La mujer que irradió a María
Por María Luisa Belmonte, C.S.H.M.
www.legiondemaria.org
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Edel nació el día de la Exaltación de la Santa Cruz de 1.907, en el Condado de Cork (Irlanda). Desde pequeña mostró una gran sensibilidad religiosa y estupenda integridad, que nos revelan algunos rasgos de su carácter. Soportaba en silencio todos los disgustos personales con una serenidad que hacía pensar a muchos que no tenía preocupaciones. 

Sólo lo mejor le satisfacía. Ebria de plenitud y alegría, desde niña le gustaba nadar, jugar al tenis, tocar el piano, aplicarse a realizar con perfección su deber... En su adolescencia, todos los días, sin que importara el tiempo, iba a nadar antes de asistir a la primera Misa. El alimento que daba fuerzas a Edel era la Eucaristía. La vivía llena de fe y alegría, reviviendo el Misterio del Calvario en el que permanece junto a María, al pie de la Cruz. Auna amiga suya escribía en una carta: "Asistiría a Misa todo el día".Su truco para alcanzar la santidad era la imitación de Cristo, que se abandona a sí mismo y se somete a la voluntad de su Padre muriendo en la Cruz. 

Muy pronto,descubrió que tenía vocación de clarisay deseaba que llegase el momento de poder entregarse del todo a Dios. Estaba tan convencida que afirmaba:"La llamada a la vida religiosa es una gracia de Dios y quien la recibe no puede engañarse. Negarse sería obrar contra la propia conciencia y rechazar la gracia". Decía también: "Sólo se ha debido a su Misericordioso Amor el haberme elegido para servirle en la vida religiosa". 

Vivía en un continuo esfuerzo por el abandono de sí misma, pues comprendía que Dios colma las almas vacías de sí, y lo esperaba todo de Él. Un día conoció la existencia y el trabajo de la Legión de María y asistió a una reunión. El ambiente que encontró allí, donde oración y acción se compaginaban, le cautivó por completo. Edel armonizó sin dificultad su nueva vocación a la Legión con la antigua de clarisa; ella piensa que una le conducirá a la otra. La Legión se le aparecía como una oportunidad de servir y amar a Cristo en las almas mientras esperaba el momento de consagrarse a Dios totalmente en las clarisas de Belfast. 

En 1.932, Edel cayó repentinamente enferma de tuberculosis. Esto destrozó su alma pero se sometió sonriente a la voluntad de Dios. Sabía que la clave de la santidad está en el abandono a la Divina Providencia ysupo renunciar al convento, ¡su sueño!.

Vio su enfermedad como un regalo de Nuestra Madre.Decía así: "La ofrenda más preciosa de Nuestra Madre a sus hijos: la Cruz. Roguemos para aceptarla jubilosamente y a gusto, a semejanza de Cristo". 

Con alma alegre, confió su porvenir a Nuestra Madre. Su vocación de clarisa había quedado destruida por la enfermedad y no sabía cuál era la voluntad de Dios, no sabía cómo entregar a Dios su vida. Surgió entonces la posibilidad de enviar de misiones a África a un representante de la Legión. Edel pidió con tanta insistencia ir allí, que vieron en ello la voluntad del Señor y la enviaron. Se marchó a evangelizar a los africanos. 

En África, Edel demostró su valentía y fuerza de voluntad. Su tarea consistió en dar a conocer al Señor y a Nuestra Madre.
Cuando habla del apostolado dice: "La Virgen Santísima quiere continuar dando a Jesús al mundo. No es cristiano quien no va hacia su hermano para darle también a Cristo. María nos llama. ¡Qué honor!". Y con una inmensa confianza puesta en María, fundó cientos de "praesidia" (centros de apostolado de la Legión de María) en aquel continente. 

Al poco tiempo de estar en África enfermó, pero pronto se recuperó. A partir de entonces, las recaídas fueron muy frecuentes, pero, según iba disminuyendo su salud, iba aumentando su amor a Dios."Qué confianza tan ilimitada debíamos tener en el amor de Dios. La debilidad que nos deja no debe estorbarnos, es nuestra parte en sus sufrimientos. Si tenemos fe cada día en la Misa, el Pan de vida fortalecerá tanto el cuerpo como el alma". Y en otra ocasión dirá: "¡Si se vieran las cosas como son, cómo nos alegraríamos de nuestra debilidad física y de cada desfallecimiento...! Es nuestra ligera participación en los sufrimientos y en las gracias de Cristo". 

Tras muchas recaídas leves, volvió a caer gravemente enferma. Estaba ya muy cerca de marchar junto al Señor. Los dolores eran muy fuertes y de vez en cuando se le escapaba un gemido, pero, rápidamente, pedía perdón por haber molestado. De repente dijo: "¡Jesús viene!".La religiosa que la estaba cuidando le dio un crucifijo. Su vida había sido comunión con el Crucificado. La Cruz había sido su vida, su gozo y su esperanza. Besó una y otra vez el crucifijo y murmuró con voz casi imperceptible: "¡Jesús, Jesús!".Inclinó la cabeza y por última vez dijo: "¡Jesús!". Era el 12 de Mayo de 1.944. 

Este fue su adiós al mundo. Ahora, Edel Mary Quinn está ya en brazos del Señor que le ha dicho:"Ven, bendita de mi Padre y toma posesión del Reino que te he preparado".