Una fórmula para conversiones (*)
Por FRANK DUFF
www.legiondemaria.org


 

¿Hay alguna fórmula que nos sirva para traer a los hombres a la Iglesia? Si la hay, debemos a toda costa hacer uso de ella, porque a la Legión le ha sido asignada esa tarea particular para que la lleve a cabo en gran escala por todas las partes del mundo. La Legión parece poseer una especial aptitud para esa empresa; ha tomado a ésta tanta afición como el proverbial pato al agua. Esa aptitud debe venir a la Legión de lo alto más bien que de dentro de ella misma, porque la Legión a primera vista parecería ser la menos adecuada para esa labor. No es ningún organismo de intelectuales, ninguna agrupación de eruditos. Y asimismo lleva un nombre que no la recomienda particularmente al personal de fuera de la Iglesia, a saber, ¡el nombre de María!
Si pues, por decirlo así, somos conducidos por la Gracia a través de este camino, debemos hacer todo lo posible por corresponder. Deberíamos intentar poner en práctica una técnica, y luego luchar por mejorar nuestros métodos. Es claro que nuestra fórmula de conversión no puede ser tan precisa como una fórmula matemática. En ella intervienen muchos factores variables, algunos de ellos invisible. Debemos considerar tres cosas: la voluntad de Dios; nuestra propia voluntad; la voluntad de la persona que tratamos de convertir. Por supuesto, podemos presumir cuál es la voluntad de Dios en este respecto. Ella consiste en que todos los hombres se conviertan y vivan. Podemos dirigir nuestra propia voluntad y en este sentido podemos contar con ella. Con respecto a una tercera persona, hay que decir que no sabemos cuáles son sus disposiciones, sus intenciones, o lo que hará; nosotros sólo podemos hacer todo lo que esté de nuestra parte para ejercer influencia sobre ella.


DIOS QUIERE LA CONVERSION DE TODOS LOS HOMBRES

En primer lugar, tratemos de trabajar sobre líneas de conducta razonablemente buena que estén basadas sobre la fe. La fe sola no será suficiente, y por tanto nuestras acciones deben tener en sí mismas cierto grado de valor. Debemos contribuir en la medida que podamos; debemos estar dispuestos a hacer verdaderos esfuerzos; no debemos calcular con precisión cuánto esfuerzo hay que emplear en cualquier caso particular, ni tratar de tomar un camino fácil que nos lleve a un determinado contacto. Pues observad que aunque en un caso hayamos llevado a cabo un esfuerzo "excesivo", ese excedente" será encauzado por algún otro canal. Ni debemos tratar de averiguar qué persona parece representar para nosotros mayor garantía de éxito. Observando únicamente desde fuera, podemos a menudo equivocarnos. Por tanto recordad: Dios quiere la conversión de TODOS los hombres.
Si nuestros miembros son pocos, nuestro propósito de llegar a todos los hombres será imposible de realizar. Pero no serían pocos si todo católico se convenciera de que debe hacer apostolado. En nuestras manos está el hacer que aumente el número de nuestros miembros.
Sería un error pensar que los agentes de conversión deben ser eruditos, pues la historia apunta hacia otra dirección. Los cristianos de los primeros tiempos de la Iglesia eran sencillos y a menudo iletrados, no obstante propagaron la fe cristiana hasta los confines del mundo conocido.

¿Qué decir respecto a los tiempos actuales? Cuando Monseñor Riberi marchó a China, fue entrevistado por la prensa e interrogado respecto a sus propósitos. Respondió que éstos eran la conversión de toda la China. Le preguntaron cómo llevaría a cabo empresa tan gigantesca. Su respuesta fue que dicha tarea podría realizarse mediante la movilización de todos los católicos de China a fin de poder establecer contacto con todos sus compatriotas. Sus interlocutores eran incrédulos. ¿Creía él realmente que semejante cosa era posible, y de serlo, de qué modo? A lo que respondió: "Mediante la Legión de María".

 

SED SENCILLOS, DIRECTOS, CONCISOS, POSITIVOS

En nuestro acercamiento a los no católicos debemos procurar ser sencillos. Los protestantes no quedan impresionados por una lógica rigurosa sobre religión. La palabra "teológico" suena bien en nuestros oídos, pero a ellos les parece poco menos que siniestra. La consideran como las personas corrientes considerarían la argumentación de los abogados, esto es, como algo que puede hacerse para probar cualquier cosa. Por lo mismo no deis palos en el aire, sino exponed la doctrina de la Iglesia de un modo directo y conciso. La noción de una Iglesia que continúa la vida de Nuestro Señor y está investida con su conocimiento de la Verdad y su derecho a enseñarla es sencilla, atrayente. Ateneos cuanto os sea posible a esta norma. Una vez admitida esa realidad, ella incluye todo lo demás, en tanto que los argumentos complicados acerca de muchos detalles sólo pueden terminar de la misma manera que cuando el gatito juega con la madeja de lana, ¡en una formidable confusión!

A los protestantes debemos hablar del catolicismo, no del protestantismo; ¡del catolicismo y no del comunismo a los comunistas! ¡Al dirigiros a un budista habladle de un modo positivo acerca del catolicismo! La norma debería ser la de exponer la doctrina católica, no la de manifestar conocimientos respecto a esos otros credos ni la de combatirlos.

 

ELUDID LA CONTROVERSIA

Al tratar con protestantes no deberíamos permitirles que nos atacasen (como es su intención), en tanto que nosotros nos contentamos con un plan de acción basado en la mera defensa. Recordad siempre cuando discutáis con un protestante que éste no tiene derecho a hablar de lo que él dice que es protestantismo, porque en la práctica no hay dos de ellos que estén en acuerdo en la doctrina. Os subrayo esto porque es importante, pues si una persona puede pretender ser la intérprete de una iglesia o de una gran corporación, se ha colocado a sí misma sobre un plano muy superior al del mero individuo. Un protestante no tiene derecho a hablar más que a sí mismo. De lo único de que pueden gloriarse hoy día los protestantes por estar de acuerdo es de no sentir con la Iglesia Católica. El protestantismo se ha convertido en una total negación. Constituye una buena y eficaz norma tener en cuenta que los protestantes están dolorosamente convencidos de esto, de que están insatisfechos de su situación, y de que aceptarían todo aquello que se les presentase como la Verdad. Tratad de comunicársela vosotros. Absteneos de la controversia, esto es, no les ataquéis. Aprovechad cada una de sus objeciones para exponer la doctrina católica sobre el punto en cuestión.

 

CRISTO, NUESTRO MODELO

Al acercarnos a los hombres con la intención de convertirlos, es claro que deberíamos tomar como modelo a Nuestro Señor mismo. ¿Qué hizo Él en caso semejante?

El Nuevo Testamento nos hace una descripción acerca de sus métodos. Su manera de aproximarse a los hombres era sumamente sencilla, segura, única. No hay nada que haga suponer una larga discusión. Exponía su doctrina con sencillez. Como ejemplo típico tomad aquel pasaje de San Juan en el que se describe a Nuestro Señor anunciando la Eucaristía. Esa alusión a una idea tan extraordinaria fue hecha de un modo que podríamos juzgar como excesivamente llana. Sus oyentes hicieron objeciones y no obstante El no discutió. Se contentó con reiterar su declaración. No dio explicaciones. No volvió a llamar a los que le abandonaron. Les dejó marchar.

Al mismo tiempo que exponía su doctrina, Nuestro Señor obraba milagros.

 

HACED USO DE LOS MILAGROS

Si ése es el modelo que se nos ha dado, ¿cómo debemos reproducirlo? Sus acciones son nuestro modelo. Ahora bien, dada nuestra naturaleza, podemos exponer la doctrina y demandas de la Iglesia. ¡Pero no podemos obrar milagros! Es verdad, no podemos, pero no es necesario. Exponemos la doctrina de la Iglesia aunque no la fundamos, y aducimos como prueba milagros que no hemos hecho. Esta cuestión de los milagros es, creo, importante, y no obstante el apostolado moderno decididamente descuida este aspecto de las cosas. En verdad, estamos inclinados a pensar que perdemos, por decirlo así, autoridad si nos apoyamos en los milagros, como si el entendimiento fuera el plano sobre el que debemos operar, y que nos hacemos un poco infantiles echando mano de los milagros. Y por lo mismo no alegamos como prueba los milagros. Echamos mano de la lógica más admirable y luego nos admiramos de que aquellos a quienes hablamos no se conviertan. La lógica no hace sobre esas personas el mismo impacto que sobre nosotros. Ah, pero recordad que han oído poco más o menos los mismos argumentos en defensa de cualquier otra causa; de manera que hoy día un argumento, por bueno que sea, no convence y lo único que hace es aturdir. Pascal dice que la Verdad puede pasar desapercibida entre millares de sofisterías del mismo modo que la Eucaristía puede pasar escondida entre el pan ordinario.

Por consiguiente, debemos tratar de salir de ese punto muerto en el que ambas partes discuten y luego se queden donde están. 
Debemos hacer algo sorprendente que no pueda ser rechazado de plano como lo es nuestra lógica por la lógica de nuestros adversarios. ¡Sí, debemos hacer milagros! Debemos hacer como Nuestro Señor hizo en circunstancias similares. Debemos estremecer y espantar a nuestro auditorio para que escuche y piense.

 

LOURDES: "FABRICA DE MILAGROS" DE DIOS

Cuando leéis los Evangelios, hallaréis que se describen muchos milagros. Fueron tan numerosos que San Juan declara que por más libros que se escribieran, éstos no podrían contenerlos a todos. La Iglesia reproduce la vida de Nuestro Señor en todas fases y por tanto debe obrar milagros como Él los obró y por la misma razón, a saber, para confundir y convencer. En todas las edades han florecido esos milagros. Durante mucho tiempo el canal de los mismos fue el conjunto de los grandes santos obradores de milagros, cuyos hechos parecen increíbles cuando se leen. Me refiero a santos como San Vicente Ferrer, San Bernardo y San Francisco Javier, cuyos milagros fueron numerosísimos. Pero hace aproximadamente un siglo, se operó un cambio en los métodos de Dios. La era de los prolíficos obradores de milagros tuvo su fin, y en su lugar Nuestro Señor estableció lo que podría llamarse una fábrica de milagros. ¿Por qué hizo semejante cambio? ¿Tendré la osadía suficiente de adivinar la razón? Bien, antes de ese tiempo el pueblo era mucho más sencillo. Si un santo hacía un milagro, era aceptado como tal. Pero la Revolución Francesa altero ese orden. Proclamó a la ciencia como al nuevo Dios. No existían, decía la nueva ciencia, milagros ni cosa que se le pareciera. Estos eran o bien un fraude perpetrado por la Iglesia para sus fines siniestros, o bien se debían a causas ocultas psicológicas o científicas. Cuando esa duda fue inculcada hábil y metódicamente en la mente del pueblo, se hizo muy difícil el combatirla. Pues hubiera sido imposible ir siguiendo a los santos para presenciar sus milagros y someterlos a examen científico. No obstante, si la nocion de los milagros no había de quedar frustrada, debía tener lugar la investigación crítica. Por consiguiente en el preciso momento en que (dicen los historiadores) las teorías de la Revolución Francesa se habían propagado, esto es, hacia la mitad del siglo diecinueve, Dios cambió de táctica y fundó su "fábrica de milagros". ¡Esta fue Lourdes!

 

LOURDES Y CANA

Hay algo que constituye época en Lourdes como centro de milagros. Este se halla en cierto modo dentro de la misma categoría a que pertenece el Milagro de Caná, llamado en el Evangelio el principio de los milagros. Como en Caná, es Nuestra Señora quien preside en Lourdes. En Caná el milagro fue obrado a ruegos suyos, hecho mediante Ella y por Ella. Esto nos recuerda que Ella es también un factor indispensable en la obra de la conversión. Por lo mismo no "restéis importancia" a Nuestra Señora. Esto constituye un error que se comete ordinariamente en nuestro acercamiento a los protestantes. Quizás pensemos que prescindiendo de María quitamos de en medio una barrera, siendo así que estamos impidiendo que sea quitada al no invitar a la Mujer de Caná.

Del pequeño hoyo escarbado en la tierra por los dedos de Bernadette brotaron entonces unas gotas de agua que ahora se han convertido en millares de litros diarios.

En la misma cantidad se producen los milagros. Estos son innumerables. Sólo una insignificante fracción de ellos son contados, todavía menos son admitidos oficialmente. Los torrentes de milagros y favores menores obtenidos en Lourdes son incalculables. No hablo de ellos. Ahora voy a referirme a los grandes milagros aceptados como tales.

 

LA REPLICA MODERNA A LOURDES

Como Caná, Lourdes es un lugar especial. Se ha establecido allí una oficina médica y dicho departamento investiga con todo cuidado los casos sometidos al mismo. Y permitidme que os diga que no lo componen individuos crédulos. Por el contrario, son escépticos hasta el extremo requerido por su importante cometido. Están convencidos de que Lourdes se halla allí para dar testimonio de la fe católica, y de que esto sólo tendrá lugar probando irrefutablemente que los milagros son debidos al divino poder y no a otra causa. Y por lo mismo hacen invitación a todos los médicos y científicos para que vengan y vean; para que lean todos los documentos y se entrevisten con las personas a las que conciernen los hechos. Muchos científicos -creyentes los unos, y otros no creyentes- aceptan esta invitación y van a Lourdes.

Deberíamos conocer los resultados de esas investigaciones. Pero pocos católicos los conocen, como lo demuestra el hecho de que fácilmente se les tapa la boca con lo mucho que les dicen acerca de la fe curativa, de la autosugestión, de las impresiones fuertes, del hipnotismo, y cosas semejantes. Se afirma categóricamente que tales fenómenos naturales explican los milagros, y la mayoría de los católicos conoce tan poco los hechos que no están en disposición de responder a esa clase de argumentos. Pero el hecho es que nada se acepta en Lourdes que pueda ser el resultado de cualquier proceso natural. Si pudiera serlo, no sería aceptado como milagro.

¿Qué dicen los científicos que han llevado a cabo investigaciones en Lourdes? ¿Acaso dicen que se trata de fe curativa, de impresiones fuertes, etc.? No. Admiten libremente que lo que está teniendo lugar supera sus conocimientos. ¿Se convierten ellos? Algunos sí, pero la gran mayoría no. Y este último hecho es en sí muy importante. Demuestra el modo de pensar de hoy día, la actitud en el presente. Dicen: "Realmente no hay ninguna explicación de nosotros conocida o de la ciencia de hoy día para estos pretendidos milagros. Pero un futuro avance de la ciencia suministrará la respuesta. Hace cien años los rayos X habrían sido considerados como un milagro, no obstante hoy día no constituyen más que un conocimiento elemental y además curan ciertos tipos de cáncer. ¿No es probable que dentro de algunos años habremos identificado este admirable poder operado en Lourdes?"

Todo esto parece posible a las mentes de hoy día, deslumbradas como están por los descubrimientos científicos que culminan en las maravillas del átomo y en los planes para los viajes espaciales. Así pues, ¿no sirve de nada hablar a los hombres apoyándonos en los milagros? Sí, sirve. He estado defendiendo que lo debéis hacer así. Pero no antes de que poseáis vuestros argumentos a fin de poder discutir con esas mentes modernas y sus objeciones científicas". Haré algunos comentarios.

 

LA RESPUESTA CATOLICA

Eso que dicen los científicos acerca del "rayo maravilloso" de Lourdes es tan fantástico que recuerda un refrán antiguo que venía a afirmar que sí rechazamos lo milagroso pronto nos hallaremos profesando lo absurdo. Trataré de explicarme.

En primer lugar, ¿por qué obra ese rayo maravilloso en favor de la Iglesia Católica? ¿Por qué aboga de esa manera por nosotros? ¿Por qué ha huido de las manos de los científicos que se hallan investigando semejantes maravillas y ha penetrado en aquellos que de ningún modo le buscaban? ¿Por qué hace bien en todo caso, y no hace mal a nadie? Los rayos X pueden curar algunas clases de enfermedades, si bien por otra parte pueden dañar a los tejidos y en algunos casos ejercen una influencia destructiva. Mas este gran nuevo rayo de Lourdes no hace daño a nada, y puede curar todo tipo de dolencias posibles, aun enfermedades completamente opuestas.

 

HISTORIA DE UN MILAGRO

¡¡¡Pero además de todo eso, ese rayo maravilloso de Lourdes es capaz de PENSAR!!! Os voy a referir un caso en el que no se puede negar la presencia de una Inteligencia y que además muestra que no nos hallamos ante ningún rayo maravilloso o fuerza natural, sino que estamos en presencia del poder de Dios. Es el caso de una joven de la Bretaña, una maestra, que cayó gravemente enferma. Le aplicaron los rayos X y el diagnóstico reveló que la paciente sufría de un cáncer en grado avanzado en la base del estómago, cáncer que había penetrado en una parte del hígado. Se acudió a la cirugía. Se halló que el cáncer había avanzado ya demasiado para que se le pudiera extirpar y ni siquiera tocar. Había obstruido por completo la salida del estómago hacia el intestino. El único remedio era modificar radicalmente el circuito intestinal, abriendo una salida por la otra parte del estómago que todavía no había sido invadida por la enfermedad. Así se hizo. La enferma pareció curada; comenzó de nuevo a comer, recobró las fuerzas, y volvió a su trabajo. Pero el cirujano dijo privadamente al director del centro escolar que debía buscar otra maestra; que la enfermedad se estaba propagando con rapidez y pronto obstruiría la abertura artificial.

Y así fue. Al cabo de algún tiempo los antiguos síntomas se repitieron. De nuevo la joven se vio incapaz de ingerir alimento alguno. De nuevo fue examinada. Los rayos X mostraron que el cáncer se había ahora extendido por toda la base del estómago, obstruyendo la nueva entrada a los intestinos. Y ahora el hígado se hallaba completamente afectado. Se llegó a la conclusión de que ningún alivio se conseguiría con otra operación, y la paciente fue abandonada a su suerte. La extenuación y la debilidad llegaron hasta el extremo. La joven entró en el último período de la enfermedad. Ahora se hallaba a las puertas de la muerte.

Por este tiempo había una peregrinación de su ciudad a Lourdes. Aunque parecía probable que falleciera en el camino, fue admitida en aquella peregrinación en calidad de inválida. Habiendo llegado viva fue alojada en el Asilo. La primera mañana fue llevada a la piscina. Estando en el agua le sobrecogió un dolor tan violento en el estómago que le hizo proferir gritos. Fue llevada de nuevo al hospital, y al cabo de poco tiempo dijo que sentía apetito y que deseaba comer algo. Esto causo asombro, pues debéis recordar que hacía algún tiempo que no había podido probar alimento. Se le dio de comer y pudo retener el alimento. Luego declaró que sentía estar recobrando las fuerzas y que deseaba intentar andar. Se le puso de pie sobre el suelo. Caminó sin dificultad, cosa que humanamente hablando hubiera sido imposible. Pues además de hallarse completamente débil, los músculos de sus piernas estaban reducidos a la mínima expresión. No obstante caminaba. Quienes se hallaban en torno a ella se convencieron de que algo extraordinario había tenido lugar. Fue llevada a la oficina médica y se le practicó un examen superficial. El cáncer antes perceptible al tacto, no podía ahora localizarse. Se le dieron instrucciones para que una vez en su casa informase a sus médicos, a fin de que éstos le practicaran un examen detenido. Terminó la peregrinación pudiendo andar como una persona sana. De regreso en su casa llevóse a cabo una minuciosa investigación. Hallóse que había desaparecido todo vestigio del cáncer tanto en el estómago como en el hígado. Hallábase perfectamente curada. ¡Pero ahora viene lo que supone la presencia de una Inteligencia! La abertura artificial había quedado eliminada. Habían desaparecido todos los vestigios de la operación quirúrgica. El recorrido del sistema intestinal que en dicha operación se había establecido quedaba ahora deshecho. Se había restaurado el antiguo circuito y no aparecía rastro alguno de intervención quirúrgica.

 

COMO HACER USO DE LOS MILAGROS DE LOURDES

Fácilmente podemos imaginar algún rayo científico o fuerza que atacara ciegamente a un cáncer, afectándole de tal modo que la naturaleza fuera capaz de completar la cura. Pero no podemos concebir una fuerza ciega que alterase cuanto la operación que había llevado a cabo.
Si realmente existe semejante rayo maravilloso, éste sobrepuja a la naturaleza, porque es inteligente. Sobrepuja al hombre, porque revela un genio y una potencia que excede completamente a la capacidad humana. Diagnostica en un instante la dolencia oculta y la cura con la misma rapidez. Ni las medicinas, ni los tratamientos, ni los bisturíes son necesarios. Si pudiera hacer todo eso, ¿cuáles son sus limites? ¿No le sería posible construir un aparato de televisión o cualquier otra cosa, instantáneamente y sin materiales? Como simple proposición, lo uno es tan factible -o tan ridículo- como lo otro.
No. Como he dicho, nos hallamos en la presencia de Dios.
Una de las más hábiles objeciones que a menudo se proponen es la de que nadie vino jamás a Lourdes con una pierna artificial y se fue con otra de carne y hueso. Es cierto, pero tampoco leemos en el Evangelio de Nuestro Señor que le hubiese nacido una pierna a una persona que la había perdido. El Señor pudo haber hecho esta clase de milagros, pero por alguna razón basada en sus propias leyes, no los hizo. Y la Iglesia ahora no hace más, pero tampoco menos que cuanto Él hizo.
Existen otros hechos admirables en la moderna Caná. Aquel arroyuelo que brotó de un terreno seco por entre los dedos de Bernardette, se ha convertido hoy en una caudalosa corriente. Además, el agua de cada piscina se cambia solamente una vez al día. Durante éste recibe en rápida sucesión las más terribles enfermedades de que la carne es presa. No obstante al final del día el agua se halla estéril; no hay gérmenes en ella. Este es el constante milagro de Lourdes. Y los camilleros concluyen el día bebiendo un buen trago de ese agua en la que han estado sumergiendo a los pacientes.
No he tenido intención de entregaros un tratado acerca de Lourdes o acerca de la conversión, sino una fórmula, esto es, unas pocas ideas que cualquiera de vosotros puede emplear. Ahora la reduzco a sus elementos básicos: Presentad de la manera más delicada y sencilla posible la doctrina de la Iglesia Católica: después aducid -como Nuestro Señor hizo- algún milagro en justificación de esa doctrina. Procurad aducir pruebas suficientes de que se trata de un milagro, es decir, de que está sobre cualquier clase de fuerza natural o científica.
* Este artículo forma parte del libro El Espíritu de la Legión de María.