“María se dirigió presurosa”
Por FRANK DUFF
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El Misterio de la Visitación es de especial interés para nosotros por muchas razones. Celebra él la ocasión del Magníficat, que todo legionario reza cada día, y representa nuestro ir a las almas con María que lleva a Jesús. Hace de San Juan Bautista, que es nuestro patrono, el Precursor de la salvación, y señala su limpieza del pecado original. Nos presenta a María como estrenándose en su oficio de dadora de la gracia. Igualmente es el momento en que Santa Isabel, llena del Espíritu Santo -como lo subraya la Sagrada Escritura- declara a María única entre las mujeres; y en el que María, no menos inspirada declara de sí misma que todas las generaciones la llamarán bienaventurada. Nótese que el Evangelio que es siempre parco en palabras, dice que Santa Isabel gritó con grande voz, queriendo decir con ello que su aclamación resonaría en el mundo entero y sería escuchado por todos los tiempos. Todo un abundante conjunto de notables circunstancias, como se ve.

 
Magnificat - Botticelli 

San Lucas no bien acaba de decir los abrumadores detalles de la Encarnación, ascendiendo al tremendo clímax en que el ángel le dice a María: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez , y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios". Dijo María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y el ángel, dejándola, se fue." (Lucas 1, 35, 38).

Ha tenido lugar la encarnación. El ángel se retiró, cumplida su misión, y ahora comienza el gran misterio de la visitación. San Lucas lo resume: "Por esos días, María partió apresuradamente a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel".

Cuánta sencillez en la narración de este viaje de María. Unas pocas líneas. Sin embargo ha dado motivo a innumerables santas especulaciones por parte de los escritores espirituales. ¿Por qué partió María? ¿y cuándo? ¿y a dónde? Estas circunstancias no son discutidas a menudo para el pueblo, pero no hay duda que nuestras mentes recibirían de ellas alimento. Por lo cual nos vamos a ocupar ahora de ellas.

En primer lugar, no tomemos como norma el que María haya renunciado de repente a todo y haya dejado por tres meses solo a su esposo prometido, con el mero propósito de felicitar a Isabel y servirle en algo. Por supuesto había entre las dos un lazo de parentesco. Aún más, es tradición que después de la muerte de la madre de María, Zacarías se hizo cargo de ella. Sin embargo nada de esto le obligaba a María a ir. Isabel gozaba de gran situación y no necesitaba de la ayuda de María. Tampoco se daba una obligación de cortesía. Isabel estaba guardando su condición en secreto. Hasta debió haberse escondido. No mandó ni una palabra a María. Debió haber sido más natural para María esperar hasta el anuncio del acontecimiento, el que no tardaría más de quince días.

 
Magnificat - Botticelli 

De modo que para hallar la verdadera razón hay que ir más allá de los sentimientos naturales. Fue María a cerciorarse de las afirmaciones del ángel sobre Isabel? Decididamente no, porque habría significado poquedad de fe, que le pondría a María en la categoría de Zacarías, castigado con mudez precisamente por su falta de fe.

¿Fue María a Isabel para contarle su propio secreto? Tampoco, pues lo venía guardando frente a San José mismo.

¿Fue acaso por el gran papel del hijo de Isabel? No. Porque Gabriel no le dijo a María lo que había dicho a Zacarías acerca del futuro de aquel niño. De modo que María no lo sabía. Esto tan sólo supo de Isabel misma.

Por todo lo cual esas razones han de ponerse aparte. Es suficientemente evidente que el mensaje del ángel en alguna forma comunicó una intimación apremiante de que María había de ir. La nota en la narración es de una pronta respuesta a las instrucciones dadas. Los grandes escritores insisten que el viaje de María fue debido a un impulso irresistible del Espíritu Santo.

Evidentemente su partida no fue al punto; pues el texto dice: "por aquellos días", que indica algún intervalo. "Se podría objetar que esto está en conflicto con las palabras "y se dirigió presurosa". Pero no. Yo creo que la palabra "presurosa" significa propiamente "tan pronto como posible". Ni tampoco hemos de imaginarnos a María toda ella perturbada, sino como quien hace su deber con magnífica y tranquila elegancia. La serenidad sobrenatural de María en medio de las diferentes situaciones de gozo y de martirio es un tema favorito del Padre Faber, jamás estuvo desazonada. Siempre mostró un aire de completa tranquilidad y paz.

Debieron darse preparaciones para un viaje semejante y para la considerable ausencia que se previa. María las habrá hecho con eficacia y prontitud.

¿Qué explicación dio María a San José? El hecho de que Isabel esperaba a un niño era parte de la comunicación del ángel, pero seguramente no se lo dijo esto a San José. Creo que sencillamente la Virgen guardó enteramente la aparición del ángel para sí sola. Porque la conducta posterior de José es la de quien no sabía nada de maravilloso en el fondo. Esto resulta extraordinario por encima de toda medida. Porque parece que María queda elevada a una categoría de fe y de propio control que excede grandemente a la naturaleza humana ordinaria.

¿Cuál fue la ciudad de Judá a la que se dirigió la Virgen? Los eruditos han sugerido nueve diferentes lugares, y han abundado en argumentos para probar los méritos de cada uno. El más probable parece ser Ain-Karim, pues así se concluye de las más antiguas tradiciones. Este lugar está a unas millas al suroeste de Jerusalén.

El tiempo fue, tal como lo sabemos, a fines de marzo. Fue el tiempo de Pascua. La visita prescrita a Jerusalén debió haber sido hecha por San José en forma normal. Las caravanas de peregrinos daban seguridad al viaje. Es obvio suponer que esta parte de su trayecto lo hizo en compañía de José. Algunos dicen que viajó sola. Pero esto no es probable. San Ambrosio declara que María no se movió sino acompañada. La distancia de Nazaret a Jerusalén es de ochenta y nueve millas y les habría llevado a las caravanas unos cinco días. La noche se pasaba en las posadas sobre esteras.

Estos viajes eran extremadamente difíciles. Algunos eran por escarpadas montañas y por torrentes entremezclados con desiertos. Los caminos se arruinaban grandemente con el continuo tráfico y estaban prácticamente descuidados. A poco tiempo, los romanes se pusieron a arreglarlos.

El viaje fue a través de un territorio de gran variedad y de conmovedores recuerdos históricos y religiosos. Al dejar Nazaret salieron de Galilea a través de la extensa llanura de Esdrelón que por esa estación era como un mar de verde trigo. Después cruzaron las colinas de Samaría adornadas de huertos y viñedos. Bajaron por casi toda Judea con el encanto de los árboles y arbustos en esplendorosa primavera. Particularmente las rosas lucían preciosas. Por todas partes los valles y laderas debieron haber estado vestidos de flores y prometedores frutos.

Cada pequeña cosa en aquel viaje tenía una significación abrumadora para la mente de María, tan ricamente abastecida de narraciones de la Historia Sagrada. Cada lugar ha desempeñado algún papel en la historia de su pueblo; y cada uno tocaba una cuerda de gozo o de pena en su
Frank Duff, fundador de la Legión de María.corazón. Dos nombres deben despertar nuevos y maravillosos pensamientos en ella: Betel y Silo, en cada uno de los cuales había habitado por un tiempo el Arca de la Alianza. Por ahora ella sabía que era Ella misma la verdadera Arca de la Alianza. Después de Silo, la Santa ciudad misma se presentó a su vista.

Debió haber habido una especie de acuerdo para que San José no fuera más allá de Jerusalén y para que la Virgen hiciera la corta distancia de cinco millas hasta Ain-Karim sin él.

La Escritura describe a Isabel en estricta vida privada, cuidadosa toda ella hasta el último momento para evitar la sensación que causaría la publicación de su preñez milagrosa. Se cree que residía ella en una villa de propiedad de Zacarías, cerca de su casa en Ain Karim. Santa Elena construyó una iglesia en el sitio de la villa, que permanece aún como una ruina.

Los visionarios dicen que Isabel estuvo sobrenaturalmente advertida de la próxima visita de María y que aún habló de ella a otros.

Ahora retornemos a San Lucas: "María entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo". (Lucas 1, 40-41).

¿Cuál habrá sido la forma de salutación dada por María? No hay duda que habría sido "Paz contigo" mientras ponía su mano sobre su corazón.

En el momento en que María hablaba, el espíritu de profecía llenaba a Isabel, la que declaraba la maravilla que había sido obrada en ella. Luego demostró que con la misma iluminación conocía lo que había sido hecho a María, cuyo brillo inmortal procede a proclamar:

"¡Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!" (Lucas 1, 42-45).

Estas palabras: "Bendita tú entre las mujeres", por exaltadas que sean, no son una traducción que diga todo el sentido del original hebreo que se habrá expresado en el superlativo más alto. Una autoridad lo explica así: "Entre las mujeres sólo tú puedes ser declarada bendita. Las bendiciones de los demás no pueden en modo alguno ser consideradas en comparación a las tuyas".

María responde con el himno de los himnos, el Magníficat, su confesión de ser Ella la Mujer de los tiempos, la Virgen esperada que ha de producir la Semilla que salvará al mundo ¡Oh, qué momento! El tema de incontables escritores y pintores, pero que se ha escapado al genio de todos ellos.

Se cree que María llegó a Isabel muy a la tarde. Por esta razón el Magníficat está asignado como el Cántico Vespertino de la Iglesia.

A la voz de María, el secreto de la Encarnación fue revelado a Isabel, Juan fue santificado, el Espíritu Santo llenó a Isabel y habló por medio de ella a todas las generaciones. En estos momentos fue cuando María fue mostrada en su oficio permanente en la Iglesia: La siempre dadora de Jesús, la siempre coadjutora y mediadora de Jesús.

La Escritura dice que María se quedó como tres meses y luego regresó a su casa. Piensan algunos que el regresó de María fue antes del nacimiento de Juan, basándose en que el versículo siguiente se refiere al nacimiento de Juan, lo que parece indicar que tuvo tugar después. Pero no hay tal cosa, es una traza común, en San Lucas. El termina un episodio antes de ponerse hablar de otro, que tiene lugar al mismo tiempo, y es esto lo que a veces pone dos acontecimientos fuera de su natural desarrollo.

Algunos argumentos justifican la creencia de que María no regresó a casa antes del nacimiento de Juan, sino más bien se quedó. No estaría conforme a la plenitud de la caridad el que María se despidiese en el momento preciso en que su presencia se hacía más deseable. Hay que recordar que en la avanzada edad de Isabel, el alumbramiento era de gran riesgo. Muchos escritores antiguos como Orígenes, San Ambrosio y otros insisten en que María se quedó para el nacimiento de Juan y hasta para la circuncisión que debía realizarse al octavo día.

San Buenaventura nota que San Juan tuvo a la más maravillosa de todas las nodrizas: a María. Esto no hubiera acontecido si no se hubiera quedado. María acabaría la misión para la que había ido. Terminaría la que había comenzado, esto es la preparación del precursor de su hijo. Todo esto lógicamente nos hace imaginar cómo María le habría tomado en sus brazos y le habría estrechado junto a Jesús, al que estaba referido en forma inexplicable, y cómo lo habría bendecido.

Por lo mismo es de creer que también estuvo María presente en la circuncisión y en el momento de la imposición milagrosa del nombre. Otra prueba estaría en que los detalles de la natividad de San Juan, de la curación de Zacarías, y de las profecías del Benedictus, fueren lo más probablemente comunicados a San Lucas por María misma, que debió ser la única sobreviviente que testificara de estos acontecimientos.

Esos tres meses de estarse juntas María e Isabel debió ser un período estupendo. Las dos eran las únicas entre toda la humanidad en saber la Encarnación. El acontecimiento más grande de todos los tiempos era un secreto para ellas solas ¡y sin embargo el cínico dice que las mujeres no pueden guardar un secreto!

Notemos que no solamente las dos mujeres se hallaban allí en gozoso encuentro. También sus niños todavía no nacidos, el Mesías y su Precursor, estaban allí. Imaginémonos a María e Isabel hablando arrebatándose de admiración y rezando juntas en la constante presencia del misterio de la Redención, y con el niño Dios en su medio.

 

En aquel lugar hay una fuente, antiguamente llamada Neftos, pero ahora llamada la Fuente de María. Sus aguas son tan abundantes cerno antes cuando daba riego al valle. María e Isabel deben frecuentemente haberse sentado junto a ella. Dice la tradición que a menudo María descansaba junto a sus aguas oyendo con gozo sus murmullos.

Es probable que María hizo todos los pañales y el ajuar para San Juan, tal como más tarde los trabajó para su propio hijo. María era costurera experta. Luego vino el nacimiento de Juan y su circuncisión. Para admiración de todos, como bien lo enfatiza San Lucas, el padre indicó que el nombre debía ser Juan. Los parientes y vecinos protestaron contra esta decisión que se apartaba de un nombre de familia, porque no sabían que el nombre de Juan había sido ordenado por el ángel.

Pero Zacarías insistió y al punto su lengua se desató de su mutismo y se puso a hablar bendiciendo a Dios. Luego se llenó del Espíritu Santo y entonó el profético Benedictus (Lucas, 2, 67-79), el Cántico de Laudes. María de Agreda, a quien por supuesto no estamos obligados a creer, asegura que así como justamente con la palabra de María al llegar a la casa de Zacarías, que Isabel y Juan se llenaron del Espíritu Santo, igualmente antes de su partida, por su oración, Zacarías quedó libre de su desgracia y se llenó del Espíritu Santo.

Se cree que San José vino a Ain-Karim a llevar a María a casa.