Joseph Gabbett
Por FRANK DUFF
www.legiondemaria.org

 

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Este es un artículo hasta ahora inédito del hermano Duff en el que trata nuevamente la historia de la pre-Legión.

La Legión, como supongo cada institución en la historia, tiene sus raíces y esas raíces estuvieron en tierra durante algún tiempo antes de que ellas surgieran como la propia Legión, y sólo Dios sabe cuan lejos se remonta la providencial preparación de la Legión, porque hemos visto que ese discreto evento representaría una parte muy significante en la historia de la Iglesia Católica. A propósito, el objetivo de mi charla a ustedes esta tarde, será sacar casi de la nada, hasta donde pueda hacerlo para un nombre noble. Voy a hablarles de Joseph Gabbett, que estuvo involucrado en la pre-historia de la Legión.

En octubre de 1913, que parecerá prehistórico a muchos de los más jóvenes aquí presentes, yo me uní a la Sociedad de San Vicente de Paúl. Era la "Conferencia Nuestra Señora del Monte Carmelo" y funcionaba en el priorato de la Calle Whitefriar. El presidente en ese entonces era John T. Lennon, una persona maravillosa que a su muerte era secretario de ese famoso cuerpo conocido como "Renevue Commissioners". El secretario de la Conferencia era Diarmuid O'Hegarty, más tarde uno de los líderes de la Independencia de Irlanda. Él murió hace algunos años como Director Jefe de la Junta de Trabajo. Yo asumí como secretario de la Conferencia en mi tercera reunión.

A comienzos del siguiente año, esto es en 1914, recibimos una carta de Tom McCabe, otra figura poderosa de la que algún día u otro debo hablar realmente con ustedes con el mismo propósito: mostrarles un grande del pasado. Esa carta era de un reproche profundo. Él nos reprendía severamente por permitir que exista en nuestra puerta trasera una institución proselitista conocida como "Calle Whitefriar 6 ½". Era uno de esos negocios extraordinarios que apuntaba a destetar a los católicos de su Fe por la inducción. Este se había abierto en 1878 durante una de las hambrunas menores del país. Proporcionaba un excelente desayuno gratuito todos los domingos por la mañana, a cambio de asistir a un servicio protestante del que formaba parte un discurso anti-católico amargo. Tenía lugar todas las mañanas del domingo a las ocho. La asistencia era aproximadamente de 150.

Cuando esa carta fue leída, el hermano Lennon pidió que alguien lo acompañara al lugar en un viaje de reconocimiento. Yo me ofrecí de voluntario, sabiendo poco de lo que iba a pasar y hasta donde me iba a llevar. Fuimos allí aproximadamente a las 7:30 de la mañana del domingo siguiente, y después de poco tiempo empezó a llegar la gente al lugar. Quedé estupefacto viendo los procedimientos. Nunca había visto personas degradadas a granel. Es cierto, que uno los podía ver solos en la calle, pero juntos como una muchedumbre el efecto era agobiante. Claro, en ese momento, la pobreza en Irlanda era horrible. Usted entenderá que no había ningún beneficio social para ese tipo de personas. El Seguro Nacional de Salud completo para las personas que lo requerían, apenas se instituyó en 1911. Pero por sobre esa anterior evidente desmoralización, había todavía un hecho peor: que las personas que asistían a esos lugares, inmediatamente abandonaban la práctica de su religión.

El proselitismo mediante ese método estaba por todas partes. Había por lo menos media docena de instituciones trabajando en Dublín para cubrir cada una de las carencias de los necesitados. Otro centro grande de desayuno gratuito, se desarrollaba en el Hall Metropolitano en calle Abey. Esta fue la que llamó la atención de Tom McCabe y Tom Fallon.

Nosotros estábamos parados allí y poco después el Hermano Lennon abordó a una señora que entraba en el lugar y llevándola un poco más lejos le pidió le informara sobre el lugar. Yo seguía mirando y contando. Una mujer se me acercó y me preguntó si yo estuviera interesado en el lugar. Le dije que sí lo estaba. Me señaló entonces a un hombre parado a unas 50 yardas de la misma calle, ella me dijo que era el Sr. Gabbett, quien tenía un interés especial en ese lugar y que yo debía hablarle. Bajé por él y le dije la razón por la que estaba allí. Ahora, sólo para darles una idea de él. Él era muy alto, hombre fuerte con feroces ojos y un también feroz bigote negro. Me asombró cuando dijo que para contrarrestar, había hecho todos los arreglos para abrir un desayuno la mañana del domingo siguiente. En esta fase el Sr. Lennon regresó. Yo los presenté y el primer comentario de Lennon fue que él tenía permiso del Padre carmelita Michael O'Reilly, de usar las escuelas en la Calle de Whitefriar para el desayuno, pero cuando oyó hablar de la propuesta de Gabbett, cancelamos el nuestro, y le ofrecimos nuestra ayuda, financiera y personal. Lo primero, lo financiero -fue rechazado. Gabbett explicó que él estaba financiándolo con el aporte de un penique a la semana. Me permito mencionar que él era lo que llamaríamos un hombre de independencia agresiva, por lo que realmente es una verdadera maravilla que él aceptara nuestra ayuda, pero lo hizo dudosamente. Y en eso nosotros nos embarcamos en una aventura que fue destinada a afectar mucho mi misma vida propia.


Gabbett era originario de Limerick. Había servido en el Ejército Británico durante 21 años que incluyeron mucho servicio en la India. Estaba casado y tenía cinco niños. En ese momento él estaba viviendo en Camden Lane, al frente del Hostal Santa María. Él ejercía como vendedor de zapatos pero su trabajo principal era la fabricación de las botas para uso de los oficiales militares. Trabajó para Jordans una tienda que desapareció hace mucho tiempo, entonces famosa, en la calle Grafton. Él era lo que se llamaba un miembro en probación de la Cofradía del Escapulario del Carmen en la calle Whitefriar, que se visten totalmente del hábito en todas las ocasiones de estado.

Se trasladó a la calle Kevin bajo, número 40, y después a South King Street, número 40. La tienda todavía está en posesión de un zapatero, me parece que Clegg es el letrero situado encima de la puerta. Todo ese tiempo él era miembro de la Asociación Pionera de Abstinencia Total y quiero mencionar de paso, que fue debido a que él llevaba su insignia, por lo que por vez primera se concentraron mis propios pensamientos en la Asociación Pionera.

La semana siguiente fuimos a un lugar llamado Chaters Lane 9, a un lado de calle Aungier. Era un establo con espacio en el patio para dos carruajes y en lo alto un alojamiento para el chofer y su familia, y nosotros alquilamos el lugar por diez chelines a la semana. Cuando regresamos todo estaba listo para el desayuno. El pan había sido cortado, el té estaba felizmente hirviendo desde temprano esa mañana. Yo podría mencionar que era famosa la preparación del té de Gabbett, lo que sería suficiente para atraer al establecimiento. Era un rico y muy buen producto. Su color era como el agua que queda sobre la cal. Se decía que era tan fuerte como el whisky.

Todas las mesas estaban arregladas, en una esquina del cuarto estaba una urna que contenía una estatua de Nuestra Señora con jarrones de flores. Esa estatua se había comprado con la recolección del aporte de un penique por cabeza, sólo aportado por señoritas. Gabbett no aceptaría la donación de un hombre. Costó tres chelines y seis peniques, que por esos días eran una suma significante. Esa estatua fue destinada a ser la primera estatua de la Legión, es la que se encuentra en una urna de las oficinas del Concilium.

Aproximadamente a las 7:30 de esa mañana Gabbett bajó a "Calle Whitefriar 6 ½" y anunció a todas las personas que entraban al lugar que un desayuno esperaba ser tomado por ellos en Cheater's Lane. En seguida un número grande se fueron a él donde les dieron todo lo que ellos podían comer y beber, y rechazaron el anterior. Un rasgo de los procedimientos era el discurso de Gabbett -áspero-, áspero pero también eficaz. Él poseía el secreto del éxito de predicar, sinceramente exitoso y completamente entendible. Después de que los procedimientos del desayuno terminaron, nosotros dos, Lennon y yo nos quedamos a barrer y lavar. Después de eso empecé a ir también el sábado por la noche para tomar parte en las preparaciones de la comida. Lennon se rindió después de un tiempo, él no era muy fuerte y sentía la tensión de esta carga extra. Yo continué acudiendo ambos días. Había sólo un par de ayudantes para lo que yo era muy útil. Después de un tiempo nos ofrecimos a dar catecismo a los muchachos y muchachas para la Sagrada Comunión y Confirmación. Y me permito aquí interponer que esos días eran, contrariamente a la imaginación popular actual, días de un extendido abandono religioso.


Yo solo había empezado ya a visitar alrededor de ese sector, sin dar alivio material y encontrándolo muy ventajoso. Desarrollé el hábito de visitar a Gabbett, cuando yo terminaba las visitas, y no importaba la hora, usualmente era como las diez, lo encontraba trabajando aún como lo hacía a lo largo del día. Yo escuchaba, él trabajaba y hablaba. Miraba su trabajo maravilloso porque él era un artesano supremo. De su mano surgió la producción más acabada en forma de botas. Él influyó mucho en mí. Yo nunca me había encontrado con alguien antes que estuviera tan absorto en la religión. Él podía leer muy bien pero sólo podía escribir su nombre. Eso era entonces muy común. Yo me impresioné abrumadoramente de él y gané su corazón completamente regalándole los libros del Padre Faber, los que él apreciaba mucho.

En agosto de 1914 irrumpió la Primera Guerra Mundial, y que pronto llevaría adelante una gran aventura. Un hombre, llamado Pope, miembro de la Iglesia de Irlanda; a propósito, ayudante laico del Capellán protestante del Cuartel Portobello, llamó a Gabbett y le dijo que en el hospital de enfermedades venéreas de esos cuarteles, habían aproximadamente 200 hombres de religiones diferentes, de los que una tercera parte aproximadamente eran católicos, que las sectas estaban muy ocupadas entre los católicos y que los católicos no recibían atención espiritual. Eso exige una palabra de explicación. Cualquier hombre que se encontraba padeciendo esa particular dolencia, era puesto enseguida bajo estricto arresto y encarcelado, y la existencia misma de este hospital no era conocida al momento por las autoridades eclesiásticas.

Sin una palabra de comentario -ése era el estilo de Gabbett- se puso de pie, se puso su chaqueta y se dirigió a los cuarteles. Él se introdujo a su manera, con la fuerza de su viejo registro militar: comprenderán que las cosas estaban en estado de guerra y no era fácil entrar a un cuartel británico. Encontrando las cosas como se le había informado, buscó al Padre O'Loughlin, por ese tiempo coadjutor en Rathmines, y le informó de la situación. Yo podría agregar que el Padre O'Loughlin era el hermano de la señora Kirwan, la primera presidenta de la Legión de María y la primera presidenta del Concilium. En seguida el Padre O'Loughlin nombró a Gabbett como su ayudante laico. Esa condición dio a Gabbett, el derecho de entrar en los cuarteles y moverse en ellos, y, si lo deseara, el derecho de usar el uniforme militar.

Gabbett pidió entonces a las autoridades militares el uso de un cuarto del cuartel los domingos por la mañana para un servicio. Como las otras secciones tenían ese derecho, se lo dieron. Él llegó el domingo siguiente con una estatua de la Inmaculada Concepción -el mismo modelo, pero no la misma estatua. La puso en la repisa de la chimenea al final del cuarto del cuartel, flanqueada por dos velas. Él había pasado previamente por el hospital notificando esto. El servicio que él dirigía consistía en un himno para comenzar y finalizar, el Rosario y una de sus inigualables charlas. Veintidós hombres acudieron al primer servicio. Este número aumentó firmemente hasta que todos los hombres estuvieron asistiendo. Después de un tiempo breve, una capilla de madera fue puesta en tierra. Fue construida por la Iglesia de Irlanda y amueblada conjuntamente entre ellos y el Padre O'Loughlin, siendo el resultado una extraña mezcla. El altar era una fiel imitación católica, y se supone que cuando el carpintero recibió el trabajo, fue a la iglesia de Santa María en Rathmines para echar una mirada, llevando a cabo cuidadosamente todo, incluyendo la imitación del tabernáculo. Ellos no pudieron, según las rúbricas de esa iglesia, poner un crucifijo sobre el altar. Había una cruz de latón plano, pero colgaron detrás en la pared una pintura muy grande de la Crucifixión, a un lado del altar una Madonna, y en el otro un famoso cuadro de Colman Hunt: "Yo soy la Luz del Mundo".

Encontré esto muy sorprendente en ese tiempo y le pedí a Gabbett que averiguara del Padre O'Loughlin por qué este clérigo, el Reverendo Sr. Lamb, no se haría católico, de suyo con toda esa muy avanzada visión. Así que Gabbett me informó después lo que el Padre O'Loughlin le dijo: que el Sr. Lamb tenía diez razones muy buenas, y con toda inocencia yo le pregunté cuáles, me respondió que eran una esposa y nueve niños.

Todos los domingos se celebraban tres servicios en esa iglesia. El Ejército británico tenía una manera bastante simple de subdividir la religión: C. de E. (Iglesia de Inglaterra), R.C. y N.C. (no Conformista) - lo que significaba que alguien que no entraba en las otras dos categorías estaba automáticamente bajo N.C. El N.C. tenía un servicio a las nueve. C. de E. a las diez y Católicos a las 11 y los del N.C. estaban muy desedificados de cómo estaba amueblado el edificio. Casi inmediatamente después el Padre O'Loughlin empezó a llegar en la víspera de los Primeros Viernes para oír confesiones de los hombres y en la mañana siguiente subía a darles la Sagrada Comunión. ¿Y usted podría decir, no había Misa? Él tenía que celebrar la Misa en la iglesia y no podía celebrar otra.

Entonces después de un largo tiempo, debido al movimiento constante de
Gabbett entre los hombres, de tremendas capturas espirituales, muchas conversiones, y algunos de ellos perseverando todo el proceso de principio a fin,
Frank Duff, fundador de la Legión de María.es decir, haciendo de voluntarios, instruyendo, recibiendo y administrando Sacramentos- dos días. Porque aquéllos eran días, en que al momento en que un hombre era certificado por los doctores como libre de la enfermedad, debía regresar al frente inmediatamente. Así que usted nunca podría contar con mucho tiempo y había que hacerlo todo rápidamente. Gabbett ejercía una gran influencia sobre esos hombres.

En alguna fase a lo largo del camino yo había empezado a acompañarlo al lugar. Mi parte en los procedimientos era solamente mirar y admirar. Pronto el trabajo en el hospital se fue extendiendo a todo el cuartel. Ahora, cuando miro atrás, todo lo hecho era extremo, y la empresa no procedía de mí. Era de Gabbett.

Sin ningún permiso él empezó a moverse a través de los cuarteles enteros. Inmediatamente después de que habíamos acabado nuestro servicio, pasaríamos a un cuarto del cuartel y los hombres se reunían, normalmente al fondo, donde estaba la estufa, Gabbett, en su tremendo tono militar gritaba: "¿hay algún católico romano aquí?", e inmediatamente varios de los hombres responderían, "aquí" y Gabbett les pedía ir al centro y reunirse con nosotros. El número que se acercaban era considerable porque en ese momento particular, los ocupantes de los cuarteles eran dos batallones de los Fusileros de Lancashire. Ellos provenían del condado de Liverpool dónde había una población católica grande. Gabbett les dirigía un discurso y este era escuchado con el mayor respeto.

Él finalizaba exhortándolos a usar el Escapulario Marrón y la Medalla Milagrosa. En ese tiempo la Medalla-escapulario Marrón había sido aprobada. Previamente se empleaba el escapulario de tela y nada más. Yo pienso que fue Pío X quien aprobó el uso de la Medalla-escapulario para los soldados. Esto se extendió después al público en general. Nosotros repartíamos esas medallas. Entonces él les insistía, habiéndoles de los peligros del momento y de la gran oportunidad que tenían mientras estaban ahí. Él les exhortaba a acudir a la confesión y Sagrada comunión, y les concertaba una cita para la tarde del día que nosotros iríamos a los cuarteles. Había una considerable respuesta a ello, y en una ocasión tuvimos un resultado más asombroso: 70 hombres se juntaron, los formamos de a cuatro y los llevamos marchando a Milltown Park, dónde cada sacerdote fue movilizado para atenderlos.

Ahora, una tremenda ayuda en ese particular trabajo, y de hecho una ayuda esencial, era un hombre llamado Comandante Mayor Baxter del regimiento. Él era un convertido. Venía siempre a saludarnos de mano cuando nos veía en el patio del cuartel y hablaba con nosotros, y eso era mucho más importante para nosotros que si el Coronel del Regimiento fuera a hacerlo. Todos tenían miedo al Comandante Mayor del regimiento. Después oí que Baxter recibió una comisión, fue enviado a servir en África Oriental durante la guerra y se distinguió allí por su maravillosa bondad a los misioneros alemanes e italianos. Yo siempre pienso en él con emoción y gratitud.


En 1916 allí tuvo lugar la Rebelión independentista, la que produjo un extraño efecto en Gabbett. Lo avivó a una ingobernable furia. Cerró Cheater's Lane -como si eso tuviera algo que ver con la Rebelión- sin nunca consultarme. Me permitió llevarme todos los bienes y muebles del lugar a Myra House donde sirvieron para el uso ordinario, es intrigante reflexionar, que cada artículo que estaba allí, con un sello especial del Cielo, fue destinado a jugar después un papel especial en la Legión. Les he contado sobre la estatua de la Inmaculada Concepción. Había también una estatua de San Patricio, un cuadro del Sagrado Corazón, bancos largos y menaje. Me referiré después a las partes particulares que ellos tocaron.

Es extraño decir que su acción violenta, con la que yo podría discrepar cordialmente, no produjo fricción entre nosotros. Supongo que yo posiblemente era realmente el pequeño muchacho de la empresa. Continué visitándole y reuniéndome con él para trabajar en el cuartel durante algún tiempo. Pero, de repente, como un meteoro en caída se unió el ejército. No hizo el servicio activo a causa de su edad. Fue destinado a Aldershot dónde él era zapatero-jefe, allí se declaró su habilidad notable porque fue empleado en dar charlas a las tropas sobre el cuidado de los pies y los calzados.

Aunque yo no lo sabía al momento ni por un tiempo después, Gabbett había empezado a beber. Continué al trabajo del cuartel en su lugar, hasta el principio de 1918, que fue el último año de la guerra. Entonces el hospital fue transferido a Spike Island dónde tendría un capellán a tiempo completo. El domingo antes de que ellos se fueran, cada uno de los 70 Católicos asistió al pequeño servicio y recibió la Sagrada Comunión.

Gabbett fue licenciado cuando terminó la guerra. Él regresó y reasumió su trabajo normal. Yo lo traje a mi propia Conferencia de San Vicente de Paúl, ahora la Conferencia San Patricio de la que la surgió Legión.

Él estaba alternando justamente entre los prolongados hechizos de escrupulosa abstinencia y los implacables ratos de beber. Se había embarcado en uno de éstos, y yo estaba hablando sobre ello con el Sr. Lawlor que en ese momento era presidente de San Vicente de Paúl en Dublín, quien me dijo: "Usted debe llevarlo a Monte Melleray. Ellos son muy amables con las personas así. Es un famoso lugar de curación."

Yo había oído hablar a menudo de Melleray. Había leído la literatura cisterciense, me aterraba la austeridad del lugar como la narraban los escritos. Así que lo llevé y esa visita fue destinada a tener un efecto grande en nosotros dos. Llevó a la asociación con la gran Abadía que ha persistido hasta el momento presente y a su muy inmenso interés en la Legión. Todos ellos son miembros auxiliares y nuestros emblemas están en los mosaicos de ambos lados del altar mayor.

Una de las cosas de nuestra visita fue esto: nos dijeron un día que el Señor Abad deseaba vernos y nos llevaron a la sala de espera para esperar su venida. Ninguno de nosotros había hablado alguna vez con un personaje tan importante y éramos un manojo de nervios, y nos preguntábamos cómo debíamos dirigirnos a él. Así que, Gabbett dijo -con una voz muy profunda- yo sé lo que le diré. "¿Y qué será?". "Abad yo soy Gabbett", yo lo mencioné en ese lugar, lo que llegó como el fuero salvaje a las orejas del Abad, el que quedó divertido.

Gabbett normalmente era muy serio. Sus pensamientos siempre estaban en los problemas, pero él tenía un sentido del humor que ocasionalmente surgía. Yo podría contar algunas anécdotas pero el tiempo no lo permite.

Ahora me refiero a la pregunta de todas los cosas que nos llevamos de Cheater's Lane. La estatua de San Patricio produjo una costumbre interesante: nosotros la pusimos en la repisa de la chimenea para las reuniones de la Conferencia de San Patricio. Llevé dos candeleras de latón y durante las reuniones poníamos velas en éstos y las encendíamos -y allí ustedes verán el germen del altar de la Legión.

En 1921, se fundó la Legión en esa casa. Alice Keogh que era la tía de Patty Kavanagh puso el altar sin haber recibido ninguna instrucción. Incluyó la estatua de la Inmaculada Concepción, ya mencionada, y los dos candeleros de latón, dos floreros que murieron en el curso de un servicio distinguido y los elementos supervivientes están ahora en el escaparate de la Oficina del Concilium.

El cuadro del Sagrado Corazón al que me referí, figura en otra capacidad que mencionaré ahora. Gabbett no tenía ningún toque directo con la Legión pero él entró dramáticamente en un punto importante: nosotros habíamos saqueado ese lugar conocido como Biddy Slicker, el alojamiento de Calle Chancery Lane, 25, en julio de 1922, y de las 30 chicas de la calle que vivían en el lugar, la mayoría de ellas ofrecieron marcharse con nosotros, y realmente 23 de ellas fueron con nosotros a Baldoyle a la casa de las Hermanas de la Caridad, donde se realizó el primer Retiro. Cuando ellas comenzaron el Retiro no teníamos ningún lugar en Dublín a donde llevarlas. No teníamos tiempo de pensar tan adelantado. Las sacamos un viernes y el sábado habíamos alcanzado la fase de a dónde ir el lunes cuando el Retiro acabara. Para este problema de albergue fuimos al entonces Ministro de Gobierno Local el Sr. W. T. Cosgrave, ya fallecido, destinado a ser Presidente del país, y le dijimos nuestro cuento extraordinario. Ahora, no es posible cubrir esa historia totalmente, pero nosotros lo impresionamos acerca de la necesidad y él dijo, "yo no sé lo que yo puedo hacer por ustedes, pero esto sí sé, que ustedes tienen que ser ayudados", y esa actitud era típica de la persona más noble.

Al día siguiente el Padre Creedon y yo visitamos las oficinas de Calle Merrion donde recibimos una carta redactada que ahora está enmarcada en la Calle North Brunswick, anunciándonos que los locales de 76 Calle de Harcourt eran puestos a nuestra disposición, libres de alquileres e impuestos. Teníamos nuestro puerto de arribo para el lunes.

Yo me quedé en Baldoyle el domingo por la noche y el lunes entré. Conseguí la llave del lugar y fui a Calle Harcourt n°. 76, y mientras iba, fui a visitar a Gabbett y le dije, "Necesitamos tu ayuda". Él se puso de pie y salió conmigo. Abrimos la puerta y mientras estábamos parados en el vestíbulo echando una mirada alrededor, se oyeron pasos de afuera y las muchachas corrieron, venían de la Calle Harcourt, n°. 6, la Galería Municipal de Arte, dónde ellas habían estado. Habían llegado más temprano que lo esperado, y con ellas venían las señoritas Plunket y Scratton que iban a vivir con ellas en la Hostería. La maravilla era que aunque ellas habían llegado a la casa, la casa estaba cerrada, y ellas sólo estaban a unos pasos de su vieja residencia en Chancery Lane, pero ninguna de ellas pensó en regresar allí. Habían esperado en la Galería, nos vieron pasar y nos siguieron.

La casa que los moradores habían dejado el jueves anterior estaba vacía. Hubo una inmediata movilización. Las muchachas se pusieron a limpiar. Las señoritas Plunket y Scratton salieron a comprar comestibles e instrumentos para la casa. Nosotros teníamos que amueblar la casa. Las camas, y sus implementos venían de Baldoyle porque habíamos comprado todo que lo se había usado. Así que le dije a Gabbett, "yo sé donde nosotros conseguiremos mucho mobiliario", y para eso, contratamos un camión y en él nos dirigimos a Myra House. El conserje de esa casa era un ordenancista extraordinario llamado Healy, un ex oficial de la Armada británica. Era monstruosamente, un hombre grande y tenía un impedimento en su discurso, producto del servicio de guerra. Se decía que sólo dos personas en el mundo sabían lo que él decía: su esposa y Jim Finlay, este último secretario de Myra House. Así, cuando entramos (como miembros teníamos derecho), procedimos a tomar muchos muebles, Healy se apresuró y se opuso en nuestro camino, ¿teníamos nosotros permiso? "No pueden hacer eso". No lo permitiría. Así que le dijimos. "Mire señor Healy, si usted ve un agravio sobre lo que está pasando, informe al Comité de la Casa, pero usted no debe intentar detenernos porque nosotros no lo permitiremos. Tenemos que conseguir este material." Ahora, si mi parte en la transacción lo impresionó o no, no lo sé pero Gabbett lo hizo. Gabbett al momento lo miró ferozmente y tenía el físico para hacerlo, Healy no sólo se retiró del vestíbulo, sino que subió a su propio cuarto en la cima de la casa. Nos llevamos todo excepto el material bueno, de lo que se llamaba la Sala de la Mesa Directiva. Respetamos eso. El menaje, sillas, cuadros, bancos y otras cosas incluso ese cuadro del Sagrado Corazón que yo mencioné, los cargamos al camión y cuando estaban bien acomodados subimos y nos fuimos Mi última visión estaba viendo a Healy, que se apoyaba fuera de su ventana con una hoja de papel grande, y apuntando cada objeto escrupulosamente. Cuando llegamos a Calle Harcourt, 76, encontramos el camión de Gorevan estacionado con las camas, y las muchachas ya ocupadas transportando el material, de él. Luego volvieron su atención a nuestro camión y lo vaciaron. Nuestro chófer del camión fue enseguida comprometido por las señoritas Plunket y Scratton en irse y traer su mobiliario particular que estaba almacenado, eso significó que dentro de unas horas nosotros teníamos un domicilio completamente amueblado, sumamente limpio. El primer acto de Gabbett al entrar en la casa fue quitarse su chaqueta y cocinar la primera comida servida en casa. Él era un "Jack" de todas las ocupaciones y, diferentemente al resto del proverbio, era ciertamente maestro de uno.

Esa tarde tuvo lugar la Entronización del Sagrado Corazón en la casa -uno de los eventos más memorables que vienen a mi mente. Presentes estaban los Padres Creedon, Toher, Robinson, y Philip este último el franciscano que dio el Retiro, todas las muchachas, muchos de nosotros, y cuando terminó la parte religiosa, diría que todos los presentes en ese cuarto contribuyeron de alguna manera con un pequeño discurso. El Hostal Sancta María había empezado.

Ahora sería una impiedad, si el nombre de Gabbett desapareciera de entre nosotros. ¡Si consideramos sus limitaciones en educación y las oportunidades pequeñas que él había recibido en vida, según nuestra manera de mirar las cosas, él fue un gigante! Si él hubiera estado en la Legión y crecido con su idealismo, me detengo a pensar en lo que él podría haber logrado. Era intrépido y listo. Tenía el talento de ocuparse de las personas. Su sinceridad era tal que él comunicaría la fe a un palo. Yo lo he llamado una figura noble; pocos nobles han caminado esta vida y una de las cosas que espero en el futuro es reunirme nuevamente con él.

Historia del cuadro del Sagrado Corazón

Nuestra familiaridad con este cuadro del Sagrado Corazón viene desde 1914 y formaba parte del equipo de la hermandad de la Inmaculada Concepción, Chater's Lane, Angler Street, Dublín, que Joseph Gabbett abrió para hacer frente a las actividades del centro de proselitismo en calle Whitefriar 6 ½. La hermandad cesó de operar en 1916, y sus muebles, incluida la imagen y la estatua original de la Legión, fueron trasladadas a Myra House, que acababa de adquirir la Sociedad de San Vicente de Paúl.

El día 17 de julio de 1922, la imagen, juntamente con otros objetos, fue trasladada a 76 Harcourt Street, donde ese día se abrió una residencia. Se empleó para realizar la entronización del Sagrado Corazón, actualmente se encuentra en el Cuartel General de la Legión en Dublín.