos, pero el Paráclito nos lo enseñara.

9 Adoptar la postura de un niño con María y con Dios Padre. Intentar realizar lo que implica esta actitud: depender de Ellos en todo momento y no ir nunca demasiado lejos sin nuestra Madre. Estar, como El, bajo su guarda, instruidos en todo por Ella.

10 María, en mí, amará a su Hito.

11 Imitar a María adorando silenciosamente al Verbo hecho carne en su seno.

12 Adorar al Verbo en nuestras almas.

13 En El adoramos a la Trinidad. Sanctus, Sanctus, Sanctus! Intentar adorar a la Trinidad en el alma, incluso durante los trabajos y obligaciones.

14 Estar simplemente con Él, en unión con María. Amarlo en mi alma durante el viaje, uniendo mis acciones a las acciones parecidas que Él realizo.

15 Si nuestro Señor, haciendo la voluntad de su Padre, pasó treinta años en la obediencia y dependencia de su Madre, ¿qué mejor ejemplo podemos tener? Unirnos a El, pedir a María que nos enseñe cómo amar con perfección y cumplir diariamente en todo la voluntad divina. Como el Padre me ha amado, vosotros permaneced en mi amor. Yo soy la Vid. Ayudado por María, adorar con El a la Trinidad.

16 Todo es de El, por María.

17 Cuanto El permite esta bien. En todas las cosas sabe Dios lo que hace. Hágase su voluntad!

18 No me gusta guiarme por mí misma.

19 La vida espiritual es una lucha constante por subir, en la que no hay tregua posible.

20 Caridad para sí mismo: probar este amor por la fidelidad a la oración.

21 Meditación matinal diaria. Sí tengo tuerza, hasta una hora.

22 En lo espiritual, haz lo que deseas cuando las cosas te vayan bien; pero no te consideres atado cuando el trabajo te aplaste o no te sientas tan bien. Lo más importante es la meditación; sí no puedes hacer otra cosa, medita cuando puedas, aunque sólo sea un rato. No creas que yo practico todo cuanto predico; hay días que lo dejo todo de lado. ¡No soy lo que crees! Todo se reduce a volver a empezar. Lo importante creo yo es no acobardarse, pues eso empeora nuestro desfallecimiento y nuestra negligencia. Estemos siempre dispuestos a volver a empezar; es el único modo seguro de perseverar. A veces cuesta continuar la lucha: todo parece enfrentársenos. ¡Es tan duro esforzarse en el recogimiento, hasta cuando se tiene tiempo!...
Entonces no nos queda más que rezar, para recibir la gracia de perseverar a pesar nuestro.

23 Hacer examen todos los días, para ver hasta dónde se ha consagrado la jornada a Jesús y al Padre.

EUCARISTÍA

24 Asistiría a Misa durante todo el día. Siento en mi un enorme vacío el día en que me faltan la Misa y la Comunión.

25 María ama a Jesús en mí. Lo acaricia, y derrama su compasión sobre todas sus heridas. Pero, sobre todo, le agradece la Eucaristía y le da gracias al Padre por este don. ¡Que solitaria seria la vida sin la Eucaristía!

26 La Misa unirme por las manos de María a Cristo víctima, a la gloria de la Trinidad, en acción de gracias por todo y en nombre de las almas. Tener siempre en la Misa la intención especial de ofrecerla en nombre de los que no pueden asistir a ella, a causa de la enfermedad, de la distancia, del trabajo o de la guerra. Poner esa intención en manos de María.

27 La debilidad no debe estorbarnos. Es nuestra parte en sus sufrimientos. ¡Qué alegría, poder sufrir un poco por El! Si tenemos fe, cada mañana, en la Misa, el Pan de vida fortalecerá el cuerpo tanto como el alma. ¡Si pudiésemos tocar siquiera la orla de su túnica!... ¡En realidad, poseemos de El mucho más!

28 Lo tenemos a nuestra disposición en todo momento sobre el altar. Vayamos allí a reunirnos con El. ¡Mejor que en todos los libros!

29 Agradecer infatigablemente a la Trinidad este don de la Eucaristía.

30 Ante el Sagrario, descansar en su presencia, y mi ángel de la guarda lo adorará por mí. Silencio.

31 Queremos estar unidos a El, darnos a El por completo. Nuestra fe nos dice que El está en la Eucaristía; vayamos a buscarlo allí. Si supiéramos dónde encontrarlo en la tierra, haríamos cuanto pudiésemos por llegar hasta El.

32 Los discípulos le preguntaron: Maestro, ¿dónde vives? Y se quedaron con El el día entero. Yo tengo el mismo privilegio.

33 En la aridez, quedarnos sencillamente con El; María le amará y le adorará. Nos conviene estar allí aunque se distraiga la atención. Como un niño con nuestra Madre, nuestra presencia ya dice a Jesús que lo amamos, incluso estando mudos, o demasiado apegados a lo terreno para conducirnos convenientemente en su presencia.

34 Permanecer en la capilla, por lo menos, diez o quince minutos antes de la Misa.

35 Acompañar a nuestro Señor en el Santo Sacramento.

36 ¡Que pálido es nuestro amor por Cristo! ¡Qué poco dispuestos estamos a obrar y a sacrificarnos por El, hasta en las pequeñeces que exigen un mínimo esfuerzo! Intentar vencer esto por la práctica de pequeños sacrificios. ¡Qué pocos son los corazones que le dan plena cabida! ¡El desea expandirse entre las almas, y éstas no quieren! Hasta sus sacerdotes tienen otros intereses. Son raros los que le pertenecen por entero. ¿No podríamos tender a vaciar completamente nuestros corazones para que El pudiera llenarlos íntegramente, vertiendo en ellos su amor, su misericordioso amor? Vivamos con el pensamiento en Cristo, instruidos por María, trabajando para el Padre, y conducidos por el Espíritu del Amor. Suprimir lo demás.
¡Qué difícil es suprimirlo todo! Pero, ¿qué menos podemos darle a El? Realmente, ¡es tan poco como reparación y gratitud! Estoy casi asustada por esta felicidad y esta dulzura de estar con nuestro Señor. Ahora, alégrate de que el Esposo esté ahí.

MARIA

37 Nuestra Señora, morada de la Trinidad.

38 El Inmaculado Corazón de María es el símbolo del amor de Dios.

39 María, nuestra Madre este título es más significativo que el de nuestra Señora. Suplicar la gracia de apreciar que María es nuestra Madre.

40 María es Madre de la vida de nuestras almas. Volverse hacia Ella en todas las circunstancias para aprender a amar a Jesús, a servir al Padre, a adoptar una actitud de niño pequeño. Confianza total, sin ninguna duda y con una amorosa ternura manifestada hasta en los detalles más insignificantes.

41 Nadie mejor que nuestra Señora, a quien pertenecemos, sabe lo que nos conviene. Pedirle que la voluntad de Dios se cumpla en nosotros. Almas pecadoras, almas queridas que no se hallan en estado de gracia, almas de legionarios que sirvieron a María y se descarriaron. Roguemos a María en favor suyo para que interceda cerca de su Hijo. Seguramente su voluntad es que vuelvan: por tanto, el abogar por ellas no es una falta de sumisión a la voluntad de Dios, sino un deber.
Pedid, y se os dará...
María, nuestra Madre, no puede ser rechazada.

42 Con respecto a María, adoptar la actitud de un niño hacía su madre. ¡Confianza total!

43 Puesto que Dios nos dio a su Hijo por Ella, ir a El por Ella.

44 Como Jesús, con El, amar a María.

45 Acordémonos frecuentemente de las palabras de Cristo: "Hijo, he ahí a tu madre". Como lo sugiere el Manual, roguemos para que la eficacia total puesta por Cristo en estas palabras se desarrolle plenamente en nosotros.

46 Hacer que María nos ame, porque somos la herencia de Cristo.

47 Dejemos a nuestra Señora hacer su obra.

48 La Virgen Santísima quiere continuar dando a Jesús al mundo. No es cristiano quien no va hacia su hermano para darle también a Jesucristo.

49 Con María, ser un canal de gracias para cada alma. María a través de mí.

50 Renunciemos a nuestras miras humanas para adoptar el punto de vista de María, a fin de dejarnos conducir en todas las cosas por su espíritu. Adoptemos su modo de ver, sus pensamientos, en todo. No dejemos que se insinúen en nosotros nuestras inclinaciones naturales.

51 Cuando cometa errores, pedir a María que arregle las cosas. Bien sabe Ella qué estúpida soy y lo poco que puedo; pero Ella es mi Madre, y sabrá restablecer el equilibrio y la armonía. Se notan su ayuda y su intervención.

52 ¿Por qué no confiarnos a la Virgen Santísima?

53 Damos a María nuestros actos, que tienen valor espiritual, y Ella los acepta y se sirve de ellos para modelar en nosotros a Cristo.

54 Démonos a Ella por completo para pertenecer por entero a Cristo, para ser incesantemente asumidos por El.

55 Ser de Ella, para ser más de El.

56 No creo haber negado jamás nada a la Santísima Virgen, fuese lo que fuese, desde el momento en que me pareciera saber cuál era su deseo.

SUFRIMIENTO

57 La ofrenda mas preciosa de nuestra Madre a sus hijos: la Cruz

58 Ofrezcamos al Padre Eterno nuestros sufrimientos en pago de nuestros pecados. ¡Cuanta confianza podemos tener, a pesar de nuestras faltas pasadas!

59 Es necesario que nos demos cuenta de que todo cuanto contraría nuestros planes y preferencias constituye la gracia y permisión de la voluntad de Dios sobre nosotros: son "persecuciones" de su amor. Es necesario abrazarlas fuertemente y sacar de ellas el mayor provecho posible, despreciando el pequeño precio que nos cuestan. Su voluntad aventaja a la nuestra. Aceptemos esos sacrificios de buena gana, con ayuda de nuestra Madre. Solo tenemos esta vida para probar nuestro amor, y quizá sólo una breve parte de ella. Si viésemos las cosas tal como son, ¡cuánto nos alegraríamos de nuestra debilidad física y de cada desfallecimiento!... Es nuestra ligera participación en los sufrimientos y en las gracias de Cristo.

60 Alegrarse de imitar al Señor en la aceptación de los sufrimientos: falta de salud, dificultades cotidianas..., he ahí sus dones para los elegidos.

61 Cristo se santificó a sí mismo para nosotros. ¡Qué ricos somos! Todos sus grandes padecimientos son para reparación de nuestros pecados y para merecernos la gracia.

62 Por su gracia y los méritos de sus sufrimientos, hagamos el firme propósito de no recaer en el pecado.

63 Oremos para alcanzar la gracia de aceptar la cruz jubilosamente, a Semejanza de Cristo.

64 He comprobado lo que significa este hecho: "Cristo se ha dado a sí mismo". Se ha entregado completamente en manos de los demás, dejándoles hacer su voluntad sobre El. Esta es su inmensa sumisión: su silencio al ser cubierto de insultos y salivazos. ¡Y El es Dios! Esta es la razón de que los santos aprecien tanto los malos tratos, pues los consideran bien merecidos.

65 Cuando unimos nuestros padecimientos a los de Jesús y los ofrecemos para su gloria, los padecimientos se vuelven dulces y nos hacen subir hasta El, convirtiéndose en fuente de felicidad para nosotros.

66 Quien ha pecado debería alegrarse cuando se vea apartado y tratado como se merece. Si los demás nos conocieran verdaderamente tal y como somos, ¡cuánto se sorprenderían, y cómo cambiaría su actitud para con nosotros!

67 Los sufrimientos son preciosos.

68 Sufrir por amor de nuestro Señor es mí mayor alegría.

APOSTOLADO

69 Un idealista que no intenta poner en práctica su ideal, no vale mucho.

70 Tratemos de darnos totalmente, sin pensar en el esfuerzo, para gastarnos en el servicio de Cristo.

71 ¡Qué confianza tan ilimitada deberíamos tener en el amor de Dios! Nunca podremos amarle demasiado; démonos a El totalmente, sin preguntar por el premio; Dios responderá fielmente a nuestra fe. Hagamos por El lo que podamos y confiemos en El, que nos dará cada día fuerzas para cumplir el trabajo que nos ha encomendado.

72 Revistámonos de Cristo. Pidamos a María Mediadora que vierta su vida divina en nuestras almas, para que sea El quien viva y no nosotros. Pidamos a diario a María que nos dé fuerzas para cumplir la obra de su Hijo y la suya.

73 Caridad. Un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros como Yo os he amado. El aspecto práctico de esto: "Miradme y servidme en vuestro prójimo"; estar dispuestos al servicio de los legionarios, a contestar las cartas, los informes, etc.

74 No dejarme dominar por la fatiga, ni dejar entrever a los demás mí cansancio. Paciencia en todas las cosas, en particular con las pequeñeces.

75 No atormentarse por las acciones ajenas. Estas no nos incumben y no hay que perder la paz por ellas. Amaremos a nuestro prójimo sí en cada uno vemos a Cristo. ¿Cómo, pues, criticar y murmurar? "Noli judicare": silencio. Obrar como lo haría María.

76 Es justo lo que puede esperarse cuando se trabaja por la Virgen Santísima. No hay por qué inquietarse nunca.

77 Recordad siempre que sois legionarios de la Virgen Santísima. Estad orgullosos de ello. Es un privilegio ser admitidos para trabajar por nuestra Reina y su Hijo, y debemos procurar dar lo mejor de nosotros, pues no puede darse menos en semejante servicio.

78 En cuanto a mí, la Legión está ante todo.

79 La Legión de María es una de las fuentes de fuerza más poderosa para la reconstrucción de la sociedad.

80 María nos llama. ¡Qué honor! Nos ofrece su instrumento, la Legión. ¿Vamos a negarle nuestra indispensable ayuda?

81 Fundemos la Legión. Lo demás vendrá después. La Virgen Santísima hará que se comprenda lo que Ella desea.

82 La Legión será la solución de vuestros problemas.

83 Hacer cuanto se pueda al servicio de la Legión. Evitar hacer las cosas a medias.

84 Mi vocación es legionaria: enviada y pretoriano. Consagrada a trabajar para el Padre, por el Espíritu Santo de Jesús, y con María.

85 Hacer la prueba de vivir al máximo: esta es mi obligación de enviada y pretoriano. Dejar el resto a los demás.

86 Roguemos a María que pida para nosotros estas gracias: esperar grandes cosas, y un amor abrasador. Es el Espíritu Santo quien inspira estos deseos.

87 Prometí ir, y un legionario no debe faltar a una reunión por nada del mundo.

88 Repito incansablemente que la Legión es para todo el mundo, y que, limitándose a reclutar a personas que ya pertenecen a otros grupos, se corre el riesgo de cerrar las puertas a los demás.

89 Por encima de todo, ser muy fieles en el rezo diario de la Catena. Que todo legionario sacerdote, religioso, miembro activo o auxiliar recite a diario esta oración. La palabra Catena significa cadena, y cada legionario es un eslabón de la misma, que aprisiona hoy al mundo. No seáis ninguno de vosotros quien por negligencia rompa esta unión de plegarias.

90 Portarnos con nuestro prójimo como Jesús y María lo hicieron, recordando que son templo de Dios, y que no podemos conocer los motivos de sus actos. Adoptar el punto de vista de María, su paciencia, su amor comprensivo que se complace en el más pequeño esfuerzo, por imperfecto que sea. Recordar nuestras propias flaquezas.

91 Cuando este tentada de criticar a los demás por su falta de interés por la Legión, considerar que esfuerzos he hecho o podría hacer con vistas a ayudarles a cambiar.
Pedir a María que por mi intercesión les haga todo el bien posible. Rectificar mis errores Silenciar los pensamientos cuando este tentada de criticar a los demás.

92 Cuando se trata de las gracias en favor del prójimo. ¡con que confianza podemos orar! Especialmente por la gracia de su conversión. Hoy he pedido a Maria que vierta sus gracias sobre la Legión, para arrepentimiento de quienes la han abandonado y para santificar e iluminar a todos sus miembros.

93 No solo tenemos el deber de trabajar, sino también el de rogar y santificarnos en favor de los que son el objeto de nuestros cuidados. Que María conceda hoy un nuevo fervor a los que desfallecen, santifique a los que han sido buenos conmigo en nombre suyo, y haga que hasta mis errores y fracasos sirvan al bien.

94 Cuanto más duro es el combate, más se aprecia la victoria.

95 Hay que prepararse para las dificultades que surgen en el camino. Aun para una persona corriente, tener buen temple ante las preocupaciones cotidianas supone una lucha constante. Es, pues, natural que un alma particularmente capaz y dotada encuentre dificultades y pruebas que desconocen las almas mediocres.
Los santos más grandes fueron siempre los más probados.

96 Trabajar cuando a veces preferiríamos estar con El.
Sólo cuenta su voluntad.
Si hay momentos en que nuestro deber sea trabajar, gozarse de cumplir su voluntad.
Obedecer la voluntad de Dios sobre mí.
Últimos lazos que romper: el pertenecerse a sí mismo, el poder sobre los propios actos, la libertad de decidir. Gozarse de que Dios te lo pide por medio de sus representantes. Nada nos pertenece.

97 Trabajar al día todo el día.
Los santos no han desaprovechado nunca el tiempo.
Vivir el día al día.
La vida es una sucesión de días. ¿Por qué perder un momento en ruta durante la jornada?
La eternidad se construye con los instantes del tiempo. No despilfarrarlos jamás. Si por Maria se ha dado todo a Jesús, no se tiene derecho a perder el tiempo.

98 Lo que importa es la voluntad, la voluntad, la voluntad.
Nosotros esforcémonos: Jesús y María nos ayudarán a alcanzar la meta.

99 Mantenerse igualmente fiel cuando todo se vea negro

100 Imposible para nosotros, posible para El. Tomémosle la palabra.

ORACIÓN

Padre Eterno, te doy gracias por el don que concediste a tu sierva, Edel Quinn, de esforzarse por vivir siempre en el gozo de tu presencia, por la radiante caridad infundida en su corazón por el Espíritu Santo, y por la fortaleza que sacó del Pan de vida para trabajar hasta la muerte por la gloria de tu nombre, en dependencia amorosa de María, Madre de la Iglesia.

Confiando, Padre Misericordioso, en que su vida te fue agradable, te pido me concedas por su intercesión el favor especial que ahora te imploro..., y des a conocer con milagros la gloria que ella goza en el cielo, para que también sea glorificada por la Iglesia en la tierra. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Los favores atribuidos a la intercesión de Edel Quinn deben ser comunicados a: concilium@legionofmary.ie