Los Ángeles
Por FRANK DUFF
www.legiondemaria.org

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Imagen principal, tomada de una portada de la Revista Maria Legionis, dice: En el cuadro de la portada nuestro artista -también en esta vez Gerald O'Byrne- se ha tomado piadosas libertades con un variado número de temas. En primer término, se expone el momento de la Anunciación que la Legión de María considera como fiesta central, y que San Luis María de Montfort designaba como la fiesta de la "Verdadera Devoción". En torno a esta fecha -25 de Marzo- la Legión reúne a sus miembros para presentarlos ante su Reina y Madre, a fin de que renueven ante Ella el homenaje de su fidelidad en la ceremonia del "Acies". El cuadro pone de relieve otras dos notas. Conmemora la admisión de dos nuevas invocaciones en las oraciones de la Legión. Actualmente todo el mundo legionario está invocando a San Gabriel como a uno de sus patronos. Pero aquí la Legión debe golpearse el pecho y reconocer su falta. De tal manera San Gabriel está íntimamente ligado con el esquema devocional de la Legión, que Él debió haber figurado entre sus patronos desde el principio. ¿Podríamos leer en este cuadro de la Anunciación, como una idea secundaria, la recepción de San Gabriel dentro de esta clasificación? Luego el cuadro trata de representar a la Legión Angélica en formación militar a órdenes de María su Capitana. No hay título más excelso de entre sus más notables que el de Reina de los Ángeles. Este toca las profundidades del misterio. Por eso cuando la invocamos con este título, tocamos las alturas. ¡POTESTADES TODAS DEL CIELO, LEGIÓN ANGÉLICA DE MARÍA!

 
Mi tema es elevado: el de los Ángeles. Ellos ocupan un lugar maravilloso en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Allí aparecen representados en línea paralela a nuestros combates, tomando un intensísimo interés en nosotros y haciéndose sentir en todos los eventos de la vida.

Al leer las Santas Escrituras uno queda impresionado por la expresión "Dios envió a su Ángel", que se repite casi a cada paso. Si me pongo a hacer cuentas, hallo como 300 referencias a los Ángeles en el Antiguo y Nuevo Testamento.

San Bernardo insiste en que es de especialísima necesidad el que tuviéramos una positiva devoción a los Ángeles. Es tan grande su oficio respecto a nosotros que debe imponerse en nosotros la obligación de corresponderles siquiera con alguna atención. Se trata de una necesidad, dice el Santo.

Los Ángeles sufren grandemente en el proceso de nuestros esfuerzos por hacérnoslos visibles a nosotros mismos, esto es, por medio de estatuas y pinturas. Estamos tan desprovistos de toda noción de cómo son los Ángeles, que lo que nos resulta cuando queremos representarlos es algo lastimoso. Generalmente les damos formas afeminadas e indignas. A los poderosos Querubines que juegan con las estrellas como lo haría un niño con su pelota les pintamos a menudo como niños de cabellos rizados y con alas.

Vigilancia Angélica

Los Ángeles tienen respecto a los animales una función como de pastores. Esta inteligente superintendencia de los Ángeles o de algunos de ellos viene a explicar muchas cosas que nos parecen misteriosas, como por ejemplo la migración de las aves. Es un fenómeno que pasma. Llega un día tal e inmediatamente, al impulso de lo que tan vaga y casualmente nos damos en llamar obra del instinto, se reúnen las aves de toda una región y toman el vuelo hacia otra tierra. Allí permanecen hasta que se repite la señal, y entonces emprenden el vuelo de regreso a su antigua mansión. Es un hecho desconcertante, pero a la luz de una operación angélica eso se hace tan inteligible como lo que vemos hacer a un pastor con sus ovejas.

Manifestación parecida es la peregrinación que con fines bien determinados hacen el salmón y la anguila desde el corazón del océano hasta el río que les vio nacer. Entre todos los ríos y corrientes del mundo entero, al tiempo preciso, saben dar sin equivocarse en el río o corriente en que nacieron. Y no falta quien asegura que precisamente regresan al propio lugar donde nacieron. Allá van a alimentarse y a repasar todo el ciclo de su naturaleza.

Aun los Ángeles caídos han retenido mucho de su antiguo poder. Se cree, y con razón, que a ellos hay que responsabilizar muchas catástrofes de la naturaleza. Claro, que no se les ha dejado hacer del todo de las suyas, porque entonces irían hasta nuestra completa destrucción, ya que poder no les falta. Pero en esto de destruir como en todos los demás aspectos de su poderío y malignidad topan con la fuerza contraria de los Ángeles buenos que impiden su malevolencia, no permitiéndoles más allá de lo que la Providencia de Dios les permite. De esta manera los reales esfuerzos de los Ángeles malos en perdernos y confundirnos quedan en definitiva vueltos en bien nuestro, gracias a estos nuestros aliados angélicos.

Los Ángeles y la Legión

Las oraciones de la Legión invocan con especialidad a los Ángeles. En los días de la formulación de los rezos legionarios no sé cómo se metieron en ellos los Ángeles. Por ese entonces ningún legionario pensaba en los Ángeles. Si hubiéramos sido preguntados cuál era nuestra actitud hacia los Ángeles, habríamos; tenido que decir que era una actitud incompleta. No estábamos para apreciar toda la inmensidad de su oficio. Nuestras relaciones con ellos no pasaban de ser individuales, privadas. Con saber que cada uno de nosotros tenía su propio Ángel de la Guarda, nos dábamos por satisfechos sin querer pensar en ningún otro Ángel de la Guarda. Y esto a la verdad es insuficiente. La vida humana pide algo más extenso. Los he descrito como quienes están a nuestro lado en los combates de la vida y como quienes cooperan con nosotros tanto en conjunto como individualmente. En una extensión que no avanzamos a calcular, ellos nos son necesarios. Sin este soporte la humanidad quedaría totalmente destruida por los ataques del enemigo.

Tenemos que confesar que el desarrollo de nuestros pensamientos en torno a los Ángeles ha tenido lugar como por encanto, sin darnos cuenta, como niños. La comprensión vendría después, poco a poco. Y creo que ya ha clareado esta comprensión.

San Miguel y los Judíos

En dos invocaciones aparecen los Ángeles en nuestros rezos. El primero en ser invocado en forma bien determinada fue San Miguel. Tenía que ser así, por lo mismo que el oficio de San Miguel es bien marcado y único. No siempre advertimos por desgracia que San Miguel fue en los tiempos judíos el patrono de en pueblo escogido. Cuando la Iglesia tomó el puesto del pueblo escogido mantuvo el patronato de San Miguel.

No es de maravillarse de que San Miguel siga protegiendo a los judíos de hoy. No es concebible que les pudiera olvidar. Una madre no olvida a su hijo, por descaminado que éste anduviera. San Miguel, cuyo corazón encierra el amor de miles de madres, tampoco podría olvidar al pueblo cuya custodia recibió solemnemente desde el principio de su historia. Quienes andan interesados en la cuestión judía no deberían olvidar este particular. Junto con María, judía, y con José, judío, debería estar el poderoso Miguel en la advocación de todos aquellos que reclaman auxilio en sus afanes.

La segunda invocación era para los Ángeles de la Guarda, corto punto de vista que se mantuvo por largo tiempo, aunque luego se impuso un proceso de esclarecimiento. Primeramente, se nos recordó que debíamos invocar a los Ángeles de la Guarda de aquellos a quienes queríamos ayudarles. Luego, poco a poco comenzamos a ver en la multitud angélica una compañía de confianza y seguridad, una legión celestial que se pone a la lucha en nuestro favor.

Nada más lejos de la realidad.

Esta alianza tiene varios aspectos. Cada Legionario tiene un Ángel de la Guarda íntimamente unido a su vida. Custodio que nunca se duerme. En cierto sentido en las batallas legionarias más comprometido está el Ángel que el mismo legionario. Porque el Ángel ve con claridad lo comprometida que está la gloria de Dios, el riesgo que corre el alma del Legionario y la suerte de todas las otras almas con quienes tiene puntos de contacto el Legionario. Todas las cosas importantes, que nosotros tan solo las vislumbramos, como a través de un cristal opaco, el Ángel las aprecia con agudeza.

Pero no se acaban aquí las relaciones del Ángel. Todos los demás Ángeles se hallan poseídos de un activo interés. Por ejemplo, los Ángeles de la Guarda de aquellas personas con quienes estamos relacionados de alguna manera. Y también los otros Ángeles de la Guarda de todo el mundo se hallan amorosamente comprometidos con nosotros. Así como el corazón de todo Legionario late al unísono con cada sección de nuestro trabajo, así pasa con los Ángeles. Cada Ángel siente con todo hombre. Toda la corte celestial se interesa en la obra de cada Ángel. En esta forma nuestro individualismo se completa en este universalismo. La multitud de todos los Ángeles se comporta con nosotros a modo de una fuerza aérea que vuela sobre el ejército terrestre para protegerlo y encaminarlo. Cada uno es necesario en estas fuerzas combinadas.

Estas ideas presentaron un problema. Nuestro sistema no era consecuente con estos descubrimientos. El Manual los velaba. Las oraciones no los replegaban, con claridad. Se trataba de un caudal de simbolismo y de fuerza espiritual que quedaba sin empleo. Así vendría el desastre por lo mismo que lo que está en juego son las cosas de Dios.

No faltan personas que no entienden la importancia de coger bien el significado total de una doctrina; ¿Para qué tanto detalle? dicen. Con la devoción a los Ángeles nada se ha mejorado. ¿Para qué lujos innecesarios?

No entienden estas personas que la potencialidad, de toda batalla depende de entender lo que se halla detrás de ella. Si en la legión no entendemos las enseñanzas respecto a lo que estamos trabajando, o solo las entendemos en parte, quiere decir entonces que hay una privación de la gracia. Claro que uno no puede ser total en absoluto, pero no nos conviene estar desprovistos de aquello que nos traería una onza más de gracia. Los riesgos son grandes, y hemos de disponer de toda ayuda.

En la Legión disponemos de una máquina de la gracia; debemos comprenderla y hacerla rendir al máximo. Tarea nuestra es sacar de una cosa todo lo que en ella se encuentra de energía.

Nuestra Legión Celestial

He aquí, pues, que nos encontramos en estrecha alianza con los Ángeles. Trabajamos juntos. Tenemos que explotar esta realidad, y la mejor manera de hacerlo es pensarlos como Legión. Nuestro Señor mismo les llamó así, Legión. Es una palabra consagrada por los divinos labios. Perdida en la historia, nos la to rever. La palabra Legión existía en la rotulación de muchas asociaciones, pero en ninguna estaba con el significado espiritual con que se halla en nuestra agrupación.

De recordar es el momento cuando Nuestro Señor pronunció la palabra Legión consagrada a la multitud angélica. Jesucristo se vio amenazado por sus enemigos, entonces les dijo: "¿Pensáis que no puedo pedir a mi Padre y al punto pondría a mis órdenes doce Legiones de Ángeles?". Desde entonces la palabra Legión está santificada, dándonos además a entender Nuestro Señor que se trata de grandes fuerzas celestiales disciplinadas, que están interesadas en secundar nuestros débiles esfuerzos.

Pero me pareció que para que lleguen a ser asimiladas estas ideas por todos los miembros, se imponía un cambio o amplificación de la actual invocación que favorece demasiado el individualismo y un concepto incompleto.

Este punto de vista ya se hizo conocer hace años en el Concilium. Se lo discutió seriamente por varias ocasiones. Se habló de un buen entendimiento, y se resolvió que este asunto se lo tratara en la Legión de todo el mundo.

Un poco antes de las presentes consideraciones, hubo otra discusión en el Concilium sobre las oraciones que rezarían los Legionarios del Rito Oriental o Bizantino. De todos es sabido que el Rito oriental está en gran parte separado del nuestro y se lo conoce con el nombre de Iglesia Ortodoxa. Pero hay una sección de ese Rito oriental que está unido al Papado, manteniendo, eso sí, su distintivo Rito oriental. El Concilium, a ejemplo de Roma, ha permitido el uso de sus propias diferencias a los Legionarios orientales. De modo que están legalmente aceptadas las costumbres diferentes para los Legionarios bizantinos.

Entre las proposiciones que habían de examinarse por entonces estuvieron las que trataban de las invocaciones angélicas. Con gran sorpresa se informó entonces que el Rito griego tenía profundo aprecio del papel de los Ángeles. Entonces se aprobó la siguiente invocación a San Miguel: "San Miguel, Príncipe de la Legión celestial, ruega por nosotros".

Esta invocación la han venido empleando los orientales por algún tiempo. Todo el mundo

conviene en que se trata de una fórmula grandemente expresiva, aunque sale de nuestra costumbre de no dar epítetos a nuestros Patrones. Así, por ejemplo, no decimos: "San José, Patrón de la Iglesia Universal"; tampoco: "San Juan Bautista, Precursor del Señor". Nos contentamos con sólo el nombre. Por lo tanto se trata de una excepción, que no debe tomarse como práctica ordinaria. Pero lo admirable es que sirvió para introducir en nuestras oraciones la idea de invocar a la Legión celestial.
 
Primer protagonista de la Realeza de Cristo, desafiado por los ángeles rebeldes, ha figurado en todo combate como defensor de la Divina Verdad y honor, como tal seguirá actuando hasta el fin de los tiempo.

Luego en lugar de nuestra invocación a los Ángeles de la Guarda, se aprobó para los Bizantinos la siguiente fórmula. "Vosotras las Potestades todas de los Ángeles, rogad por nosotros".

Reina de los Ángeles

En comparación de estas dos invocaciones, las que nosotros usamos son inadecuadas y sin colorido. Hay que convenir en ello. Pero son mucho más ricas que todo el simbolismo y pictorismo bizantino. Hemos de recordar que María, nuestra Reina, es también Reina de todos los Ángeles. Pero en nuestras oraciones no expresamos este concepto. Nuestro saludo legionario a los Ángeles debería ir incluido en el saludo a María en su nobilísimo título de Reina suya. Así se subrayaría más y más la estrecha relación entre la batalla de los Ángeles y la nuestra, pues de ellos y de nosotros es María la Capitana.

Para lograr tal intento ya se propuso circularmente a todos el cambio de la invocación a los Ángeles la Guarda por esta otra: "Vosotras todas Potestades de los cielos, Legión de Ángeles de María, rogad por nosotros". Esta es una paráfrasis del tercer verso del Te Deum, con inserción del nombre de María.

Así se llega a la idea completa, aunque a primera vista pareciera una fórmula pesada. Lo es sin duda, pero no se ha hallado otra para mejorarla. Y tenemos que contentarnos con la plenitud de la idea, aunque nos falte la agilidad en la frase.

Fueron algunos los legionarios que nos han objetado la pesadez de la fórmula. Lo mismo se dijo en el Concilium, pero ahí se discutió con calma y despacio. No hay prisa. Si no hay tiempo para discutir la fórmula en una reunión, lo habrá en la del siguiente mes. Pero no pasa lo mismo con la Legión de lejos. Es casi imposible trasladar al papel toda una discusión.

Invocación a los nueve coros

Salta a la vista la forma de la invocación: "Vosotras todas Potestades de los cielos". Ya no nos circunscribimos a nuestros personales Ángeles de la Guarda. Se ha eliminado la nota del Individualismo. Rezamos: "Vosotras todas Potestades de los cielos". Allí son invocados los nueve Coros de los Ángeles, que aquí los nombro para refrescar la memoria: Ángeles, Arcángeles, Querubines, Serafines, Potestades, Principados, Tronos, Virtudes, Dominaciones.

Esta es una celebrada pintura de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, se dice fue hecha por San Lucas. Las letras mayúsculas en griego dicen: Jesucristo; Madre de Dios; Arcángel Miguel y Arcángel Gabriel.

Se objetó en el Concilium diciendo que esto era crear nuevos Patrones. Lo que solo demostró la necesidad de un cambio, pues los legionarios no advertían que la actual invocación se dirige a todos los Ángeles. Creían que solo se invocaba a una parte de los Ángeles. No solo los Ángeles y los Arcángeles reciben el oficio de guardianes, sino también cada miembro de los nueve coros, para guardar ya a personas, ya a ciudades, provincias, naciones. Las Dominaciones, por ejemplo, guardan a Ángeles menores.

Y María es la Capitana de todos los nueve coros.

Otro punto interesante es saber por referencias de las Santas Escrituras que aún los reinos paganos tienen sus Ángeles de la Guarda. El hecho de vivir en el error no les priva de la ayuda celestial. Aún más, los mismos infieles, los ateos, los odiadores de Dios, tienen su Ángel de la Guarda. Por lo mismo en nuestro trato con estas personas no deberíamos descuidar de invocar a su Santo Ángel.

San Gabriel y la Legión

También se propuso otra sugerencia en el Concilium y ahora está estudiándose en toda la Legión. Y es la de que en vez de nombrar solo a San Miguel se lo haga en compañía de San Gabriel. Otra vez el ejemplo del Rito Bizantino que casi nunca separa en sus invocaciones a los dos Ángeles tal como nosotros juntamos los nombres de San Pedro y San Pablo. En un Misal bizantino, el 8 de Noviembre se lee: "Fiesta de los Santos Miguel y Gabriel y de todas las Potestades celestiales". Es una Misa maravillosa, en la que constantemente son invocados juntos los dos poderosos Ángeles. Juntos son saludados como campeones, príncipes, jefes del ejército celestial; capitanes de los Ángeles, siervos de la gloria de Dios, guardianes y guías de las criaturas humanas, y jefes de los seres incorpóreos. Invocarles, pues, juntos a los dos Ángeles sería una buena imitación de la Liturgia bizantina u oriental, y vendría en ventaja de la gran Reunión hoy tan deseada.

Curioso documento el cuadro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, cuyo original es venerado en la iglesia de los Redentoristas de Roma. Allí aparece: dos Ángeles a los lados llevando los instrumentos de la Pasión. El que está al lado de la Virgen es San Miguel y el que está al lado de Jesús es San Gabriel.

Se ha propuesto que San Gabriel fuese invocar a parte en nuestras oraciones, porque el no hacerlo parecería una extraña anomalía y un defecto, por lo mismo que lo exige nuestra filosofía. El es el Ángel de la Anunciación, que es el punto céntrico de: la devoción legionaria. Se cree que fue El, el Ángel de la Guarda de Nuestra Señora. Hablamos a menudo de la Legión como una suerte de proyección de María. Este pensamiento nos llevaría al de creer sin temor a equivocarnos, que San Gabriel es el Ángel de la Guarda de toda la Legión, ya que ésta depende de María como un niño de su madre y toda su obra es buscar la gloria de esta Reina.

Fue mediante San Gabriel por quien la Santísima Trinidad hizo llegar sus cumplimientos a María, y por El mismo dio por primera vez la revelación de la doctrina de la Trinidad a la humanidad; por El fue anunciada la Encarnación y declarada la Inmaculada Concepción, San Gabriel inauguró el Avemaría pronunciando la primera parte. Son sus palabras las que repetimos millones de veces al día, y en ellas tiene su fundamento el Rosario.

Amigos de los Ángeles

Desde que estas invocaciones fueran propuestas circularmente en la Legión, nuestra atención se fijó en la Asociación llamada de los Filángeles o Amigos de los Ángeles. Está extendida en todo el mundo y goza de un patronato distinguido, con la presidencia ocupada por el Eminentísimo Cardenal Godfrey de Inglaterra y con miembros entre los cuales se hallan esclarecidos Obispos. Su nombre mismo está indicando que su fin es extender la devoción a los Ángeles. Las mismas certidumbres de esta Asociación respecto a los Ángeles y al puesto que éstos ocupan en la humanidad las que han producido las invocaciones propuestas. Si al tiempo de nuestra discusión nos hubiéramos conocido con los Filángeles, ya hubiéramos podido enviar a toda la Legión la abundante literatura sobre los Ángeles que ellos poseen.

San Gabriel es el mensajero de Dios a la humanidad, representada por María Inmaculada. El diálogo de la Anunciación no tuvo sólo un sentido, el probar la Realeza de María, sino el trato de Alianza entre la sociedad Angélica y la humanidad redimida.

La oración especial que ellos rezan a los Ángeles dicen haber sido compuesta por el Venerable Sacerdote Cestac en 1863. Por un rescripto de San Pío X del 8 de julio de 1908, esta oración está enriquecida con 300 días de indulgencia. Concluyo este artículo copiando la oración: "Reina de los Cielos y soberana Señora de los Ángeles, que recibiste de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de satanás, manda, te lo pedimos humildemente, tus santas legiones de Ángeles, para que bajo tus órdenes vengan en persecución del enemigo por todas partes, resistan sus feroces ataques y lo echen a los abismos".

     
     

Imagen principal, tomada de una portada de la Revista Maria Legionis, dice:

En el cuadro de la portada nuestro artista -también en esta vez Gerald O'Byrne- se ha tomado piadosas libertades con un variado número de temas. En primer término, se expone el momento de la Anunciación que la Legión de María considera como fiesta central, y que San Luis María de Montfort designaba como la fiesta de la "Verdadera Devoción". En torno a esta fecha -25 de Marzo- la Legión reúne a sus miembros para presentarlos ante su Reina y Madre, a fin de que renueven ante Ella el homenaje de su fidelidad en la ceremonia del "Acies".

El cuadro pone de relieve otras dos notas. Conmemora la admisión de dos nuevas invocaciones en las oraciones de la Legión. Actualmente todo el mundo legionario está invocando a San Gabriel como a uno de sus patronos. Pero aquí la Legión debe golpearse el pecho y reconocer su falta. De tal manera San Gabriel está íntimamente ligado con el esquema devocional de la Legión, que Él debió haber figurado entre sus patronos desde el principio. ¿Podríamos leer en este cuadro de la Anunciación, como una idea secundaria, la recepción de San Gabriel dentro de esta clasificación?

Luego el cuadro trata de representar a la Legión Angélica en formación militar a órdenes de María su Capitana. No hay título más excelso de entre sus más notables que el de Reina de los Ángeles. Este toca las profundidades del misterio. Por eso cuando la invocamos con este título, tocamos las alturas.

¡POTESTADES TODAS DEL CIELO, LEGIÓN ANGÉLICA DE MARÍA!