Nuestros futuros miembros son los católicos sin compromiso
Por FRANK DUFF
www.legiondemaria.org


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Me veo forzado a decir que gastar un día en una atmósfera legionaria y regresar luego al nivel normal de pensamiento e idealismo, es toda una experiencia psicológica, que no es la de salir de un cuarto abrigado al frío de afuera. La diferencia entre lo que nos inclinaríamos a llamar mentalidad legionaria y mentalidad ordinaria es algo radical. Es una manifestación encuadrada en las grandes divisiones de lo positivo contra lo negativo, del optimismo contra el pesimismo en el seno de una comunidad. Sin duda alguna la Legión ofrece un idealismo práctico, basado en la doctrina cristiana y cuyas tendencias se dirigen hacia el cumplimiento del cotidiano quehacer y al mismo tiempo hacia la santidad, sacando el mayor provecho de ambos mundos, precisamente por saberlos unir en forma admirable. Representa el amor genuino del prójimo, eclipsando lo que ordinariamente es superficial en este campo del amor al prójimo. Actualmente se ha presentado el humanitarismo como sustituto del cristianismo, pero tiende a permanecer impersonal y en el mejor de los casos no es sino una flor sin raíces. En cambio la Legión trata de dividir a la humanidad en personas individuales y su escala de interés va a todo, desde la conversión hasta la recreación, tal como hace el cristianismo.

La Legión en el presente período de pesimismo


Realmente creo que la Legión contiene todo cuanto es necesario en el presente periodo de pesimismo a la futura formación cristiana. Debemos aclarar nuestra mente en lo concerniente a nuestros objetivos. Aparece con claridad que nuestro pensamiento es muy diferente del de los gobernantes y periodistas. Estos concentran sus esfuerzos en grandiosos esquemas, mientras que nosotros nos mantenemos muy modestamente en las líneas de la moral religiosa. Sin embargo, nuestro programa contiene en realidad todo, y no amontona espejismos a la manera de los otros.
Es bastante posible establecer una suerte de paraíso mundanal y forjarse con lo mismo un infierno espiritual. Para muestra, allí está Suecia, donde los graves problemas sociales han sido resueltos a gusto de todos y en sobrada medida.
Allí no hay pobreza ni miseria; y con todo el país es un infierno. El bien informado periódico TIME no lo quiso creer, y para cerciorarse mandó un comisionado especial que investigara ese increíble estado de cosas.
El reportaje afirmó que la realidad era peor que la noticia. Esto le hace a uno preguntar si es esta solución materialista de nuestros problemas lo que necesitamos. Y por poco que se reflexione resulta evidente que es posible solucionar los problemas económicos, pero a precio demasiado caro. De qué le aprovecha a una nación ganar todo el mundo, si al mismo tiempo tiene que sufrir la pérdida de su alma?
En cambio, véase lo que la Legión tiene en su tesoro y lo que puede dar. Su cristianismo lleno de vida e inquietud apostólica trata de extenderse en todas direcciones y derramarse sobre el grande y el pequeño. Está tan llena de ternura como de reciedumbre, de valor como de fe. Sus mujeres son tan valientes como sus hombres, y sus hombres tan finos como sus mujeres. Tiene un corazón para todo puesto donde se trata de servir a Jesús y a su Madre. Hace la limpieza de un cuarto para un inválido con no menor intensidad de espíritu con que aquellas cuatro hermanos legionarios se desplegaron entrando en un área que les prometía una lápida mortuoria en caso de que trataran de promover el catolicismo; o con que los 4.000 chinos legionarios encontraron su cruel muerte.

Esta manifestación de servicio colmado de espíritu no es asunto de selectos y obtenible sólo de parte de grandes personalidades, o como un resultado de un largo entrenamiento especial. No es el producto de estudio y de profundo pensar. Es cosa lograda en forma mucho más fácil, y se halla en capacidad de tratar cualquier problema. Se puede reclutar una persona y meterle a filas y en pocos meses ya se le puede enviar a buscar el martirio. Parece con extrañeza que fuera un cristianismo visto como puro ideal, y sin embargo es para todos.
Es importante tener en cuenta que el legionario no está hecho de mejor material que el no legionario. La materia prima es la misma, pero los resultados son diferentes, como todos lo pueden notar. Y por falsa modestia el legionario no va a obrar de otro modo. El que está en la Legión tiene ese espíritu y su completa filosofía. El que no está en la Legión no consigue lo mismo. Por eso el problema es cómo extender ese beneficio lo más ampliamente posible.

En torno nuestro vemos muchas cosas recomendables. Hay un sinnúmero de movimientos excelentes, pero les falta ese conjunto extraordinario de cosas que se concentran en la Legión: la acción, la doctrina, la actitud para con María nuestra Madre, y otras cosas demasiado numerosas para ser mencionadas. Si salimos con éxito en el plan que nos hemos propuesto, con toda seguridad nuestra era se hará tan espléndida como aquellas del pasado, en las que la Religión rompía sus cadenas y se volvía a poner en triunfante marcha.

La relación con María


Otra razón saludable para extender la Legión radica en su relación con María. Ella es esencial a la Legión. Ella es la Madre de toda alma, y en tal forma que sin Ella el alma no tendría vida. Pero Ella es una Madre que no puede cumplir con su oficio maternal con plenitud, sino con hijos que cooperen con Ella. Por lo mismo, esa cooperación urge de inmediato y debe incluir dos ingredientes: aprecio de su misión y una buena dosis de cariñoso servicio en su honor.

Fuera de la Legión -es una frase general que incluye honrosas excepciones- el alma no alcanza a llenar estas exigencias de cooperación. Por esta razón, aunque no hubiera otra, es importante el que todo el mundo tenga la mentalidad legionaria en este terreno de cooperación mariana. Una pregunta: ¿puede darse en la práctica esta cooperación fuera de la Legión? ¿Puede darse precisamente mediante nuestras obras? Creo que no en forma completa. Me he pasado observando secciones entre las cuales hemos estado trabajando y no he podido discernir en ellas ninguna marcada tendencia hacia la actitud mariana de la Legión. Y me temo que hay una tendencia a mirar en la actitud de la Legión un tanto de exceso, lo que da por resultado el que en forma Inevitable la gente dé pie atrás, marcándose así una verdadera y definitiva deficiencia. Esto sería una ofensa al mismo cristianismo, cosa que el Señor no la puede sufrir. Por eso, lo que nos toca es esforzarnos desesperadamente para hacer ver a todos a María tal como nosotros la vemos, o sea en su actitud de maravillosa sierva y obrera del Señor que transforma todo cuanto Ella toca, porque lleva consigo la fuente de todo bien.

Nuestro deber de reclutamiento


¿En qué medida nos estamos desempeñando en nuestro deber de hacerlos nuestros a los de fuera? El hecho es que no procuramos reclutar en la medida de lo posible. Y no se requiere de mucho para que los fieles entren a la Legión. El ideal no es reunir auxiliares sino miembros activos. Lo que nos pasa es que sólo reclutamos cuando nos falta personal en la obra que nos ocupa, cuando el proceso debería ser al revés: reclutar primero y luego buscar obras adicionales para el nuevo personal. Estamos saliendo seleccionadores y hasta exclusivistas. Y esto nos viene mal.
Pero este proceder no sólo nos privaría de personas capaces, sino nos haría también aparecer como una especie de camarilla. Provocaría oposiciones a la Legión y luego, por un raro desquite, nuestros miembros serían en su mayor parte personas no de gran rendimiento. Si hubiera una especie de resentimiento contra la Legión, no entrarían en ella sino personas de bien marcada voluntad, convirtiéndonos en una sección aparte e impopular, nuestra influencia estaría reducida casi a la nada. He manifestado enfáticamente que esto acarrearía un repudio del conjunto de cosas por las que vive la Legión, lo que sería de verdad una situación lamentable.
Pero en la medida en que el elemento típico de un lugar entra en abundancia a la Legión, la tal oposición considerada arriba desaparecería. Aún más, la visita legionaria y sus demás obras serían vistas con benignidad y se crearla una atmósfera favorable para la extensión universal de un programa maravilloso.



Vengamos ahora al análisis de las razones de este reclutamiento vacilante y mezquino. Me parece que la causa radical son nuestras obras presentes. Estas son demasiado restrictivas y no están en la línea de mi idea de que las personas listas a entrar en la Legión son precisamente los católicos no comprometidos en ningún movimiento. Nuestras tareas actuales no ocupan sino el a una fracción de ese potencial católico, y nada de esto está acorde con nuestro objetivo de alcanzar toda alma con el fin único de hacerle el bien más grande posible.

Un segundo aspecto es el siguiente: ese sinnúmero de no legionarios no tendría gusto de emprender las obras que les estamos ofreciendo por ahora. Por lo tanto, se ha llegado ya a un afrontamiento fuera de toda discusión de un ensanchamiento de nuestras obras. Ante todo, hay espacio para este ensanchamiento en el ámbito de nuestro programa llamado tradicional. No podemos decir que nuestras visitas a casas e instituciones han sido hechas con intensidad suficiente. Una visita dos veces al año a una casa no está dentro de los ideales legionarios, porque con sólo esas dos veces no se ha logrado crear un clima de amistad ni se ha producido un desarrollo. No hay ni asomos de intimidad. No pasado de ser sino una acción simbólica.
Tampoco hemos explotado ese programa tradicional consistente en la cristianización -incluyendo el abrillantamiento y el embellecimiento- de todo aspecto de la vida, como por ejemplo, la acción de mejoras, grupos, clases, clubs, sociedades culturales y hasta clubs deportivos. Para realizar todo esto se impone un acrecentamiento de miembros. Nuevos miembros van viniendo, es cierto, pero en forma tan lenta como para demostrar que es necesaria una alteración radical de nuestro método hasta para llenar nuestro programa tradicional. Pero aún dando por bien cumplido este programa, el título de este articulo seguiría siendo más que una teoría. La multitud católica seguiría estando al margen de todo tipo organizado y con sólo el conocimiento mínimo de la religión, permaneciendo, por lo tanto, fácil presa de la falsa propaganda.
Este rato, tal como está la Legión, no se encuentra en capacidad para atender y recibir a todo ese potencial humano extraño si entrara de golpe. Un ejército ordinario tiene previstos trabajos y esquemas para una posible guerra súbita. Pero nosotros no tenemos ni ideas ni esbozos para recibir a todos los católicos que no se han comprometido en ningún movimiento, si de repente
se decidieran a juntársenos -lo que podría muy bien suceder como resultado de alguna situación especial.

Obras manuales como trabajo legionario


Ahora vengo a lo que es tal vez nuevo en nuestra consideración - la cuestión de aquellos que no quieren hacerse de la Legión en las condiciones presentes. Es el caso, por ejemplo, de un hombre o mujer de última categoría, o el caso de un desempleado de por vida, a quien hemos dado en llamarle el hombre de la esquina. Estas personas pueden tener poca educación, demuestran timidez en sus conocimientos religiosos y exageran sus demás deficiencias. Con este elemento imposible contar para darle el encargo de visitar casas u otra obra que exija hablar de religión. Claro que rápidamente puede ser capacitado para ello, pero por el momento no entiende del asunto. Por lo mismo, como es grande la necesidad que tenemos de estas clases de personas en nuestras filas, urge el que les tengamos preparadas tareas que estén a su alcance inmediato. Nuestra agenda dice que para estos casos estarían las obras manuales. Esta idea ha suscitado alarma en gran escala, diciendo que es cosa ajena a la práctica existente y un cambio de principio. Pero un examen detenido nos pondrá en lo recto. ¿En qué medida es esto nuevo? Tenemos ya incorporadas en nuestras obras cosas como las siguientes:

Obras que incluyen deberes de carácter doméstico, como por ejemplo en nuestras propias posadas; la dirección de clases de varios tipos; oficio de dependientes en ciertos casos; cuidado de niños; supervisión y organización; obras de servicio en general. Todo esto es muy bien visto y ardientemente recomendado por la Legión; y al
Frank Duff, fundador de la Legión de María.mismo tiempo es cosa tan cristiana y en gran parte un testimonio de nuestra sinceridad.

No hay que negar que estos empleos no se cumplen sin un elemento de contacto personal y religioso. Pero por lo mismo el legionario no ha de descuidar ninguna oportunidad de ahondamiento espiritual. En algunos de los casos la oportunidad será pequeña; sin embargo no se ha de creer por ello que la obra no lleva carácter legionario. Y aquí va un caso.

Una viuda de avanzada edad ya no era capaz de mirar más allá de su mano. Su situación se agravó. Un amigo mío, el retirado Superintendente del Hospital mental, tomó a su cargo el cultivar la tierra de la pobre señora. El solitario laboreo no le brindaba la oportunidad de discutir sobre religión, pero, ¿podía darse modo más noble de servir a la religión? Con su generoso gesto habría hecho comentar a toda la región en términos de caridad.

Pongamos también el caso del cansado oficio de cortar pan en nuestras posadas. Solitarias y apartadas, pero a ellas se acogen las personas más destacadas de la Legión.

Es mi parecer que deberíamos guardarnos de imaginar una obra cualquiera de contenido puramente religioso, en el sentido de que se haya de hablar necesariamente de religión a otra persona, como si éste fuera el único modelo que seguir. En la práctica resultaría un modelo ficticio, ya que sólo el apostolado entre multitudes y obras de conversión estarían conformes a él. Lo que creo que debemos hacer es contemplar a Nuestro Señor y a su Madre, los que no emplearon todo el tiempo en proclamar la religión. ¿No podríamos asociar nuestras obras manuales a su carpintería o a sus quehaceres domésticos?

No me parece que hemos de temer un efecto adverso de la tarea más sencilla. La Legión debe ser tomada como un todo. El objetivo de "la religión en forma directa" en nuestras tareas, de ninguna manera es el único elemento santificador. Cada momento ha de tender a ser estimulante y santificador. En la reunión del Praesidium tienen lugar considerables oraciones, una lectura espiritual, la allocutio. Enseguida vienen los informes que son un eslabonamiento de la obra con sus raíces doctrinarias, convirtiendo así toda ocupación en un vivir en Cristo con María.

Además, el legionario está sujeto en cierto grado a todo un juego de cosas tales como la Curia, Congresos, Acies, Reuniones, encuentros auxiliares de reanimación, Patricios, Pretorianos, Retiros, Asuetos, Peregrinatio Pro Christo, MARIA LEGIONIS, y así por el estilo. Nadie puede escapar de la potente atmósfera que reina en este amplio círculo de formación.

Es razonable suponer que este proceso total de legionizamiento puede servir para hacer valeroso y firme al que entró vacilante a la Legión, y ha de ponerle el ánimo decidido para emprender obras que no las hubiera tocado al principio. Con gran timidez expongo la siguiente cuestión:
¿Una tarea que incluya una conversación religiosa es más santificadora que el laboreo del campo de la anciana aquella y el pasarse cortando pan, cuando estas obras manuales son hechas en el espíritu del idealismo legionario, esto es, en unión con Jesús en sus quehaceres campesinos -lo que debió tener lugar muchas veces- o con María grandemente ocupada en la diaria rutina de la casa?

Se han levantado voces de temor de que se llegue a abandonar el artículo vital de nuestra Regla que requiere una OBRA SUBSTANCIAL. No se está tocando ninguna de nuestras reglas. Hemos de continuar insistiendo en la obra substancial, y de su cumplimiento están encargados el Praesidium y la Curia.

Este ensanchamiento de nuestras obras no es cosa que se ha de imponer en forma revolucionaria, por lo mismo que nuestra vigorosa consigna es "evolución, no revolución". Lo que en forma inmediata está sucediendo aquí es una ampliación de nuestra mirada y luego un procedimiento de ir hundiendo con tino los principios con función de cuñas. Este ha sido nuestro método desde el comienzo. Hemos puesto a muchos a experimentar, y como cada paso ha sido con fruto, han sido luego asignados más numerosos a la obra. La cuña ha sido hundida en forma completa. Una obra grande y nueva se ha desarrollado.

Nuestro deber es experimentar


Ahora vengo a algo que miro de suprema importancia en la Legión, porque es un principio que le concierne a su vida misma. Nuestro deber es experimentar. Esto significa arriesgar, entrar en terreno desconocido y que puede ser peligroso. El sistema es capaz tanto de absorción como de rechazo. Muchos ejemplos de rechazo se han dado en nuestra historia. Muchos podrían quedar sorprendidos al saber que en los primeros días nos dimos a las experiencia de la idea del estudio como una obra dentro de nuestro programa de trabajo. Pero nos dimos cuenta de que estábamos errados- claro no en la acción de experimentar sino en el objeto experimentado-. Por eso tuvimos que desistir de ello en forma completa. Y podría ser que tengamos que desistir también de otras obras experimentales en nuestro proyecto de ensanchamiento. Pero a pesar de un fracaso así, nuestro idealismo ha de quedar intacto, por lo mismo que una de sus consignas es no quedarse nunca estáticos ni darse jamás de satisfechos, y otra es no asustarnos, como tan hermosamente lo expresó Newman: "Quien nada aventura, nada se procura. Dárselas siempre de seguro es debilitarse siempre. Y hacer algún bien substancial es la recompensa de muchas imperfecciones casuales".

Atrevámonos en gran medida y supongamos que la Legión cuenta en una pequeña ciudad con quinientos miembros. ¡Y por qué no este número, si se vive la idea de movilizar a todos al apostolado! ¿No significaría esto seguramente, como algunos lo temieron, que nadie hubiera que se entregara a la obra de visitar casas y hospitales? Al presente, los miembros no abandonan las tareas difíciles por otras más acordes a su natural. ¿Cómo acontecería esto en lo futuro? Al Praesidium y a la Curia les toca vigilar para ver si se sacan o no ventajas de la ampliación de las obras de la Legión.

Respecto a las visitas, os he oído, en todas ocasiones, profesar un ardiente aprecio de aquella obra. Habéis declarado el bien que les venia a quienes vosotros visitabais y un bien mayor con que vosotros mismos os beneficiabais. Entonces ¿cómo sería posible que vosotros os retirarais de ello o que apartarais a otros de lo mismo? Las visitas, por supuesto, en vez de decaer se acrecentarían, porque dispondríais de mayor número de miembros. Fuera de los 500 un gran número se comprometería a las visitas, realizándolas en forma correcta y no por simple demostración, como ha ocurrido a veces.

Además, toda otra obra no hecha aún podría ser llevada a cabo a la manera en que el que recibe y el dador se ayudan mutuamente. Todos esos 500 asistirían a sus Praesidia para asimilar la completa educación de la Legión.

Claro que la impresión de todo esto en esa ciudad sería arrolladora hasta tal punto que el deber (cosa olvidada) y el espíritu patriótico (cosa ausente) vendrían a penetrar en su idiosincrasia y la vida sería vivida según las líneas trazadas por el Evangelio.

Una nación está compuesta de sus comunidades. Supongamos lo siguiente, como bien lo formula un documento conocido por vosotros: "Una nación no puede menos de surgir cuando su vida está edificada a elevado nivel y demuestra al mundo el ejemplo de todo un pueblo de fe práctica y que resuelve sus problemas de acuerdo a ella. ¿Quién puede dudar que una tal nación seria una luz refulgente en medio del mundo, atrayéndolo a ponerse a sus pies para que aprenda?". Estas palabras no se pusieron ayer en el Manual. Ellas fueron siempre el objetivo de la Legión.

En cualquier ampliación de nuestras obras no debemos entregarnos a tareas que impidan desempeñar un empleo. Y así debemos mantenernos alejados de aquellas situaciones de necesidad que serían sujetos de contratos ordinarios. Pero también nuestras ambiciones deberían extenderse a todo cuanto puede ayudar a nuestro prójimo, aún a una creación de empleos y la formación de una industria, a mirar por el mejoramiento de nuestros barrios, a utilizar materiales usados.

Nuestras visitas son a menudo a habitaciones y lugares que se hallan en la miseria. Nuestro respeto para aquellos que viven allí nos debería urgir a buscar la manera de arreglar las cosas.

Los ciegos y otras clases afligidas, como también los jóvenes ofrecen infinitas oportunidades de servirles.

Legionarias con buen gusto podrían ayudar a las jóvenes a hacer mejor empleo de sus encantos. Otras cualidades deberían asimismo ser puestas al servicio de los menos dotados.

Nunca hemos oído que legionarios hayan sido enviados a ayudar a las madres de familia para aliviarlas un poco en sus quehaceres domésticos. Muchas de ellas desearían hacerse legionarias, pero no lo pueden a menos que se les ayudara en sus tareas.

Estos y similares proyectos deberían recibir la atención de la Legión, pero no quedarán más que como un sueño hasta que sus miembros estén en capacidad de llenarlos. Esto nos vuelve a nuestro tema: debemos revisar sin contemplación nuestras presentes ideas de reclutamiento y echar nuestras redes a lo ancho y a lo largo para captar ese potencial humano.

Jesús y María fueron ciudadanos de Nazaret. Vivieron con perfección la vida ordinaria de aquella aldea. Toda persona y toda cosa era para ellos objeto del más grande interés. No los podríamos imaginar indiferentes o negligentes en este sentido. Ahora bien, por la ley del Cuerpo Místico, ellos viven en nosotros y en nuestros puestos en un grado no menor de interés, antes más bien con tanto mayor interés cuanto Nuestro Señor vive más intensamente en una comunidad de bautizados que en Nazaret. Esa solicitud tiene que desplegarse mediante el Cuerpo Místico cuyos miembros somos nosotros. Si quedamos inactivos, perjudicamos a los demás, y la solicitud de Jesús y María queda sin efecto.

Este es el carácter de nuestro servicio como comunidad.
 
"Jesús y María fueron ciudadanos de Nazaret. Vivieron con perfección la vida ordinaria de aquella aldea".
 
Debemos contemplar a Nuestro Señor y su Madre, los que no emplearon todo el tiempo en proclamar la religión. ¿No podríamos asociar nuestras obras manuales a su carpintería o a sus quehaceres domésticos?"