Orígenes de la Legión de María en el Perú
La tierra de los soles
(PERÚ)
21 de agosto de 1952 al 23 de julio de 1953.
28 de noviembre de 1953 al 29 de enero de 1954.
(Tomado del capítulo VI de la obra "On an errand of love" escrita en ingles por Joaquina Lucas)
www.legiondemaria.org

Joaquina Lucas, Maria Diepen, Alfonso Lambe y Mary Clerkin (Enviados)
 

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PRIMERA PARTE
EL VIEJO VIRREINATO ESPAÑOL


Entre los primeros proverbios que aprendí en mi niñez bajo la atmósfera hispana a nuestra vida familiar, había uno que decía: "Vale más que un Perú". ¿Qué impresión se formaba en mi tierna imaginación de ese proverbio, no lo puedo decir. Pensaría yo, entonces que "Perú" era así como una especie de pavo o de una preciosa joya? No sabría decirlo hoy.

La verdad, ante la historia, es que el Perú era una gran nación. Bajo los Incas y sus predecesores. La civilización del Perú era altamente desenvuelta. Aún hoy, los restos de esa gloriosa civilización se admira, especialmente en Cuzco, un centro de turistas. Los monumentos de Machupicchu son una gran prueba de la superioridad arquitectural de aquella raza; sus edificios estaban hechos de piedras adjuntadas sin el uso de cemento. Y sin embargo, toda la estructura hecha con tanta solidez y perfección que ninguna fuerza humana ha podido, hasta ahora, destruirla.

Conquistado por españoles durante 1533-34 como Virreinato de España, Perú se convirtió en 1544, en el centro de Gobierno de toda la América del Sur. Los peruanos tras la revolución declararon su independencia en 1821; y en 1824, España fue finalmente derrotada.

Lima es la capital del Perú y la ciudad principal comercial; el Callao, su puerto principal; Arequipa es la ciudad catedralicia de gran riqueza, Cuzco el centro de un rico distrito agricultural.

Los peruanos hablan el mejor castellano en toda América del Sur. Los extranjeros no se establecieron en su mayoría allí, y así, no se corrompió el original castellano. Sin embargo, tiene una población grande de negros. La presencia de tantos negros se ha debido quizá a los mismos conquistadores españoles. Los colonizadores hispanos han debido de traer estos negros del África, como esclavos. Una cosa admirable en toda Sudamérica es el hecho de que no existe allí ninguna discriminación racial. Insulten a un peruano y no les contestará llamándole "negro" en cambio, los llamara "cholo" que quiere decir la despreciada raza india.

En el apogeo de su gloria, Perú no ha sido solamente grande en concepto material sino espiritualmente también. Se enorgullece de tener muchos santos canonizados: Santa Rosa de Lima, la primera santa canonizada en el Nuevo Mundo, San Martín de Porres, el santo negro recientemente canonizado Santo Toribio de Mogrovejo y otros más.

Llegué a Lima para asistir a la novena en honor de Santa Rosa de Lima. Fui invitada a ver el cráneo de la Santa que, me dijeron estaba expuesto a la veneración pública en la iglesia dominicana pero temerosa de que tuviera yo miedo al verlo, rehusé ir. Pero todo el mundo dice qué hay algo en ese cráneo que hace desaparecer toda mala impresión, sin embargo, me negué a ir. Era emocionante ver las reliquias de Santa Rosa. Vi la casa donde la santa nació, el pozo, al fondo del cual tiró ella la llave de su joyero, la imagen que hablaba con ella. Santa Rosa fue canonizada en 1671. Su fiesta se celebra el 30 de agosto.

En Perú, por cada diez mujeres, una tal vez se llama Rosa.


EL ANTIGUO PRECURSOR

El P. Maryknoll William McDonald aún se mantenía decidido como siempre en sus sueños monumentales sobre la Legión. La revelación de Frank Duff sobre esto dice: "El P. McDonald confiesa que está muy preocupado del problema de establecer la Legión por todo el Continente de América del Sur en nuestros días. Esto debe realizarse. Sin embargo, es difícil ver cómo una tarea tan grande se podrá realizar con prontitud. Pero el plan está definido para nosotros debemos trabajar con toda el alma, bajo la convicción de que, si trabajamos con tenaz empeño, conseguiremos milagros".

Según toda apariencia, las numerosas oportunidades legionarias, cual nubes cargadas de deseos de llover sobre el terreno secano del Perú sin Legión, ya no podían contener su inquietud. Fue el P. McDonald quien entonces me entregó las cuatro páginas escritas a simple espacio, conteniendo un alentador informe de los trabajos que él ya había realizado en Perú. La lista del contenido es muy larga para ser transcrita en su totalidad, pero, algunas partes, revelan claramente la cooperación infatigable y sentido práctico del Padre. Las siguientes porciones de su bendito esfuerzo lo revelan estas líneas:
"Lima.- El Cardenal... -Yo le vi el lunes 5 de mayo 1952. Le expliqué la Legión y le dejé una copia de "Las Victorias de la Legión".* (folleto de propaganda) Él estaba preparando para salir al Congreso de Barcelona. Me encargó que te dijera que te vieras con él personalmente. También me pidió un sumario de los sacerdotes que yo había entrevistado allí. No pude hacer esto, pero tú misma, podrás hacer el sumario referido de la siguiente lista aquí adjuntada por si él te lo pide. Es fácil tener una audiencia con el Cardenal. Haz arreglos para dicha entrevista en la oficina situada en el segundo piso del Arzobispado, al lado de la Catedral. Yo pude conseguir la audiencia aquella misma mañana que la solicité. Tuve que esperar solamente 45 minutos. Posiblemente la Srta. Rosario Araoz podrá ser de alguna ayuda para ti. Sin embargo, no dependas mucho de otros, porque perderás mucho tiempo. Aún te acordarás cuánto esperaste aquella vez para la audiencia con el Cardenal de Chile. Asegúrate de obtener del mismo Cardenal un permiso presentándote a ti y recomendando la Legión".

"Barranco.- El año pasado visité a este Párroco, el P. Zaplana y me pareció interesado en la Legión. No le vi este año aquí, porque se hallaba en Europa. Es un sacerdote muy activo, según creo. Le di dos ejemplares del manual".

El informe entero era de este estilo parroquia por parroquia, calculados como reclutas potenciales para la Legión. De la arquidiócesis de Lima tenía recomendaciones para: la Recoleta, Barranco, Chorrillos, San Antonio, Miraflores, San Isidro, Orrantia, Franciscanos canadienses (que estaban encargados de la misión japonesa en Lima), Mercedarias, el Superior de los Vicentinos, los PP. Redentoristas (no parroquia), Callao, Seminario de Sto. Toribio y las Hnas. de San José de Clunny.

Aparte de Lima, él había hecho trabajos comunicándose con alguna diócesis tales como las de Piura, Iquitos, Yurimaguas, Trujillo, Cajamarca, Huancavelica, Huancayo, Arequipa, Puno, Tacna y Prelatura Nullius de Moyobamba.

No había duda de que la hora del PERU se acercaba momentáneamente. Fue en su viaje a Bolivia en febrero o marzo de 1952, cuando el P. McDonald pasó por el Perú realizando su febril campaña mencionada arriba y era en mayo 1952 que gastando sus días de vacación en Perú que el mismo Padre completó su trabajo de precursor para mí.


CARDENAL DEL "PRE-AGGIORNAMENTO"

Yo le había prometido solemnemente a Frank Duff que mi trabajo en Chile estaría terminado en marzo o abril, ya no quería que mi palabra se considerase como la de un borracho. Pero ahora ya era agosto (1952). Esto, por un lado.

Por otro lado, el P. McDonald se había convertido en este tiempo, en el poderoso propulsor de mi vida por medio de sus urgentes demandas ante el Concilium. Aparentemente, él otra vez consiguió "estirar las cuerdas". Y, de acuerdo, el Concilium me envió urgentemente al Perú con instrucciones de que "diera en la masa mientras estaba, caliente el hierro" para conquistar a los conquistables. Por lo visto, mis campañas por Ntra. Sra. tenían que continuar.

Después de un viaje placentero por un avión de la Línea Aérea Nacional de Chile, combinación Faucett (billete # OOA Num. 11565) desde Santiago de Chile, llegué a Lima el 21 de agosto de 1952, a las 4:45 p.m. a tiempo para asistir a la novena a Santa Rosa de Lima. Uno de mis compañeros de viaje era Pérez Prado, entonces la sensación mundial por ser el Rey del Mambo. Subió abordo en Arequipa. Gastaba botas; sin bigotes, pero con patillas.

Fui recibida en el aeropuerto por la popular y bien querida Srta. María Rosario Araoz, Directora de la Escuela de Servicio Social y la distinguida Sra. Ester Palacio de Habich mi futura casera. La casa de la segunda estaba situada en la calle Lloque Yupanqui, un nombre que me gustaba recordar debido a los efectos de su pronunciación (que era un trabalengua) y que era motivo de protestas de mis amigos del extranjero. Los nombres pintorescos de las calles del sitio comercial de Lima me fascinaban: Calle Amargura, Calle Afligidos, Judíos y una calle en particular me emocionó grandemente, Calle Filipinas.

El mazo del deber impelió a comenzar inmediatamente. Aun en medio del fresco del amanecer de mi estadía me decidí conseguir una entrevista con el Cardenal.

Tal como el P. McDonald me había anunciado, fue fácil conseguir un compromiso de audiencia. Pero otros se habían adelantado a mí. Cada vez que salían de la oficina de su Eminencia, yo podría ver, desde fuera, por la rendija de la puerta, cómo se aparecía el Cardenal.

Su eminencia Juan Gualberto Cardenal Guevara era un "heavy weight"* (peso pesado). Su apariencia personal abrió los cortinajes de mi alma a los rayos del sol de la alegría y la esperanza. Por experiencia sabía que de algún modo, tengo yo una gran afinidad con personas gruesas. Así que confiaba en mis expectaciones. En el entre tanto, me olvidé en mi alegría nerviosa de que el Cardenal era del tipo "pre Aggiornamento". Es decir, que según me dijo uno, al oído, él insistía en formalidades. No tenía ninguna noción de esto antes de llegar a su oficina. El visitante tenía que usar o un velo o un sombrero, y sobre todo, guantes. Tenía yo la suerte de haber venido de Misa y mi velo estaba aun disponible. Lima tiene un clima templado, pero aun así, era siempre demasiado frío para mí, y mis guantes estaban siempre conmigo durante aquellos días.

Vino mi turno. Y le traía al Cardenal una hermosa carta sobre sellada del "chileno más querido de Chile", Su eminencia José María Cardenal Caro Rodríguez un viejo amigo mío y promovedor de la Legión. La historia antigua de Perú y Chile me recordó sus antiguas luchas históricas, pero me suponía que los Cardenales son inmunes a los resentimientos y, especialmente, los históricos. El Cardenal Guevara leyó la carta (que yo en mi interior ansiaba poder leer también pero él no me dio oportunidad para ello). Y después de leerlo, él hizo su proclamación "excathedra" diciendo: "Ud. verá, señorita, cómo también en el Perú se extenderá la Legión por lo ancho y lo largo del país". Unos días después, el permiso fue dado en blanco y negro, y era uno que satisfacía mis requerimientos exigentes para un documento semejante. ¿No decía yo que las personas gruesas nunca me desengañan?


"ESTO NO ES FANFARRONADA"

Cómo quedó incluido en mi itinerario la parroquia del distrito de Surquillo, Lima, no lo recuerdo. Pero no estaba en la lista que mi precursor me había dado.

Surquillo es un distrito de obreros, fuera de la actividad y del bullicio de la rica metrópolis. La grande y floreciente parroquia de San Vicente de Paúl estaba atendida por dos celosos sacerdotes, los reverendos padres Gil, C.M., párroco y Oscar Fernández, C.M. uno de sus coadjutores. La parroquia tenía varias asociaciones de servicio social para el socorro de los pobres, dirigida por una dama muy devota la Srta. Gutiérrez. La agencia de socorro más importante era la de las Conferencias de San Vicente de Paúl.

Al P. Oscar se le pidió que se hiciera cargo de la Legión. Mi primera alegría en tierra peruana acompañó el nacimiento del primer Praesidium de la Medalla Milagrosa, establecido en Surquillo el 10 de septiembre 1952. Era un praesidium para mujeres compuesto de elementos humildes de la sociedad. La presidenta era una negra casada, y tenía por nombre Teresa Ramos. El número de las alistadas en la primera reunión era ideal 10 ó 12. Como de ordinario, yo presidí las primeras reuniones, de acuerdo con la práctica, especialmente cuando se trata de nuevos praesidia en una ciudad, pueblo o nación.

La Legión de María es una organización tan ordenada como la primera ley del cielo. El conservar una lista de asuntos llamada agenda es indispensable. Todos los puntos de esta orden se tiene que explicar punto por punto, y en detalles: Cómo y cuando se deben rezar las oraciones de apertura, cómo y cuándo y el por qué de la lectura espiritual, cómo los trabajos constituyen el meollo de cada reunión, así como la manera de presentar los informes. También se explica la ventaja de la Legión sobre otras organizaciones en el sentido de que no requiere cuotas de sus miembros aunque sean ricos como Creso; la imposición del secreto legionario como forma de verdadera caridad; el espíritu con que la disciplina legionaria se debe mantener; en fin, todo lo que les suena extraño a los oídos, especialmente los asuntos referentes al "trabajo" y a la "disciplina". De suma novedad para ellas era desde luego, la terminología romana de la Legión que sonaban extraña hasta para los oídos de los sacerdotes. Aquellas señoras preferirían mascar "buyo" e imitar voces de ratas que pronunciar, por el momento, las palabras "preasidium", "Allocutio", "Ádjutorian", etc. me decía yo. Les dije sin embargo, que podían ser buenas legionarias aunque no supieran pronunciar aquellas palabras, para ellas, difíciles. Se echaron a reír.

Los humildes nunca encuentran difícil el apostolado. Es extraño cómo ellos, tan ocupados, si no más, que los ricos (pues tienen más necesidades que cubrir para vivir), encuentran tiempo para la Legión. La razón es fácil de comprender: la gente sencilla está en una disposición más feliz de devolver al Señor todo lo que les ha dado, que podría ser poco, pero que lo es todo. Inmediatamente, mis peruanitas dieron su aprobación a los requerimientos estrictos de la Legión. Prometieron asistir a las reuniones semanales, llueva o no llueva, cansadas o no cansadas, ocupadas o desocupadas. El P. Oscar había consentido de antemano dar la Allocutio. Con o sin inspiración ecuménica, creí oportuno sugerirle que hablara acerca del tema del apostolado seglar. Dio él la Allocutio. Fue ferviente y entusiasta. Comenzó de esta manera: "Esto sí que es cosa seria, nada de beaterías".

Él estaba obviamente impresionado del énfasis que puse en el apostolado. Aunque todavía joven sacerdote, él había visto bastante las devocioncitas que hacen ir a la gente a las iglesias, recibir los sacramentos, usar todas las insignias habidas y por haber de las asociaciones a que pertenecen, pero que se negarían a decir siquiera una palabra caritativa para socorrer a su prójimo. Él debería haber conocido a gente rica que da mucho dinero a los pobres, pero ni siquiera algunos minutos de su tiempo, ni una pulgada de su bienestar en favor de los menos afortunados. El entonces se refería a las devociones sentimentales, superficiales que abundan en todas partes, en lugar de la verdadera devoción de la caridad al prójimo que es la que debe prevalecer. La legión de María insiste en esta última y el P. Oscar se daba cuenta de esta insistencia. El se convenció totalmente de los valores que persigue la Legión y por tanto, se convirtió en un promotor acérrimo del ideal legionario.


LA CONVERSIÓN DE UN CANÓNIGO

Tengo cierta idea (no tan segura, sin embargo) de que la Parroquia del Sagrario que se hallaba en el centro de la ciudad de Lima es la parroquia más antigua de todo el Perú. De todos modos, es la más antigua en la ciudad de Lima.

La Parroquia del Sagrario está al lado mismo del Arzobispado. A pocos pasos del Presidente de la República. Un poco más allá están el edificio de Correos Central y de la Iglesia de los Dominicos.

La iglesia de la Parroquia del Sagrario es pequeña pero de una hermosa arquitectura colonial, con antiguas imágenes, del estilo barroco. Debido a su valor histórico, su colocación central y la intimidad de su atmósfera, se ha convertido en el sitio donde se celebran los bautismos y las más pomposas bodas. También se le considera de fama en el mundo turista.

La sala de la parroquia era cuadrada y de similares proporciones. En una de las esquinas de la sala, se halla la mesa del Párroco, y, frente a él, detrás de la puerta de entrada, está la mesa del secretario de la Parroquia. Hay bancos laterales a lo largo de toda la sala.

Cuando hice mi visita a la parroquia del Sagrario por primera vez después de mi llegada al Perú, vi aquella sala llena de gente que esperaba su turno de hablar con el Párroco. Noté también como él dispensaba atención. Yo esperaba que él despidiera a los visitantes, uno por uno, después de tratado el asunto que les llevaba a él. Pero no era así. Había en aquella ocasión como diez personas en espera. El se acercaba a Alfredo, por ejemplo y le preguntaba: "¿Cómo está Enrique?" (el padre de Alfredo). "¿Y Elena (Su mujer)?" "¿Y Rosa, Teresita y Pío (hijos)?" Nada sino nombres, nombres y más nombres. Entonces se iba a Toribio con el mismo procedimiento. Luego a Carmen, Andrés, etc. Ninguno era despachado y mientras pasaba el tiempo había otros nuevos. Hasta que uno se levantaba y decía: "Monseñor, ¿podría yo hablar con Ud. sobre algo?" Después, a este, Monseñor le despachaba.

Esperaré por mi turno por unos cuarenta minutos. Me presenté diciendo que era yo filipina y delegada de la Legión de María. Los peruanos prefieren usar la palabra "delegada" a "enviada".

Desde luego que él no conocía la Legión. Ni siquiera había oído su nombre. Me escuchó cortésmente y procuré que mis palabras se grabaran en su mente y en su corazón. Al final él habló suavemente y despacio diciendo que todo le parecía bien y hermoso, pero estaba viendo si la Legión podría ensayarse en su parroquia. Había solamente una asociación de cuyas filas podríamos reclutar y era la Asociación de las Hijas de Maria, pero decía que los miembros eran demasiado mundanas para que quieran tomarse el oneroso yugo de la Legión. Dispuesto a ser condescendiente, él propuso:
"Pero, supongamos que ambos nosotros, Ud. y yo, ayudemos por 40 días, quizás entonces se conviertan y estén preparadas a ser miembros de la Legión". Yo me reí dentro de mí.

En mi informe a Frank Duff aquella semana, yo le conté este incidente y Frank Duff contestó en tono paternal: "Di a ese Señor Canónigo, Joaquina, que él debe ayunar por 80 días, él solo, en lugar de ustedes dos por 40 días, y si él quiere salvar a las niñas, que lo haga pero que debe dejarte a ti libre de esta obligación".

Dejé las cosas como estaban. Pregunté su nombre: Mons. Zacarías Untiveros González. Le di mi nombre, mi dirección y el número de mi teléfono. Le pregunté si él me permitiría, cada vez que vaya a la oficina de correos (que era casi todos los días a que deje caer en su oficina para preguntarle "Como está Ud." y él me contesta que sí.

Mons. Untiveros es un sacerdote nativo, de mucha calma peruana. Nunca le vi enfadado, ni siquiera de su secretario parroquial que podía provocar el enfado de cualquiera otra persona. Monseñor es apacible y tratable. La gente le quiere por una cosa: Él se acuerda de los nombres de todos aquellos que él bautizó y casó durante las dos décadas de su ministerio en aquella parroquia. Era maravillosa su capacidad de no confundir la identidad de las personas.

Durante toda mi estancia en Lima, yo, a mi viaje de vuelta de la oficina de correos, pasaba por la parroquia para decirle a él solamente "Cómo está Ud." y en mi interior, me hacia mi perenne pregunta: "¿Cuándo, oh, cuándo será?" Porque nunca dejé por perdida mis esperanzas en él. Monseñor no es un hombre que habla mucho. Yo tenía que hablar cada vez que nos encontrábamos. Le contaba dónde había hecho la campaña, de cómo el párroco quería la Legión, los problemas que encontraba a mi paso y de la manera como podrían ser resueltos, en fin, yo le daba lecciones prácticas de la historia de la Legión en el Perú y de la técnica de la misma. Él se limitaba a oírme, terminando con su consabida frase: "Si solamente mis niñas no fueran tan mundanas".

A veces, hacia la visita por la noche, después de alguna reunión. Fue en estas ocasiones cuando tuvo la oportunidad de observar la gran necesidad que había en su parroquia de un buen secretario. Él tenía por secretario a un seguidor de Baco, y, todo el mundo sabe lo que pasa con personas así. Monseñor no le despachaba del cargo porque según él, el pobre hombre no sabría donde ir. Más de una vez los documentos de la parroquia estaban en confuso estado, comprometiéndole gravemente a Monseñor. Yo comencé a dedicarme voluntariamente a escribir, a redactar toda clase de documentos de la parroquia, entre ellos; certificados de bautismo y de casamientos, cartas, etc. Cuando mis dedos se endurecían ya de tanto escribir, me iba a casa, rendida, pero contenta de haber dado servicio que podría ganar al fin a un Canónigo. Mons. Untiveros se volvía cada vez más agradecido de mis servicios. A veces me invitaba a cenar con él. A veces, aceptaba la invitación.

Cenábamos juntos. Él era un vegetariano y yo era lejos de serlo. Él comía despacio, y yo comía a prisa. Como yo terminaba de cenar antes que él, le contaba pequeñas historias de la Legión en sus desenvolvimientos. Después de cenar, él me relataba, a su vez historias sobre su ministerio. Una de ellas, que no podré olvidar nunca era ésta: Una noche, él estaba confesando. La mujer penitente tenía tantas preguntas y tantas consultas, que Morfeo se apoderó de él en el confesionario. Cuando se despertó ya era a media noche. Se levantó y él se encontraba sólo. Su penitente se había ya marchado.

Era particularmente sano. Tenía más de 50 años y todavía se conservaba muy fuerte. A diferencia de mí, según me dijo, nunca le había crecido callos en los pies.

Después de mis trabajos secretariales me iba a casa, a veces tan tarde como las 11 p.m. Nunca estuve tan sin miedo como en el Perú. Los peruanos son de temperamento calmos y no ofrecen miedo. En México y Chile donde parece que la sangre de las personas está hirviendo todo el tiempo, yo no me atrevía nunca ir en un taxi sola después de las 8 p.m. Pero en Perú, aún a media noche, aún, con un chofer negro, no me importaba. Pero Monseñor siempre facilitaba una compañera para ir a casa.

El reloj del tiempo nunca para. Sin que me diera cuenta habían pasado 9 meses y ya era abril. En la hermosa noche del día 27, no aparecí en la parroquia del Sagrario. Permanecí en casa. Después de cenar tuve una llamada telefónica de mi Padrecito del Sagrario, como yo le llamaba. Él me ordenaba a que fuera, al día siguiente, a su parroquia, para darme una noticia muy feliz que él mismo me anunciaba muy contento.

Esa noche lo pasé casi sin dormir. ¿Era Johncito que me daba una sorpresa? ¿O Alfie Lambe o Seamus Grace? ¿O Pacita Santos? No podía yo decir. Pero mi última adivinación hubiera sido la realidad que me esperaba al día siguiente.

El día 28 de abril es la fiesta de dos santos queridos para Mons. Untiveros: Santo Toribio Mogrovejo, un santo peruano del cual él tenía dos volúmenes biográficos que me regaló el día de mi partida, y San Grignion de Montfort, uno de los patronos de la Legión. Cuando llegué al Sagrario; el tiempo era demasiado corto para él relatarme un incidente y para abrir el frasco perfumado de su sorpresa. Su relato, en sus propias palabras: "Un vendedor, ayer, insistió que le comprara una imagen de la Medalla Milagrosa: Era la primera vez en 20 años de mi vida sacerdotal que una imagen se me vendía, y de una manera muy insistente. Me acordaba de que la imagen era precisamente la de la Legión y de que yo había dejado en abandono la idea del establecimiento de la Legión, en mi parroquia. Ya no queriendo rechazar por más tiempo la inspiración, decidí que esta misma noche, la Legión tenía que tener un comienzo formal en mi parroquia".

Abraham preguntó al Señor: "¿Dónde está la víctima que va a ser sacrificada?" y yo pregunté a Monseñor: "¿Dónde están las reclutas? Él me dijo que vendrían en poco tiempo. Y, de hecho, vinieron.

La reunión estaba señalada a comenzar a las 5.30 p.m. Durante los últimos nueve meses, había estada vigilando al querido padrecito en relación con su capacidad para la puntualidad, pues este es el primer requisito para ser un buen miembro. Nunca le vi puntual, excepto en la Misa de los domingos. Esta impresión no era solamente mía; la gente, muchas veces se quejaba a mi (a quien creían su secretaria) por su impuntualidad, y tenía yo que defenderle con todo mi ingenio.

Pero, esta tarde, él fue puntualísimo; él y sus reclutas estaban allí a la hora exacta. En el propio lugar, durante la reunión, me presentó a sus reclutas. Había tres mujeres. Formaban una combinación graciosa e interesante; las tres representaban tres generaciones. Rosita Gamarra era la más joven, debía tener sus veinte años pasados. La Señora de Gamarra, madre de Rosita, era la segunda. Y la tercera, una señora cuyo nombre no registré, representaba la generación madura. Las tres eran devotas y muy entusiastas, llenas de emoción ante la llamada de Ntra. Sra.

Rosita era una catequista. Las niñas la querían mucho, y podía obtener de ella milagros cuando se proponía. Aun no siendo hermana religiosa, ella se vestía como una de ellas, con un hábito ultra conservativo; llevaba la falda muy larga con el velo siempre cayéndosele de la cabeza. Siempre iba en traje negro.

Su madre era joyera, experta trabajadora en metales. Ella podía producir una "llama" en oro del tamaño casi de un mosquito, que era una preciosidad. Su trabajo requería esfuerzo en los ojos y esto se reflejaba en su estado de salud. Además, tenía tan corta la vista que, con gafas ya puestas, tenía que acercar la cara hasta casi tocar la de otros, para que ella reconociera a las personas.

La tercera recluta era mandada como el ángel de la guarda. Sufría de reuma que le impedía arrodillarse en los rezos iniciales de la téssera. Dimitió después de dos semanas o aún antes.

Estas tres reclutas constituían la trípode humana que soportaba la estructura de la Legión en la parroquia del Sagrario. Rosita trabajaba como una veterana, y su madre también. Monseñor ya era un "convertido" aun en materia de puntualidad. Su entusiasmo había sido estimulado. Hacía maravillas consigo mismo y con otros. Su amor se había convertido en afectivo y efectivo.


¿CAFÉ AL INSTANTE?... NO, AMOR AL INSTANTE

El segundo praesidium limeño acababa de nacer en la parroquia de las Mercedarias. El P. McDonald me había descrito esta última como sigue:

"Las Mercedarias" .- Esta es una parroquia en un sector pobre de sección comercial de Lima en Avenida o calle Ancash. Está administrada por los Vicentinos españoles. Hablé con uno de los coadjutores porque el Párroco estaba fuera, pero dejé un manual y "las Victorias". Mas tarde, hablé por teléfono con el Párroco. Creo que la Legión cundirá allí.

Su descripción era perfecta y verdadera. El P. Francisco Ruiz, C.M., Párroco fue ganado fácilmente para la Legión. Su praesidium iba a ser el "archimercedario" en el Perú. Ntra. Sra. de la Merced es la invocación favorita del Perú (tanto como Ntra. Sra. del Carmen lo es para los chilenos) pues ella es considerada como Generala del Ejército peruano. El P. Ruiz estaba contento de que el título no había sido aun tomado, puesto que, según las reglas de la Legión, no debe ocurrir duplicación de títulos bajo una Curia.

Este praesidium nació pocos días después de establecerse el praesidium de la Medalla Milagrosa en la parroquia de los vicentinos de Surquillo.

El estado de los miembros del praesidium Ntra. Sra. de la Merced era satisfactorio excepto en un punto: las niñas parecían ser, en su totalidad, demasiado jóvenes para que sean capaces de mantenerse. Sin embargo eran prometedoras. Celebramos la primera reunión siguiendo la rutina usual de explicaciones, al final de las cuales había una discusión general abierta. Siguiendo instrucciones de Frank Duff hasta aquellas personas que venían solamente como visitas, yo les daba trabajos asignados desde el primer día y les animaba para que todos "probaran hacerlo".

Como las niñas parecían demasiado jóvenes, decidí trabajar con todas. Hicimos los arreglos para las visitas domiciliarias. Ellas solo se limitarían a "ver y aprender" mientras yo hablo en las casas que visitamos y ellas se limitarían a oír y al volver a sus respectivas casas ellas deberán anotar por escrito los detalles de las visitas para someter el informe correspondiente en la siguiente reunión. La segunda reunión se señaló para el siguiente miércoles a las 7 p.m.

Ninguna dificultad surgió en relación con el arreglo de nuestros trabajos. Trabajé con todas ellas. Ellas y yo estábamos contentas: ellas, porque las visitas fueron felices y vieron la idea de que no eran difíciles de hacer en al futuro; y yo, porque las veía muy animadas y suficientemente equipadas de entusiasmo y deseos de probar más y más y de ver que la Legión era bonita.

Yo nací para ser ambiciosa. No contenta con el rápido progreso ya obtenido en la Arquidiócesis de Lima, comenzaba ahora a desear otras diócesis. Las facilidades que Mons. Untiveros me ofreció de estar en su casa parroquial cualquier tiempo, de día o de noche, cuando yo lo necesitara, me encendieron más las a ambiciones. Siendo contigua su parroquia del arzobispado era el mejor "faro" desde el cual hacer la vigilancia. Él me daba noticias de obispos que llegaban a Lima por alguna razón u otra.

Aquella tarde del martes, tuve la oportunidad de hablar con el Excmo. Sr. D. Daniel Figueroa, Obispo de Huancayo. Su Diócesis está en Perú central, no tan lejos de la capital, aunque en una región montañosa donde la población de indios era grande. Mons. Figueroa era una amable y bella persona, muy tratable. Le expliqué la Legión y le di el folleto de "Victorias".

El P. McDonald me había informado que Monseñor Figueroa era un hombre "progresivo" en su actitud mental, pero progresivo o no, el caso es que para el Obispo Figueroa, su diócesis ya tenía demasiadas asociaciones que atender, muchas de las cuales, eran, en verdad, ineficiente, según él. Él enumeró, en total 14 de ellas y dijo que le parecía metafísicamente (así era su sentido) imposible el tener otra asociación más.

Lo que Alfie Lambe hubiera llamado "una idea luminosa". Vino a mi mente después de oír su interminable enumeración de nombres de asociaciones y dificultades encontradas en su manejo. Tomando el lado de la defensa, dije:
"Excelencia, estoy perfectamente de acuerdo con Ud. Tiene Ud. las manos, llenas y la Legión podría estar fuera de la oportunidad de sobrevivir. Pero, ¿podría Ud. hacerme un favor personal? Después de este favor, no le pediré otro". Me preguntó cuál era el favor que le pedía. ¿Tendría Ud. algún inconveniente de asistir a una reunión de la Legión y ver cómo hacemos nuestros trabajos?" Reflexionó y dijo: "Pensaba salir hoy pero las circunstancias me forzaron a prolongar mi estancia. ¿Cuándo es esa reunión?"

"Es mañana, miércoles, su Excelencia. Lo justo para que Ud. para asistir. Si Ud. se conforma, pasaré por Ud. aquí". El se hospedaba donde los franciscanos. "Ud. solamente asista, sin ningún compromiso de aceptar la Legión o no, pero le pediré que nos dé la Allocutio. Le expliqué lo que era la Allocutio, sobre qué podría versar, y advertí que es costumbre que la Allocutio sea breve de 5 minutos.

"Muy bien, entonces asistiré a la reunión. Recójame a las 6:45 p.m. mañana. "Deo gratias", dije yo repitiendo y orando camino a la parroquia del Sagrario, yo tenía que compartir mi alegría con mi Padrecito a quién invite también, pero no pudo aceptar por compromisos parroquiales. Le informé al P. Ruiz. Él estaba ansioso de que las niñas de su praesidium dieran una buena impresión al Obispo. Estuvo conforme con que el Obispo dijera la Allocutio.

Aquella noche la pasé sin dormir. Era demasiada felicidad. Era también demasiada carga para los nervios. ¿Cómo podría yo informar a los legionarios de que debían ser puntuales no conociendo aun las calles de Lima? ¿Si no fueran puntuales, se convencería el Obispo? ¿Cómo darán las nuevas legionarias sus primeros informes no habiéndolo hecho todavía? Pero, de algún modo, había trabajado con todas ellas y yo sabía cómo debían estar redactadas, yo podría ayudarles pues a presentar informes como pide la Legión con detalles, completas, estaba tan nerviosa de pies a cabeza que ni las píldoras llamadas "tranquilizantes" hubieran podido darme descanso. Traté de repasar en la imaginación todas las visitas que hicimos, todas nuestras actividades del día mientras trataba de concebir el sueño... inútilmente.

Era la noche del miércoles. Le recogí al Obispo en un taxi. Durante el viaje a las Mercedarias, le rogué dirigiera las oraciones de la Legión; le informé que la Legión es la única asociación católica en cuyas reuniones es obligatorio el rosario, pero que, precisamente por eso, los legionarios reciben la gracia del valor y el entusiasmo de sus trabajos por Dios. Le pedí que omitiera las jaculatorias después de cada misterio (como es la costumbre en aquellos países) pues la Legión desea la uniformidad y practicabilidad a toda costa.

Llegamos a la parroquia de Las Mercedarias. Hasta entonces, solamente el P. Ruiz y yo éramos los únicos, y faltaban solamente diez minutos a la hora designada para el comienzo de la reunión. La tesorera y un oficial más llegaron, una después de otra. Esperábamos a 7 y solo dos estaban ya presentes, y teníamos que comenzar. Le dije a su excelencia que la Legión exige que nosotros comencemos a tiempo, no esperamos a nadie, y sin querer ofender a nadie, debía decir que, no esperamos ni siquiera a un Obispo, si éste era el Director Espiritual. Comenzamos con o sin quórum, pues la puntualidad produce la eficiencia en su mayor medida. Le gustó a él eso: podía verlo en su cara. Terminamos las oraciones iniciales, y después nos sentamos. La lectura espiritual había terminado, y las niñas que faltaban aun no habían llegado. ¡Señor, Señor! Mi nerviosidad crecía, al ver los asientos vacíos. Al fin, vinieron todas las que faltaban, antes de las instrucciones permanentes.

Primera instrucción permanente: El primer deber del legionario requiere la asistencia, puntual y regular, y las reuniones semanales del praesidium. Dije a Su Excelencia que no se sorprendiera de la falta de puntualidad de los nuevos miembros, eran aun nuevas y no se daban cuenta del valor de la puntualidad pero que se acostumbrarán con el tiempo. Aun ahora le dije, podrá admirar la belleza y el encanto que ofrecerán las reuniones si estuvieran todos puntuales y regulares en la asistencia.

Al explicar la segunda instrucción permanente que requiere que los legionarios ofrezcan dos horas de servicio como mínimo, yo hice énfasis en que estas dos horas deben ser computadas comenzando desde el momento en que la legionaria pisa la calle y no desde el tiempo en que ella comienza a arreglarse la cara. Las niñas echaron a reír; el Obispo se sonrió plenamente.

La tercera instrucción tenía relación con la recitación de la Catena Legionis. La Catena es una cadena, la simbólica que une a todos aquellos que pertenecen a este ejército de María. Cada miembro representa un eslabón. Es un deber de honor, no bajo la pena de pecado, rezar la cadena diariamente para que no se rompa la cadena de oraciones.

La cuarta instrucción se refiere al mantenimiento del secreto legionario. Yo les conté un cuento que decía: Había una niña mexicana de un praesidium juvenil que estaba encargada de realizar trabajos para la misión. Tenía ella su compañera de trabajo. Las dos consiguieron realizar felizmente el trabajo a ellas encargado. A la hora de la reunión, una de las niñas estaba llorando. Sin saber la causa, la presidenta le preguntó el motivo de su lloro y ella contestó diciendo que ellas habían podido reunir sellos para la misión, donados por sus amigos, pero su madre los había quemado. La presidenta preguntó: "¿Y porqué no le dijiste que era tu trabajo legionario?" La pequeña sobriamente contestó: "No, porque tenía que guardar el secreto legionario". A las, del praesidium les gustó el cuento. Hice una pequeña aplicación: que el secreto legionario no obliga a abstenerse de hablar de la Legión, sino solamente mencionar las particularidades del nombre, personas y lugares de nuestros trabajos.

Luego vinieron los informes. Explique al obispo que cada miembro tiene el deber de someter un informe, y aunque los trabajos se hayan llevado a cabo por parejas, cada una tenía que rendir su informe por separado, a la manera que cuando dos personas van a ver una película, al llegar a casa cada uno cuenta a su manera la historieta que había visto en la película. Qué ridículo si uno dijera "Hemos visto la misma película, es bastante que uno de nosotros solo hable".

Comencé a llamar los nombres de las que iban a someter sus informes. Rosita fue la primera en ser llamada. Su informe fue breve, no descriptivo, más bien telegráfico. Yo les hice algunas preguntas "¿Te acuerdas del hombre que estaba leyendo un periódico cuando llegamos? ¿Y de la mujer gruesa de la cocina?", "¿Y la puerta que conducía a un corredor largo e interminable que nos dio miedo?" Dijo "sí" a todas estas preguntas. Yo le instruí que tenía que decirnos lo que la gente nos dijo, como abrimos la conversación, qué contestaciones dimos, etc. Rosita completó su informe de esa manera. Después vino el turno de Victoria. Por medio de preguntas: yo trazaba la manera cómo ha de someter lo que las niñas tenían que incluir en su informe. Y lo hicieron de manera perfecta. Después de cada informe hice un pequeño comentario para animarlas o alabarlas, corregirlas o darles más instrucciones para que rindan informes mejores en el futuro. Al final, hicieron una buena impresión.

Yo observaba la cara de Su Excelencia. Él estaba definitivamente entrando en calor.

Allocutio. La Allocutio pronunciado por el Obispo era muy alentadora. Dijo que nunca en su vida había visto una manera práctica de celebrar la reunión tan encantadoramente para obtener resultados concretos e informes prácticos. Ahora, dijo él, que podía imaginarse de cómo sería la Legión, una vez iniciadas y entrenadas sus miembros. Era ahora un legionario 100% de corazón. Solamente anoche él decía: "Imposible, imposible de tener la Legión, en su Diócesis".

Inmediatamente después de la reunión, aun antes de darnos su felicitación, eran estas sus primeras preguntas: ¿Cuándo irá usted a mi diócesis? Después añadió: "Traiga manuales y tésseras y organizaremos la Legión en Huancayo tan pronto como usted venga a nosotros".

¡Triunfó el amor!


TRES MEDALLAS DE ORO

Una de las recomendaciones del P. McDonald decía así: "Chorrillos" esta parroquia es administrada por los padres capuchinos italianos. Visité al párroco y me pareció que tenía buen concepto de la Legión. Creo que esta parroquia ofrece grandes esperanzas de que podría ser un gran centro de la Legión".

Me di prisa por ir a Chorrillos, un distrito situado en las afueras de Lima. Me comuniqué con el joven, celoso y afable Fr. Donato de Génova, O.F.MCap. (de tan pocas barbas para ser capuchino), párroco de la parroquia de San Pedro de Chorrillos. Este padrecito conocía la devoción a María, tal como la enseñó Grignion de Montfort, y, por los indicios, era esclavo de María. Esto parecía ser lo que la atraía hacia la Legión, prometió establecer pronto un Praesidium. Fijamos el día y la hora. Sería el viernes siguiente a las ocho de la noche.

Se han perdido las actas y demás documentos, pero creo que la primera junta se llevó a cabo a mediados de septiembre de 1952; éste probablemente fue el quinto praesidium de la Arquidiócesis de Lima. Era una hermosa noche y todas las circunstancias favorecían una primera junta ideal la presencia misma del joven entusiasta y prometedor Fr. Donato y su bien seleccionado y simpático grupo de varones y mujeres; 5 mujeres y 4 hombres de edad conveniente y buena disposición. Como de costumbre, yo habría de prescindir y dar las instrucciones y los impulsos a la "bomba".

Tengo particular afición por los praesidia mixtos, por varias razones: primeramente, los praesidia mixtos tienen conformación natural. La presencia de ambos sexos da una sensación de cosa completa y acabada. Mas aun, ¿no se realizan las obras y se resuelven los problemas más eficazmente con la feliz coordinación de los esfuerzos de hombres y mujeres? Hay, además esa buena emulación entre ellos, lo que da, por siguiente, un gozo más a todo el conjunto. Y si consideramos que, en el lado espiritual de la vida, un hombre y una mujer intervinieron en el plan de la salvación, ¿por qué, pues, no tener entre nosotros sus correspondientes representantes?

El P. Donato era de criterio singular. En mis seis años como Enviada, fue el primer sacerdote que encontró favorable a los praesidia mixtos. La objeción ordinaria de los otros sacerdotes era: la dificultad de mantener la disciplina en los praesidia mixtos, especialmente los constituidos por jóvenes. Algunos, alegaban que podría convertirse la Legión en una especie de agencia matrimonial, de modo que sería no la Legión de María, sino la Legión del Matrimonio. Mi inmediata respuesta a tal argumento era: Con la Legión o sin él, la gente es casa, ¿por qué, pues achacar a la Legión la responsabilidad de los emparejamientos? Además, ¿puede acaso haber mayor garantía de que los contrayentes sean católicos practicantes que la de ser legionarios, la novia y el novio?

El nombre escogido para el praesidium era el de Regina Cordium, y sería de carácter mixto. Habíamos rezado ya las oraciones iniciales, hecho la lectura espiritual, explicado la importancia de las Actas buenas y nos disponíamos a explicar las Instrucciones Vigentes. Se supone que la Enviada ha de recalcar siempre el DEBER PRIMORDIAL, LA ASISTENCIA PUNTUAL Y REGULAR A LAS JUNTAS SEMANALES DEL PRAESIDIUM.

Ya había yo explicado infinidad de veces esta instrucción y empleado las mismas viejas instancias, y algo nuevo se me ocurrió ahora. Sabiendo cómo todos los legionarios han descuidado esta obligación, y sabiendo asimismo, hasta qué punto puede ser "facilitona" la naturaleza humana (especialmente en Hispanoamérica) terminé mi llamamiento con esta instancia final: "Si alguno de los aquí presentes esta noche logra presentar un registro de 250 semanas de asistencia sin ninguna interrupción, podéis escribirme a cualquiera parte del mundo en que yo me encuentre, y os enviaré una medalla de oro". Para mi capote me decía: "Los hispanoamericanos no pueden llegar a tal meta, pues la experiencia le ha demostrado hasta ahora que ni siquiera un buen registro de 50 semanas continuas puede presentarse, de modo que bien puedo hacer esta promesa a modo de novedad y en son de broma".

Tal fue el reto, y uno de los desafiados (¿fue Olga?) lo repitió en voz baja, pero no tan baja que no pudiera oírse, como si quisiera decirme que no lo olvidara o no lo retirara. Doscientas cincuenta semanas de asistencia representaban (según mis cálculos) apenas cinco años de perfecta asistencia, y pensé que cinco años son un período de prueba bastante, aun para los casados.

Continué la junta. Se inscribieron nueve miembros. Luego siguió la explicación de la forma y el objeto de los informes, después la Catena, la Allocutio (el pensamiento espiritual que debería inculcarse durante la semana); luego la manera de pasar la bolsa para la colecta secreta. Los trabajos señalados, otros asuntos, las oraciones finales y la bendición del sacerdote. Con esto terminó la junta.

La semana siguiente y la subsiguiente habría ya de continuar nutriendo a mi "recién nacido" praesidium. Hasta la tercera semana ninguno estuvo ausente, ni llegó tarde a la junta. "Pero yo me decía optimisticamente, aunque dudando quedan aun 247 semanas más, y eso es camino largo".

El Praesidium se había establecido y lo dejé bien plantado y marchando por sí mismo. De vez en cuando lo visitaba. Todavía en perfecto orden. Una semana tras otra iban pasando. Y también un mes tras otro. Salí del Perú en julio de 1953, casi al cumplir su primer año el praesidium. El registro no había aun interrumpido. Y yo continuaba optimista. Sin embargo, no podía creer que los hispanoamericanos pudieran ser así de fieles y constantes.

Pasa un año. Y otro más. Llega el 1957. Me encontraba, entonces en Dublín. Algo me había olvidado ya del Regina Cordium. Recordaba aun divertidamente cómo se les había ocurrido escoger el viernes para sus juntas y persistir en dicha selección celebrarían junta inclusive el Viernes Santo. "¿Por qué no? decía el P. Donato. No hacen nada contra Cristo, al contrario". Yo le llamaba "Mi praesidium viernes".

Un día, en Dublín, recibo una carta con matasello de Lima, Perú. ¿De quién podría ser? Yo conocía yo, por su aspecto, las cartas de Mons. Untiveros. Era el único que mantenía correspondencia conmigo. Pero esta carta no era suya. Nadie con excepción de los legionarios de Surquillo, me escribía con motivo de mi cumpleaños, pero no lo era entonces. ¿De quién pues? Nerviosamente, con curiosidad, abrí el sobre. El remitente era mi Praesidium "viernes" Regina Cordium y con qué aviso. Decía así: "Prepárese, Hermana Joaquina, tendrá que remitirnos TRES MEDALLAS DE ORO. La carta mencionaba a los que debían ser premiados.

Uno de ellos, la Hermana Amelia había una vez sufrido un accidente de tráfico y se le había quebrado un brazo. Lo tenía escayolado. Pero todas las semanas obligaba a su madre a que la llevara a la junta para no estar ausente. Comentando esta admirable noticia decía Frank Duff: "Es edificante tu relato sobre la legionaria que tenía un hueso quebrado por un accidente, pero que no obstante, insistía en estar presente en las juntas. Sencillamente, debe estar llena de espíritu. En realidad, tiene la aspiración de un mártir".

He dirigido este ejemplo por todo el mundo. Cuando recibí la carta, los legionarios de Dublín estaban celebrando sus Reuniones Generales, a las que ordinariamente era yo invitada como huésped orador. Hablé de esto en todas partes, sean cuales fueran. Después de una de las Reuniones Generales de Dublín, recibí un regalo anónimo: Una cajita que contenía tres medallas de oro. Un rasgo de gentileza de personas que habrían quedado hondamente impresionados por el magnífico ejemplo.

Envié las tres medallas al Perú. Pero ya nunca mas prometí medallas de oro, ni siquiera en broma. Lo increíble a veces se convierte en realidad. Lección: insistan y lograrán lo que desean. Como Frank Duff ha enseñado muchas veces: Exigid 100%; no se contenten ni siquiera con 99%. Si los presidentes dejan que los legionarios se ausenten por cualquier razón, jamás podrán ufanarse de haber merecido medalla de oro.

En relación con este praesidium Regina Cordium, me han informado de un hecho admirable relativo a un caso de matrimonio. Los legionarios estaban en la quinta visita a gestión de este caso. Hasta entonces habían sido bien recibidos por la pareja, pero aquel día se encontraron con que el hombre rehusaba. Y no solo esto. Estaba de mal talante y al ver a los legionarios, dio con el puño un fuerte golpe sobre la mesa y les dijo "Márchense, ya estoy cansado de oírles sobre este asunto. Aunque vinieran cincuenta sacerdotes y me hablaran sobre el caso, no me casaré". Desanimadas se marcharon los legionarios.

La casa que acababan de visitar estaba a la mitad de la manzana. Apenas llegaron al extremo de ésta, oyeron que alguien los llamaba para que volvieran. Era el mismo hombre que les había despachado malhumorado, el hombre del caso matrimonial. Lo primero que pensaron fue: Nos habremos olvidado de algo y nos lo devuelve. Pero no los recibía amablemente (cuan intrigados estaban por aquel repentino cambio) y excusándose les dio "Les voy a dar una sorpresa'." ¿Qué podría ser? Imposible de adivinar. ¡El hombre es dijo que quería casarse!

Era sin duda el milagro de su paciencia ofrecida al Señor. La Gracia tiene momento.


UN OBISPO SE RINDE

El Obispo Pablo Ramírez Taboada era un Padre Picpus i.e. de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María de esos religiosos que después de su firma añaden estas iniciales: SS.CC. Cuando se hizo sacerdote era ya abogado de hecho y de derecho. Era hijo único de una familia de la clase media de Lima.

Conocí al Obispo Ramírez en la ciudad de Cajamarca, sede de la Diócesis del mismo nombre, en el centro norte de la Tierra de los Incas.

Al objeto de entender mejor los problemas que se presentan de la Legión, era mi norma establecida la de obtener información acerca de la organización de una diócesis. Fue el obispo Ramírez tan amable que me la expuso no sólo de palabra sino también por escrito, y me alegro de que lo hiciera, puesto que Cajamarca era típicamente como cualquiera otra diócesis de la América del Sur. He aquí brevemente su estructura.

Distancias enormes. La Diócesis de Cajamarca comprende un territorio de 25,000 kilómetros cuadrados. Para llegar, por ejemplo, a la parroquia de Jaén uno tiene que viajar tres días enteros y esto, si hace buen tiempo y están bien los caminos. Excepto la capital, Cajamarca, que entonces tenía 18,000 habitantes, las capitales provinciales tenían una población de 5 a 8 mil almas y en algunos casos, como Jaén sólo 1200. El resto de los 600,000 habitantes esparcidos en las planicies.

Los medios de comunicación eran de ordinario difíciles. En la Diócesis de Cajamarca, por ejemplo, con excepción de dos provincias que tenían buenas carreteras, los demás lugares eran accesibles a caballo o a lomos de burro. El Obispo me citaba un lugar a donde se podría llegar en seis horas si hubiese un puente.

A causa de no haberlo, un gran trayecto a través de las cumbres de 4,000 pies de altura tenía que hacerse en 12 o más horas para llegar a él.

La escasez de sacerdotes era lamentable. Sólo había entonces 34 sacerdotes seculares y unos pocos religiosos para atender a 600,000 almas. De estos sacerdotes, 4 eran Canónigos de la Catedral y los demás estaban destinados a las parroquias y a la Curia de la ciudad episcopal. La Diócesis de Cajamarca fue fundada en 1908 y no tenía mas fuentes de ingresos que las donaciones.

La gente era en su mayor parte iletrada. Exceptuando los de la Capital y las ciudades provinciales, los habitantes eran gente sencilla, sin estudios formales. Pocas mujeres adultas sabían leer, y mucho menos sabían nada de religión.

¡Y aquellas leyes persecutorias! Había una ley que privaba a la Iglesia de sus rentas, obligándola a darlas a las instituciones civiles de beneficencia. La ley del 3 de marzo de 1859 suprimió la de los diezmos asumiendo el Gobierno la responsabilidad de mantener a los obispos canónigos y seminarios, pero de qué manera. Los obispos percibían 920 soles, cantidad inferior al sueldo de un policía de tráfico. De igual modo, los canónigos y seminaristas. La Constitución de 1933, vigentes todavía, dice en su Artículo 65: La ciudadanía se pierde al profesar en religión. Y según el Artículo 100, los miembros del clero no pueden ser elegidos senadores o diputados.

A veces, el Padrecito Obispo desahogaba conmigo su corazón, lleno de problemas de la Diócesis. La pobreza de los sacerdotes, por ejemplo, les hacía a estos incurrir en irregularidades que tenían que resolverse con la mayor diplomacia y paternalidad. Mencionaba una muy grave: un sacerdote que recibía diez o más estipendios por una Misa... Esto hería profundamente su corazón de Pastor.

Una tarde, me llevó a ver los archivos y registros parroquiales. Me dejó ver el registro de bautizos. Se me cayó el corazón a los pies al enterarme de que en su Diócesis (típica de muchas otras) el 95% por lo menos de las criaturas bautizadas eran hijos ilegítimos. Lo que hacía suponer que al 95% de los llamados católicos no estaban debidamente casados por la Iglesia. La descendencia ilegítima ha entendido tanto en la América Hispana que la gente ni siquiera se ruboriza al confesarlo. En algunos lugares, las proclamas de matrimonio que se colocan en la pizarra de avisos de la iglesia especifican claramente que las partes contrayentes son hijos ilegítimos de fulano de tal y mengana de cual.

Estimé mucho estas confidencias del Padrecito Obispo y me sirvieron especialmente para que rogara por él y por los intereses de su Diócesis.

Después de estos preliminares, el Padrecito Obispo (como empecé a llamarle) y yo, volvimos nuestra atención a los asuntos de la Legión. No conocía la Legión pero me decía que cualquier movimiento mariano era bienvenido en su Diócesis. Le propuse un convenio que exprimiera todas las posibilidades de su Diócesis para producir el máximo de grupos de la Legión, y el resultado sería la solución de muchos problemas de aquella. Asintió cordialmente. Formulamos nuestros planes en 15 días habríamos de tener 4 praesidia; y en cinco días más una Curia.

Para hacer efectivo este plan, llamó "a las armas" a sus sacerdotes. Doce de estos se presentaron juntos, presididos por el mismo Obispo. Habla por espacio de una hora y cuarto, y los sacerdotes en general acogieron la Legión. Solamente uno tocó la nota discordante, por lo que el Obispo le recriminó en el acto. Esta recriminación me hizo sentir como si hubiese yo desaparecido de entre ellos en aquellos instantes. Después de la reunión, el Obispo me llamó aparte y se disculpó por lo que había hecho. Me dijo entonces "Eso es lo que se llama humildad en un obispo". En quince días, los cuatro praesidia celebraron en total catorce juntas, es decir, cada praesidium una junta cada cuatro días con el fin de acelerar su adiestramiento. En todas y cada una de ellos, el Padrecito Obispo estuvo presente desde el comienzo hasta el fin. Yo comentaba en mi fuero interno: "Otro Padre Javier (de México)". Recuerdo todavía como le impresionó la instrucción sobre la puntualidad. Fue puntual excepto una sola vez, y en ésta, vino corriendo y sin resuelvo, mientras decía: "No quiero que la hermana Joaquina me castigue por mi falta de puntualidad".

Todos los praesidia hicieron las visitas a los hogares. El Obispo alentó a los legionarios a trabajar intensamente para que pudieran informar en la junta. El punto notable de los informes era el que decía que algunos legionarios habían sido apedreados por protestantes. Obtuve este detalle de una de las cartas de Frank Duff.

El 25 de mayo de 1953 la Curia de Cajamarca fue fundada felizmente, afiliándose a ella los cuatro praesidia antes mencionados. Los primeros oficiales de la Curia fueron los siguientes:
Director espiritual el mismo Obispo Ramírez
Presidenta Clementina Espejo
Vicepresidenta Blanca Mercado
Secretaria Malena Peláez
Tesorera Benedicta Barrantes

Este Padrecito Obispo llegó a ser, no solamente una figura legionaria fervorosa sino también un verdadero gran amigo mío. Su adiestramiento legionario: era completo cuando salí de Cajamarca. En adelante, siempre que iba de visita pastoral, él mismo organizaba los praesidia en las parroquias, según me decía en una de sus cartas. Descubrió un tesoro en la persona de la secretaria Malena, de la Curia, y en ésta fue su principal sostén.

Desde el primer instante se encontraron nuestras almas. Insistió en que le visitara todos los días de mi estancia en Cajamarca. Cierto día sentí escrúpulo de hacerlo temiendo escandalizar a la gente. Me aseguró que no había tal peligro.

La Legión se había convertido entonces en nuestro factor común. Pero teníamos además otros puntos en común. Era, como yo, gran devoto de San Francisco de Sales. Por días y días, hablábamos de nuestro mutuo Obispo Santo. De él supe más anécdotas de las que ya conocía relativas a mi Santo favorito. Me gustó muchísimo la anécdota sobre el cocinero. San Francisco tenía cocinero que era borracho. Cierto día, a media noche, llamó a la puerta de la habitación del Obispo. El mismo Santo Obispo le abrió, y, viéndole en aquel estado lastimoso, le acostó en su propio lecho. Al despertase el cocinero y ver que estaba en la propia cama del Obispo, se sintió tan avergonzado que resolvió en adelante cambiar de costumbre. Mi Padrecito Obispo gran devoto de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro. Me enseñó su habitación, señalando su imagen pendiente de la pared mientras me decía:
"Mire a mi chinita". Le dije que aquel título de "chinita' era más aplicable a mi que a Nuestra Señora.

Un día, hablando sobre la espiritualidad da la Legión, tocamos el punto de la Esclavitud de María. Me confesó que, aunque sabía lo que era esa devoción, nunca se consagró a María. La razón tenía un resentimiento contra Grignion de Montfort, quien, en sus escritos nos llama "gusanos". Le parecía repulsiva aquella idea. "Excelencia, no debe molestarse por esa comparación. Cada autor expone sus ideas, pero está en nosotros el aceptarlos: o dejarlas. Olvídelo nada más. Le pido que reconsidere su actitud, porque pierde mucho omitiendo la Consagración a María".

Un día, estando ya en Colombia, recibí una carta del Obispo de Cajamarca con el feliz ruego que le inscribiera como Esclavo de María en el centro de Bogotá, de la cofradía de María Reina de todos los corazones. Yo misma inscribí su nombre en la lista de la Cofradía. Por fin, el gusano fue olvidado. ¡Deo gratias!


PROBLEMAS DE AMOR Y DE OTRA ÍNDOLE

No hay dos caras iguales como no hay dos marcas digitales idénticas. Casi de igual modo, no hay dos praesidia o dos Curiae que tengan la misma configuración o personalidad ni los mismos problemas que afrontar.

Como ya se dijo antes, los peruanos son, por temperamento, calmosos. Su apariencia hace creer que no son capaces de ninguna clase de lucha, o de ninguna forma de violencia ni a de moverse con prisa. Lo menos que pude figurarme era que los peruanos fueran capaces de conflictos amorosos. Mis propias notas en las que debían de estar por menores de tales conflictos se han perdido, pero las de Frank Duff nos dan una interesante visión interna de los problemas de amor peruanos.

"Tú describes tu semana como repleta de problemas. ¡Qué problemas! De vez en cuando hemos tropezado con situaciones extrañas y curiosas en la Legión, pero dudo que tal montón de cosas raras se hayan presentado en la forma que describes. Los maridos y las esposas están convirtiendo la Legión en el escenario de sus celos: y riñas Los hombres se enamoran de los legionarias visitantes y las mujeres van tras los legionarios visitantes. ¡Viudas alegres suministran pócimas amatorias! Todo esto parece algo sacado de una pantomima navideña".

"Algunas ideas se me ocurren en relación con lo que antecede. Me dices que una viuda loca de amor insiste en ir, sin ser invitada, a la junta del praesidium de hombres. Con seguridad que no se la permite entrar y quedarse. De lo contrario, la junta se podría convertir en parte de la pantomima!"

"Todas estas cosas ofrecen un argumento a favor de la regla de la Legión sobre la visita legionaria por parejas. Ya vez que la regla es el fundamento mismo en el Perú. Sin ella, sería una locura manda a cualquier legionario que haga la visita a los hogares".

En comparación con éstos, los demás problemas parecen de menor importancia. En cierta ciudad, tuve que cambiar de residencia tres veces en 24 horas. En un praesidium, los oficiales o estaban ausentes o llegaban tarde. Casi ningún trabajo se había hecho en la semana anterior, pero los miembros contribuían generosamente para los fondos. El comentario de Frank Duff a esto era: "Están tratando de comprar con dinero su camino al Cielo. No podrá ser. En la Legión, el dinero no exceptúa a ninguna de la necesidad de hacer bien sus deberes ordinarios".

Uno de los presidentes de la Curia hacía irregularmente, por un largo período, sus obligaciones, y se le requirió que dimitiera. Sobre esto Frank Duff comentaba: "Eso (la irregularidad) destruirá la Curia con más eficacia que lo pudieran hacer los comunistas".

En cierta ciudad, la mesa no era lo bastante espaciosa siquiera para el equipo del altar de la Legión. En otro praesidium, los miembros no hacían los trabajos de la clase aprobada: querían trabajar solamente entre los amigos y de un modo indefinido. También hubo ocasiones de desengaño por juntas inaugurales que sin razón suficiente dejaban de celebrarse.

Había un párroco que insistía en que las juntas se llevaran a cabo en la iglesia. El divertido comentario de Frank Duff a esta clase de irregularidad fue: "Y entonces, qué de la tremenda explotación de risas y de regocijo que es frecuente y debe ser una característica de toda junta del Praesidium?"

Otro problema se infiere de estas observaciones de Frank Duff: "Tú les calificas (a los legionarios) de interesados en pensamientos y palabras. Esta es una frase tuya muy elocuente. Quisiera que se pudiera inscribir con luces de neón y exponerla muy alto en todos los lugares. Sintetizas la situación perfectamente. Lo triste es que los pensamientos y las palabras no han de salvar el mundo. Sí lo hubiesen hecho, la América del Sur sería un lugar santo".

Había un sacerdote que insistía en decir que no podía lograr una reforma entre los hombres de una sola plumada; que para esto se necesitaba mucha paciencia. El clásico comentario de Frank Duff decía así: "Pero jamás conseguirá una reforma entre ellos si tolera sus defectos. El modo de moldear a la gente consiste en ponerlos en el molde. No das forma al metal echándolo al suelo. Sin embargo, embarga ver lo que Padre X está haciendo en su defectuoso praesidium. El praesidium no es un molde de la Legión.

"Infiero de lo que dices que el Padre X permite a los hombres del praesidium que sigan siendo miembros aunque no van a Misa los domingos. Pero eso es claramente ridículo, porque esos individuos no se ajustan al primer requerimiento de la Legión, esto es, que tengan idea de que son católicos. Hay muchas flaquezas que podemos continuar tolerando dentro de un praesidium, pero la deliberada omisión de la Misa no es una de ellas. La asistencia a la Misa dominical debe considerarse como la fundación absoluta de la fundación en la Legión. La inasistencia a Misa caracteriza a un hombre como no dispuesto a ensayarse y completamente inelegible para la Legión".

Seis señoras que acudieron a una primera junta se asustaron por los requerimientos de la Legión. Más aun la lluvia impidió a muchas otras: que tenían intención de asistir, además de que era tiempo de Carnaval y por supuesto, sacrificarían las obligaciones religiosas. Sobre esto decía Frank Duff: "Es con lo que con tanta frecuencia he dicho antes: Todo adquiere preferencia sobre un deber religioso. No debemos permitir que la Legión se allane cómodamente a tal clase de sistema. La Legión debe imponerse y demostrar a todos los que se mantengan en las filas que no se dejará anteponer por las lluvias o los Carnavales o por cualquiera otra excusa mundana o baladí. Si se ha de restaurar de nuevo la religión en la América del Sur, lo será solamente por el esfuerzo firme y verdadero".

"Veo que la inestabilidad del Catolicismo se manifiesta bajo una luz clara. Algunos miembros tienen que ir a un baile, y, por supuesto, nada se puede anteponer a un baile. Otros tenían que ir al Carnaval y, por supuesto también el Carnaval es más importante. Y pensar que ésta es la religión que fundó Ntro. Señor y por la que los Apóstoles murieron e incontable número de personas han dado sus vidas, de una manera u otra. ¿Y han de ser los peruanos quienes la han de reducir al grado mínimo de todas las causas, hasta subordinaría completamente al deber más insignificante?"

Había un praesidium que estaba realizando trabajos de vigilancia como el de continuar una cruzada de modestia, es decir, advertir a las que usaban vestidos sin mangas o mangas cortas, etc. Frank Duff comentaba así:
"Desde el punto de vista de la Legión, eso es lo peor que podrían hacer. Harían que la Legión cobre ingrata reputación de manera que las personas jóvenes y osadas dejan de ingresar en sus filas. Y son éstas precisamente la clase de personas que necesita la Legión y que harían buen trabajo para la Legión. Procura apartar a los legionarios de ese arriesgado trabajo".

En cierto distrito, el praesidium estaba muriéndose, habiéndose reducido a sólo dos legionarios. Dijo de él Frank Duff: No vaciles en emplear el hacha. Un praesidium malo al quedar muerto se convierte en un praesidium bueno. ¿Has visto el epitafio de Joe Stalin que apareció en uno de los periódicos de Nueva York al día siguiente de su muerte? Decía así: "Joe Stalin se ha convertido ahora en un buen Comunista"

La Presidenta de un praesidium no sólo hablaba en voz baja y en tono soñoliento sino que, además, no podía recordar los nombres de sus pocos miembros. El comentario siempre pronto de Frank Duff fue: "Debe de estar mentalmente deficiente si en seis meses no sabe los nombres de sus ocho compañeras legionarias. El interés por los miembros, la fraternidad con los miembros, son las partes principales del deber de un presidente. A ella le faltan esas partes"

El mayor problema con que tropecé en mi ruta de Perú fue el planteado por un ineficiente presidente de Curia que se negaba a dimitir. Hablé con él. El Director de la Curia, también. Pero inútilmente. El Concilium se vio obligado a escribirle una carta enérgica y aun ésta halló resistencia. Cuando del Perú todavía ocupaba el cargo. En aquella misma Curia, la secretaria decía de lo que Frank Duff llama "trastorno vocal", porque cuanto leía no se podía oír. "Un secretario silencioso está completamente fuera de orden", como haría notar Frank Duff.

En este breve párrafo, de Frank Duff se hace referencia un problema con los sacerdotes: "Veo que algunos sacerdotes han estado positivamente persiguiéndote, y que uno ha encontrado en el manual muchos errores doctrinales. De modo que notarás que es mucho mas listo que el mismo Papa"

Ha de haber y hay problemas, yo me decía siempre. Los problemas son señal de vida. ¿Por qué habrían de faltar a la vista de cinco Curiae vivas que la Legión había cosechado en Perú en el período de un año más o menos solamente? Eran las siguientes Curiae:

La Curia de Chorrillos (30 de noviembre 1952);
La Curia de Arequipa (15 de marzo 1953)
La Curia de Cajamarca (25 de mayo de 1953)
La Curia de Huancayo (julio 1953)
y la Inmaculada de Lima (12 de diciembre 1953)

Donde no hay problemas, la muerte ha debido haberse introducido.


"MI CONEJITO"

Mi conejito era un sacerdote. Estaba destinado en la Diócesis de Huánuco, Perú. Extraño por cierto, su nombre era P. Camilo Conejos. El mismo hacía siempre chacota de su nombre. Me refirió una vieja historia de su vida: Su madre negociaba vendiendo conejos. Personas que ignoraban su apellido, se presentaban a comprar conejos, y, por supuesto, deseaban verlos. Y su madre llamaba a sus "conejos humanos" seis o siete de ellos, y los ponía en fila y los presentaba a los parroquianos: "He aquí mis conejos". Hecha la broma, la madre les decía los nombres. Un bonito modo de "animar" al comprador'.

El P. Conejos es un sacerdote español, perteneciente a una congregación española de seculares. Era entonces Rector del Seminario diocesano. Era el que me recomendó el Obispo para que fuera mí mano derecha y cooperador en la Legión. Siendo joven y de carácter dinámico, se entregó a la Legión como pato al agua. Me ayudó a organizar la Legión en Huánuco. Tuvimos la primera reunión en la Merced, y asistieron el Obispo, seis sacerdotes, él entre ellos, y otras treinta personas, pero al final sólo se inscribieron tres. Pero en la siguiente junta, con su ayuda hubo seis personas.

Poco tiempo después, fue el huésped de honor en la inauguración de la Curia de Huancayo. Halló tiempo para estar un par de días en Huancayo, que dista de Huánuco, para completar su formación legionaria. Había cobrado interés definitivamente, y el hecho de que emprendiera el viaje a Huancayo era clara evidencia.

Me entrenó de muchas maneras. No obstante cargado de su horario, halló tiempo para darme lecciones sobre espiritualidad. Sabía que la enviada de la Legión había consumido sus energías espirituales en menos tiempo que muchos de los otros y que, por consiguiente, necesitaba mayor refuerzo. Después de veinte años, recuerdo todavía algunas de sus atenciones: Un día, dirigió el retiro de una sola persona, y ésta era yo. Siempre que nos encontrábamos, hablábamos sobre cosas espirituales, el modo divino y el modo humano. Recuerdo vivamente una conversación especial que tuvimos. Hablábamos del cielo. En el transcurso de la charla le dije que una de las primeras personas a quienes yo desearía encontrar al llegar al Cielo era... y Te pedí que adivinara, pero no pudo. Aquella persona era... ¡ARISTÓTELES, lo que se rió al oírme!

Constantemente se afanaba por saber cómo llamaba yo a Jesús en mis oraciones. Y sugería que le llamara esposo, como lo más apropiado para el estado de soltera. Pero rechacé la proposición porque no me gustaba la idea de que cada monja de este mundo llamara al Señor su "Esposo". Le dije que, puesto que no quería llamarle Esposo, mejor haría en llamarle "Mi Hombre" Y a él gusto, esto, y en la primera oportunidad que se presentó me envió el más hermoso trozo de literatura que jamás haya recibido de un sacerdote. Constaba de tres páginas, mecanografía a un solo espacio, que contenían todos los NOMBRES DE JESÚS que se le habían ocurrido para mí, y de entre los cuales, decía él podría yo escoger el favorito para "Mi Hombre". El escrito es una obra maestra por su contenido y su forma, y para mi, personalmente, fue un gran empujón hacia arriba en mi vida espiritual. He aquí un extracto de sus más interesantes párrafos:

"Es verdad que no es fácil abarcarle (al Señor) con una sola palabra. Es tan estupendamente polifacético que no pretendo agotar el tema, pero quiero facilitarte el camino. Tratará de recordar lo que pueda de los escritos autorizados. Te gozas en llamarle 'Mi Hombre'. Sin saberlo, diste con una cosa importante que dijo Pilatos cuando presentó a Cristo 'ECCE HOMO' (He aquí el Hombre). Este es él, que es verdadero HOMBRE, el Hombre Perfecto, el Hombre Ideal. Es el Hércules Divino. Demos un paso más, tiene el aspecto varonil de robustez, y aquí recordamos que Isaías le llamó "El Hombre Fuerte". Y no olvidemos que, con el Padre y el Espíritu Santo. Él es OMNIPOTENTE".

"Como Dios, Él es el Hijo de Dios. Como hombre, Él es el Hijo de María. Pero como quiera que hay una sola Persona en Cristo, con dos naturalezas perfectamente distintas, Él que es llamado 'Su Hijo' por el Padre, Él, también es llamado por María 'su Hijo'. EL AMADO es también hermoso y bíblico. Pío XI dijo que ninguno ha sido tan AMADO, ni lo será nunca, como Jesús. Él es AMADO del Padre. EL AMADO de María. EL AMADO de la Iglesia. EL AMIGO de cada alma en particular. Esto nos conduce al PROMETIDO. Por siglos, Él fue el PROMETIDO, el DESEADO. Y aun ahora, este título le cuadra a Él, porque, aunque ya le tenemos en el mundo, sin embargo, mientras vivamos en este valle de lágrimas, jamás le poseeremos enteramente, sino que vamos siempre hacia Él. En el Cielo será nuestro TESORO, un tesoro poseído, gozado, siempre nuevo, siempre tierno. Al presente este TESORO lo poseemos en parte, lo gozamos parcialmente, siempre nuevo, siempre tierno. Nuestros ojos están aun vendados. Él es el TESORO que ofrecemos al Padre en la Misa. Él es el TESORO que encierra todas las riquezas de la Humanidad".

Y basta esto como aperitivo de, este trozo de literatura deliciosa. Será suficiente, por ahora, enumerar solamente su colección de Nombres de JESÚS: CRISTO, EL UNGIDO, SACERDOTE, MEDIADOR, OBISPO, PROFETA, DOCTOR, MAESTRO, RABÍ, PRESBÍTERO, EL INEFABLE, EL INDECIBLE, LUZ, VERDAD, VIDA, CAMINO, PASTOR, PASTO, CORDERO, HERMANO MAYOR, PRIMOGÉNITO DEL PADRE, LIBERTADOR, SEDUCTOR (en el buen sentido), GRACIA, BIENHECHOR, SANTO, INOCENTE, RICO, FLOR DEL VALLE, MONTAÑA, SOL, FUENTE, VIRGEN, AMIGO, ESPOSO, SEÑOR, LADRÓN (cuando Él dijo que podría venir a sacarnos como un ladrón), GUAPO, NUESTRO BIEN, GOZO, ENCANTO, EL INAGOTABLE, EL INFINITO, EL INMENSO, EL MAS AMABLE.

Siendo él devoto del Sagrado Corazón, enumera al final sus apelativos climáticos: CORAZÓN, CORAZÓN, CORAZÓN, este Corazón que nos amo hasta la locura de la Cruz y de Belén y de la Eucaristía al darnos el anticipo del Cielo que se llama María, quien a su vez, nos ha dado su HIJO JESÚS".


SEGUNDA PARTE
CHISMEANDO CON AMOR

Todos los países honran al Soldado Desconocido; la Iglesia celebra un día para el "Santo Común", corno quien dice, en el de Todos los Santos y la sociedad reconoce el valor del hombre ordinario, oculto y no elegido.

De modo semejante, la raison d'etre (razón de ser) de este capítulo es el describir a aquellos que participaron de mi carrera legionaria, de una manera u otra, aun cuando no hubiesen desempeñado un papel directo en la Legión, porque, gracias a sus ejemplos edificantes, su devoción sin pretensiones a la causa y, sobre todo, por su amorosa inspiración, he logrado seguir adelante en el transcurso de los años.

La relación de nombres que hago no incluye de manera exhaustiva a todos aquellos de quienes podría escribir, pero, de algún modo, la vida de los que nombro es la que mejor conozco. Nombro en orden jerárquico a las personas que hicieron sus papeles en el sentido arriba expresado.

MONS. REDENTO M. GAUCI, O Carm. Obispo Titular de Ida, Mauritania (África Nor Oeste) y Prelado de Chuquibamba, Perú.

Uno de los nombres que me han fascinado desde niña es Malta. Lo oí por vez primera en mi clase de Historia Sagrada, de boca de nuestra maestra religiosa, que nos contaba como San Pablo, al llegar a la isla desconocida (para él), tras un naufragio, fue mordido por una serpiente. Los pobladores del lugar acudieron a ver cómo hacía una hoguera. Cuando vieron que su mano se había hinchado o lastimado por la mordedura, le tomaron por dios. Le trataron con mucha hospitalidad durante su breve estancia allá. Una vez más Malta en mi conciencia cuando mi padre me habló de un amigo suyo que había sido nombrado Caballero de Malta, honor que, según mi padre, se otorgaba sólo a los de noble alcurnia de varias generaciones sucesivas. Vi a su amigo con el uniforme de Caballero de Malta y aquellos aumentó mi admiración a la majestuosidad que implica la condición de caballero. En el curso de mis lecturas, tropecé con un grabado que representaba la cruz de Malta cuyos brazos parecen puntas de flechas dirigidas hacia el interior y cuyas barras vertical y horizontal, si se juntaran, serían de igual longitud. Luego había el gato maltés que se supone hermoso por su piel azul gris y su domesticidad. Pero mi mayor atracción a Malta tenía algo que ver con la entonces popular leche malteada que me gustaba muchísimo y aun me gustaría si hubiese disponible.

No obstante estas muchas mentales asociaciones con Malta, la más importante faltaba aun, la de encontrarme con un maltés. Cual fue, por consiguiente, mi alegría cuando llegué a conocer al primer maltés en mi vida. Su nombre: Padre Redento M. Gauci, sacerdote carmelita de la Antigua Observancia, como se llaman a sí mismos, y firman su título así: O. Carm.

Hay un chiste en Perú donde existen las dos ramas de la Orden Carmelita: los Carmelitas de la Antigua Observancia y los Reformados (éstos se supone que son más estrictos en sus reglas y condiciones que aquellos). El chiste no es más que un juego de palabras. Los seglares de Perú dicen "Carmelita" al referirse a los de la Orden Reformada, y "Carmelita" (insertando la vocal en la segunda sílaba para que se lea "miel") cuando se refieren a la otra rama. Con ello dan a entender que los miembros de la Antigua Observancia llevan, en comparación con los otros, una vida "dulce". Me gustó muchísimo el chiste por el ingenioso juego de palabras. Pero como admiro todas las ramas de la Orden, especialmente aquella en que tengo amigos, como la llamada de "Carmelitas", me gusta pensar que, como dice el refrán, el hábito no hace al monje, sino la manera como vive el ideal que ha escogido. Ya pertenezca uno a la rama estricta o la dulcificada, nada importa; lo que cuente en a economía de la misericordia y la justicia de Dios es el espíritu en que uno vive. El P. Redento pertenece, pues a la orden "dulcificada".

No conocía yo siquiera el nombre de la capital de Malta cuando me encontré con el P. Redento. Era la primera vez que oía un nombre como el suyo: Redento, que probablemente sea derivado del castellano "Redentor". El P. Redento nació en Valetta, capital de Malta, el 27 de diciembre de 1920. Es un hombre grande; no obtuve su estatura, pero debe ser de seis pies, y es fornido, aunque no tanto. Si no hubiese revelado su nacionalidad, le hubiera tomado por árabe o israelita (poniendo al día mi expresión) a causa de sus brillantes ojos negros y su pelo negro como azabache.

"Siempre se inclinó mi corazón hacia las misiones", le gusta decir a Mons. Gaud. A los seis años de sacerdote, ya organizó entre los clérigos de su tiempo la "Liga Misional de Estudiantes". "Su tierra soñada era África". Pero no era él quien habría de decidir cual era la tierra de sus sueños, según todos los indicios. Cuando ya todo estaba preparado para su destino en Rodesia del Sur, su Prior General le aconsejó a él y a su compañero que aceptaran una parroquia en Tingo, Arequipa, Perú. Dicha ciudad es la segunda más grande de Perú, famosa por su hermoso volcán llamado Misti.

Dos Padres carmelitas malteses se posesionaron de la parroquia de Tingo el 6 de julio de 1949. El P. Redento fue el primer párroco y allí permaneció por 13 años. Además de sus deberes parroquiales, tenía a su cargo a primera Escuela Reformatoria para jóvenes delincuentes y fue su director por 10 largos años.

Fue en Tingo donde le encontré, probablemente hacía fines de 1952 o principios de 1953. Era entonces un sacerdote muy joven, dinámico, incansable, siempre ocupado siempre contento, demostrando con ello que era realmente el feliz misionero que siempre había soñado ser. Tiene a su crédito otros "primeros":

Cuando estaba aun en Malta, llegó a ser el primer Director Espiritual del primer praesidium de la Legión de María en el Priorato carmelita. El praesidium era de hombres y se llamaba María Madre del Redentor. En Tingo, Arequipa (inducido por el P. McDonald, sacerdote Maryknol que hizo trabajo de precursor para la enviada allá) el P. Redento organizó un praesidium de mujeres, el primero no sólo en Tingo, sino también en todo el Perú. Cuando se formó la Curia en Arequipa, él fue su primer Director Espiritual. Todavía recuerdo sus vacilaciones en aceptar aquel puesto de la Curia, porque tenía que, siendo extranjero, su nombramiento no fuera aceptable para los sacerdotes peruanos de la comarca, pero se equivocó por completo, porque lo desempeñó por muchos años, con la complacencia de sus hermanos de sacerdocio. El 8 de junio de 1962, la Santa Sede creó la nueva prelatura de Chuquibamba y el P. Redento fue nombrado su primer Prelado del lugar.

Solamente quienes quieren llevar una vida ardua se interesan de hacer obra misionera. La vida de sacrificio no era desconocida para el P. Redento. Fue educado con rigor. He aquí cómo lo cuenta el mismo: "Mis padres eran de la clase obrera. Mi madre murió cuando sólo tenía 38 años de edad. Mi padre se casó otra vez y murió en Australia a la edad de 66 años. En total éramos once hermanos y hermanas, dos son religiosas de una congregación maltesa y seis casados, uno de ellos fallecido recientemente ha dejado una familia de 13 miembros. Hice mis primeros estudios en la escuela gubernamental de Malta. Habiendo obtenido matrícula de honor, estudié sólo privadamente, ingresé a la Orden Carmelita en 1935. Antes de entrar en la Orden, me impresionó mucho un modesto premio que obtuve en un concurso de Religión. Durante mis años escolares, tenía que ayudar a mí padre que entonces tenía una panadería. Tenía el cometido de servir el pan todas las mañanas a cinco parroquianos, antes de ir a la escuela. Después de clase, cuando era necesario, me llamaba a ayudar en la panadería".

Con respecto a su interesante parentela recuerdo como el P. Redento recibía cartas y retratos de Malta, y me explicaba las fotos. Pertenecía a una familia numerosa, y lo que es más hermoso, muchísimas familias se sienten orgullosas de tener ellas miembros que son sacerdotes o religiosas. Ama a sus parientes con mucho cariño.

Su carrera sacerdotal no fue menos difícil. Como él cuenta, los tres últimos años de Teología los pase en circunstancias muy penosas, a causa de los constantes ataques aéreos, falta de alimentos y poco descanso. "En varias ocasiones dice durante los bombardeos aéreos, por poco me alcanza la metralla... tuve roces con la muerte". Pronunció sus votos solemnes durante un muy intenso bombardeo aéreo, mientras casi todos los que habían sido invitados para la ocasión se encontraban en el refugio antiaéreo. Su ordenación se llevó a cabo el 1 de agosto de 1943 en la Catedral de San Juan, en Valleta. Fue sin embargo, una de las más grandes ordenaciones en la historia de Malta, dice él recordándolo felizmente. ¿Por qué? Porque se ordenaron 33 de la Orden Carmelitana además de otros de otras Ordenes.

Su carrera de sacerdotes marchó a toda prisa: en menos de un mes después de la Ordenación, su Provincial le destinó a enseñar latín a los postulantes. Estas clases crecieron con él tiempo hasta convertirse en lo que ahora es la Escuela Secundaria de Monte Carmelo. Durante su segundo año después de ordenado, formó parte del cuerpo de maestros de una escuela secundaria particular: el Colegio Flores, donde tuvo a su cargo todas las clases de latín y de religión. Después de las vacaciones de verano aquel año, padeció un ataque de apendicitis que por poco le cuesta la vida, a causa de una infección. Recuerda vivamente como, durante su hospitalización, el cirujano le dijo estas palabras proféticas: "Parece que Dios quiere algo especial de usted". Y el P. recuerda también agradecido que el médico le salvó de una peligrosa operación.

Poco después fue destinado por dos años a una nueva fundación en Malta, en un lugar muy retrasado entonces. Pero el tiempo cambia y mejora, y ahora aquel lugar insignificante se ha convertido en un pequeño pueblo floreciente y con parroquia. Y por otros dos años, estuvo a cargo de la Orden Tercera Carmelita de toda Malta.

Y ahora es el Prelado de Chuquibamba. Su consagración se llevó a cabo el pasado 30 de abril (1967), en la misma iglesia donde fue ordenado hace casi 24 años. Por lo que sé, las prelaturas suelen ser territorios por desarrollar, por eso aunque la toma de posesión sea después de estar la Prelatura en marcha, el trabajo todavía no es "nada fácil", como dice Mons. Redento. Pero en sus manos el desenvolvimiento se realizará y quien sabe si aun llegará a verla transformada en una diócesis regular.

Después de salir de Perú en 1953, me mantuve en comunicación con Mons. Redento, pero no sé que interrumpió mi correspondencia hasta el punto de haber perdido noticia de él hasta hace poco. Tan pronto como se reanudó nuestra correspondencia, le pedí permiso para redactar esta reseñe sobre él, y como la gente sencilla, me dijo que podía escribir sobre cualesquiera anécdotas que yo recordase referentes a él inclusive aquellas reveladores de sus defectos. Estas palabras hicieron revivir en mi memoria la definición de la humildad que aprendí de alguien, probablemente de un sacerdote: que el humilde es aquel que ve y juzga las cosas tales cuales son, incluyendo las propias flaquezas lo mismo que las contrarias.

Recuerdo bien cómo cuidó durante mi estancia en Arequipa. Me hospedó en la residencia de una señora peruana llamada Doña Cristina, y el Padre iba con frecuencia solo para saber como la pasaba yo.

Era un portento en la lengua española que la hablaba como un verdadero español. Yo le oí hablar en maltés, y se afanaba por notar alguna semejanza entre dicha lengua y nuestro tagalo, pero no lo conseguí. Me dio como recuerdo una téssera maltés y los primeros sellos malteses que he visto en mi vida.

Su enseña en mi lista de la amistad es: Mi amigo Obispo maltés ahora y siempre.

R.P. DONATO DE GENOVA O.F.MCap. Desde un principio tuve una pronta identificación suya: el sacerdote capuchino barbilanpiño. Con frecuencia pensaba yo humorísticamente que era un capuchino de contrabando por no tener barbas. Las barbas desfiguran algo la impresión sobre la edad, aumentan los años. La falta de ellas, los reducen, afortunadamente en cuanto al P. Donato que me dio la impresión de ser desesperadamente joven para sus treinta años cuando por primera vez le trate.

Las características físicas indican la raza a la que la persona pertenece y así como cada raza tiene sus rasgos peculiares, así también cada tipo de espiritualidad. Hay dos clases de espiritualidad que estoy casi segura de poder distinguir ya a la segunda conversación: la Salesiana y la Mariana. Aquélla tiene la nota distintiva de sencillez, la segunda, la de dulzura, y ambas, la alegría. Por eso, fue fácil adivinar que el P. Donato era Esclavo de María. En posteriores visitas, quedó confirmada la primera impresión que tuve de él. Es partidario del ideal de la Verdadera Devoción de Montfort, y por tanto de la esclavitud de María. Este hecho lo movió a bautizar su praesidium, con el nombre de Regina Cordium, una invocación favorita de los devotos de la esclavitud de amor.

Muchos son pobres corresponsales; pocos son casi irremediables, pero el P. Donato es mi más irremediable. He aquí un vivido extracto de su misma confesión de fracaso en lo tocante a escribir:

5 de julio de 1954

Carísima Joaquina:

El 27 de mayo, fiesta de la Ascensión de N.S. había comenzado a escribirle una cartita, que no llegó al correo por no haber logrado terminarla. En lo que refiere a escribir cartas, soy un deudor empedernido. Me dicen los míos que si escribo es un milagro. Bueno, aquí me tiene con usted y... el milagro está hecho. Ojalá, dirá usted que no se conforme con un milagrito y se trueque en TAUMATURGO. La verdad que no puedo comprometer a tanto, pero le aseguro que he hecho hasta hartarme el propósito de hacer de vez en cuando algo extraordinario, v. g. escribir. Creo que a mi se me puede colocar en la categoría de los "sepultados vivos" de quienes habla el Mons. Quarenghi de M. Robinson (autor de la novela "El Cardenal") al reiniciar las relaciones epistolares con el Padre Stephen. No escriben, pero recuerdan. Si usted me concede el honor de compararme con dicho Monseñor, le diré que en ningún momento le he olvidado: a través de sus cartas, de las de Monseñor Untiveros y de Olga he ido viendo como en una cinta sus peripecias, sus viajes, sus triunfos; sus quejas... y hasta sus sentimientos. Y si no toma a mal, le diré que no me merezco el que me haya desterrado de sus relaciones epistolares. Dios quiera que no le parezca demasiada frescura o sinvergüencería (usted ha cometido el error de enseñar a los legionarios a ser sinvergüenzas) Les había dicho que no debían avergonzarse de hacer el bien, pero por el juego de palabras de no "tener vergüenza" en mal sentido les sirvió de diversión lo que les dije| sin señalar límite alguno) pero le diré que estoy extrañando sus letras, especialmente los cachitos de Vida y Milagros... ¿Cómo puede usted pretender que yo, aprendiz de Taumaturgo en catas, llegue a auténtico milagrero, si usted no persiste en enseñarme el camino? Esto que le acabo de decir no quiere ser ningún reproche, sino tan sólo una gracia que le haga a usted olvidar, si quiera por un rato, mi pecado original, originalísimo de no escribir. Ojalá halle yo un sacramento que me lo borre".

Los capuchinos tienen una manera curiosa de identificarse. Al pronunciar sus votos religiosos, dejan su nombre de pila y toman otro: también dejan el apellido y adoptan en su lugar el nombre del lugar de nacimiento. Los italianos posponen el apellido materno al del padre. El nombre seglar del P. Donato es Giovanni Battista José Sebastián Gabella Coraiglia. Sus apodos no son menos: Pino (de Guiseppino, i. e. Joselito) y Pinocho porque en invierno suele tener la nariz como la del héroe de la historieta "Pinocho".

Con sólo recordar los dos primeros múltiplos de 11 tendráis la fecha de su cumpleaños: 11 de enero de 1922. Nació del matrimonio Giovanni Gabella Croce y Rosa Corsiglia Bazzurro, siendo el quinto y el menor de los hijos: Delly, Luigina (religiosa), Aurelio (sacerdote) y Mario que murió en Rusia durante la guerra.

Nació en Génova, por eso su nombre capuchino es P. Donato de Génova. Debió de ser chiquillo picaruelo, porque ya en sus años de teologado, todavía tomo parte de flagrantes picardías que eran consecuencia de su temperamento alegre. Cuenta como cierta noche, por ejemplo, un grupo de los alumnos de Teología convinieron en atemorizar a los PP. del convento. Simularon un asalto de bandidos, con tiros y toda suerte de armas defensivas, con el propósito de asustar a los Superiores, inclusive al provincial que estaba entonces de visita. De propósito dejó de relatarme las consecuencias de aquella malévola travesura del pícaro grupo. No lo sé. Pero de pronto, el P. Donato debió de haber gozado dando rienda suelta a su pasatiempo favorito la práctica del tiro. También le gusta la mecánica y la natación. Como auténtico italiano, le encanta la música clásica.

El P. Donato es un sacerdote de posguerra fue ordenado por su Eminencia, el cardenal jesuita Pedro Boetto, arzobispo de Génova. Su iniciación en el sacerdocio fue en grande: fue capellán del trabajo en el puerto de Génova y más tarde, por un año, capellán de un hospital grande de Génova llamado "Duchessa Galliera". Pero su ambición espiritual aspiraba a más, por lo que pidió ir a las Misiones. Fue enviado a Perú en 1948 donde llegó a ser párroco de la iglesia de San Pedro, de Chorrillos, de Lima, donde le traté por primera vez. Estuvo enseñando algún tiempo en las secundarias y en el Seminario y es Director Archidiocesano de la Cofradía de la Doctrina Cristiana.

Es lingüista, pues además de su lengua materna, el italiano, conoce el español, francés, latín, algo de inglés, griego y otros idiomas.

El P. Donato prefiguró el ideal de "aggiornamento" mucho antes que el amado Papa Juan XXIII ascendiera al trono pontificio. Ya por los años 50, le gustaba por lo menos en deseo, ir de paseo por las calles sin el hábito, para pasar inadvertido, pero añade prudentemente: "sólo fuera del Perú", a fin de evitar escándalos y malos juicios cuando todavía la modernización de la Iglesia no se había universalmente concebido.

Viajar alrededor del mundo ha sido y aun es uno de sus sueños. No dejó pasar la oportunidad de visitar el Brasil cuando se celebró el Congreso Eucarístico Internacional de Río de Janeiro, era su colega como director espiritual, el Canónigo Untiveros a quien ama cariñosamente. Recuerdo vivamente cuán molesto se sentía el Padre Donato con las emanaciones de los tubos de escape de los destartalados autobuses públicos de Río. Pensaba que se veía obligado a tragar humo todo el tiempo ¡qué incomodidad!

Su carrera legionaria queda registrada en el capítulo histórico del Perú, pero los datos adicionales disponibles acerca de él no son menos sobresalientes.

A mi averiguación sobre cómo llegó a ser legionario, el Padre Donato me dio esta sorprendente respuesta: "Me hice legionario conquistado por Joaquina Lucas un amor de legionaria, que sabía hacer simpática hasta la disciplina".

Por supuesto, "la belleza está en los ojos de los que miran", y para él aparecí simpática en mis explicaciones. Doy gracias a Dios por haberle dado esa feliz impresión. A decir verdad, dada su juventud y su alegría, al tiempo de nuestra junta preparatoria me preguntaba en lo íntimo del corazón si aprobaría y aceptaría o no la Legión, A primera vista, la gente joven de ordinario siente repulsión ante los aspectos sobrios de la disciplina legionaria.

Me alegro, por consiguiente, de confirmar mi propia opinión de que una razón por la que muchas veces no es eficaz el reclutamiento es ésta: que los legionarios tienden a presentar la Legión a quienes tratan de reclutar como un sacrificio y méritos sin fin, en lugar de presentarla como una alegría de la verdad. Porque, ¿qué alegría puede exceder al servicio de la Hermosísima Señora, Madre del mismo amor? La disciplina es necesaria, cierto, mas presentarla desvestida, sin su capa dulce de promesa y éxito, produce una decepción de la que es difícil arrancar a la triste víctima.

En su apreciación de los valores de la Legión, el P. Donato pone la disciplina en segundo lugar. He aquí las cosas que más le gustan de la Legión en el orden de su preferencia: "el espíritu mariano, la disciplina y el heroísmo del apostolado legionario". Para él el heroísmo es una pulsación de deber lenta, sin pretensiones, constante que gradualmente consume el fuego legionario de esfuerzo y entusiasmo.

Él fue mi primera gran emoción cuando llegó a ser el primer Director Espiritual del Consejo de la primera Curia organizada en Perú, la Curia Coronata establecida en Chorrillos, su sede parroquial. Actualmente, tiene tres praesidia bajo su tutela.

Le pregunté qué dice o qué hace para que la gente diga o comente de esta manera: "¡Tenía que ser el Padre Donato quien lo hiciera o dijera!" Y respondió: "Me imagino nada bueno... quizá fastidiar al prójimo... quizá explosiones de mal genio".

En mi archivo sentimental, está señalado como el firme Director Espiritual capuchino sin barbas que me llamó amor de legionaria por haber presentado la Legión con simpatía... y probablemente también con calor. Recuerdo así mismo sus censuras a las jóvenes que usaban faldas cortas precursoras de las minifaldas de hoy.

OLGA LEONOR VERGARA GONZALEZ DE CHOY. Olga, alias Olguita vivía justamente frente a la iglesia. Es de Misa y Comunión diaria. Y además es una señora libre de ocupaciones. Con estas dos circunstancias que rodean su vida, yo esperaba ver su nombre inscrito en todas las asociaciones parroquiales. Pero no; Olga jamás se había afiliado a ninguna de ellas. Con frecuencia me preguntaba si se había negado o sencillamente había pasado inadvertida por las reclutadoras.

Olga era, pues, terreno virgen en el que la Legión de María podría echar semillas de alta calidad. Estando casada con un marido simpático y estando bien acomodada, tenía amplia oportunidad para dedicar toda su vida al apostolado, para hacer que todos sus dotes se desenvolvieran en toda su plenitud por su asociación que alardea de su habilidad singular para exprimir toda la potencialidad de sus miembros.

El Padre Donato le dio, para que lo leyera, el folleto "Victorias de la Legión". Dice ella que lo leyó, le gustó mucho y resolvió afiliarse a su primera organización. El tiempo que emplea un secretario en redactar las actas no se considera como parte del trabajo substancial legionario y pocos podrían estar en mejor condición para tener el tiempo "extra" necesario para la secretaría. Como se podía esperar fue nombrada primera secretaria del Regina Cordium, el primer praesidium de Chorrillos, y en tal hizo una labor maravillosa. Su conocimiento de la mecanografía y la taquigrafía favoreció su trabajo de secretaria. Habiendo demostrado su capacidad y celo fue nombrada para un cargo tras otro. Llegó a ser Presidenta del praesidium junior que le gustaba cuidar con atención maternal, y dos veces fue su Tesorera. Al presente es tesorera en alguna parte. Pertenecía a mi "Praesidium Viernes", ya descrito antes.

Jamás sospeché que no era peruana. Me enteré de que era ecuatoriana en mis últimos días de estancia en Perú cuando me presentó a sus parientes ecuatorianos. Olga nació en Guayaquil, Ecuador. Nació en marzo, el 04 de dicho mes para ser más precisos, fiesta de San Casimiro. Se casó joven, a los veinte años, el mismo día de la fiesta de Ntra. Sra. de Guadalupe, en 1937, en Lima. Su esposo, don Alberto Choy, es un refinado caballero chino no católico (Cuando se escribieron estas líneas, aún no era católico, desde entonces, me llegaron noticias de que se había hecho católico Don Alberto) del tipo de un hombre callado que no ama más que a su esposa y su hogar. No tienen hijos. Fueron mis gentiles huéspedes durante mi segunda estancia en Perú. Viven en una hermosa casa moderna en Chorrillos, frente a la iglesia de San Pedro, Chorrillos.

Olga me produjo la impresión de ser la favorita en todas partes. Su marido la idólatra; sus parientes afines la miman. Se sienten en familia con sus parientes afines chinos y éstos con ella. Una vez me llevó a visitarlos y tuvimos una espléndida comida china. Sabe cómo usar los palillos y podía entenderlos con lo poco que parece saber del chino. Sus padres murieron cuando aun era niña, fue criada por sus abuelos que han debido de mimarla.

Pero Olguita no usa mal de estos dones generosos del Señor; al contrario, se dedica devotamente a su servicio. Pasa su horas libres en la oficina parroquial, ayudando. Cuando el Padre Donato dice que no hace más que molestar al prójimo, debe de pensar en la solicitud con que siempre sirve Olga. Acude a ella para muchas cosas menudas de los trabajos parroquiales.

Olga es una eficiente ama de casa. Tiene habilidad culinaria, le gusta hacer tartas que comparte con sus amigos. Conoce la debilidad de los sacerdotes de su parroquia en lo tocante a las viandas, y ella se deleite "mimándoles" en ocasiones".

Hay un decir castellano que reza: "Ni feo sin gracia, ni guapo sin tacha". Clasifico a mi querida amiga Olga en el lado de los "guapos" y anoto algunas cuantas cosillas que vician su carrera en la tierra, si puede decirse así: ella misma revela que es muy sensible y muy dada a dormir. Daría la impresión de ser un "bicho perezoso" es muy aficionada a su cama y le cuesta mucho levantarse a las 5:30 a.m. Estando de interna en el colegio, debió de haber recibido algunos castigos a causa de su aparente "pereza". Muchos son aficionados a la bebida; a Olga se le podría decir de broma que es aficionada al sueño.