Fórmula de conquista
Por FRANK DUFF
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Muchos aspectos de la Legión superan la mera naturaleza. Pero estamos tan acostumbrados a ellos que los tomamos como la cosa más natural. Creo que es San Agustín quien dice que nos sentimos abrumados por la multiplicación maravillosa de los panes y los peces, pero no consideramos que Dios está haciendo lo mismo constantemente a través de la multiplicación de las semillas que producen las cosechas del mundo. Igualmente, no se contempla como una maravilla que permanezca a través de los años ese buen número de socios legionarios; o que las cruces que agobian a otros sean beneficiosas para los legionarios; y que conserven la juventud mejor que otros; que los matrimonios de la legión sean universalmente un éxito.

Asimismo, damos por supuesto que nuestras reuniones sean fraternas y felices y que no se dé en ellas segregación. No nos damos cuenta de que esto es una gracia; pues en las asambleas del mundo esos aspectos agradables no son corrientes. Se arguye que el alcohol es un ingrediente social necesario, puesto que sin ella gente se siente triste en compañía de los demás. Decididamente esto no vale en el caso de los legionarios, donde el buen humor brota sin tal estímulo.

Igualmente pasamos sin hacer caso del crecimiento espiritual en cada legionario. Este va acompañado de un crecimiento en la personalidad y en las cualidades naturales. Confiad a los legionarios ordinarios tareas que van más allá de la capacidad normal y veréis que llevan a cabo con verdadera competencia. No vemos nada extraordinario en todo eso. ¿No es María la madre perfecta? Los legionarios se han entregado a ella y ella ha respondido magníficamente.

Todo eso es alentador. Ahora tenemos que pensar en el mundo cuya contemplación no es consoladora. Su estado espiritual no está lejos del caos. Parece como si la Legión estuviera entre los pocos con quienes la Iglesia puede contar. Por eso debemos fortalecer nuestras almas para lo que esto supone. Debemos pensar en términos de criterios más altos, de una donación mayor y de empresas decididas.

En el manual se nos plantea la idea bastante explosiva de que el praesidium es una Presencia de María. Por supuesto, lo mismo podría aplicarse a cualquiera de los grupos de legionarios que trabajan en equipo en una tarea particular. Se afirma que, a través de ese grupo, María puede hacerse presente en un lugar o en un problema y como consecuencia su todopoderosa acción se pone en movimiento. Algo tiene que suceder, no necesariamente de inmediato o de la manera que nosotros podríamos esperar, sino en el momento oportuno y en una manera mayor de lo que nosotros podríamos confiar. Porque la divina bondad debe siempre sobrepasar a la humana esperanza.

Esta perspectiva de poder movilizar la omnipotencia es enormemente fascinante y estimulante. Pero ¿es verdad? ¡Parece fantástico!

No. Es una simple reafirmación de la insistencia del Evangelio de que el poder divino está a disposición de los que lo piden de la forma debida, es decir, con fe robusta y con plenitud de acción. Recordad algunas de las extrañas afirmaciones de la Escritura sobre este tema. Por ejemplo, la promesa de Nuestro Señor de mover una montaña al mandato de una fe inquebrantable. Su afirmación de que sus discípulos realizarían sus mismos milagros. El cumplimiento de estas promesas queda probado por la historia. San Gregorio Taumaturgo dirigió su fe firme contra una montaña y ésta cedió ante él. Otros santos, y en un grado particular San Vicente Ferrer, igualaron todos los milagros realizados por Nuestro Señor durante su vida terrestre, incluyendo la resurrección de los muertos.

El Cuerpo Místico es una continuación de la vida terrestre de Nuestro Señor. De ese nuevo Cuerpo, Nuestro Señor es la Cabeza y María es el Corazón. Su poder no es menor que el del Cuerpo actual de Jesús, de forma que con la misma confianza con que Marta y María enviaron recado a Jesús de que Lázaro estaba gravemente enfermo, podemos suplicar hoy: "Señor, este lugar que Tú amas está enfermo" (Juan 11, 3). Con nuestra fe cada lugar de necesidad del mundo puede convertirse en una Betania a la que el Señor puede ser llamado y en la que incluso los muertos pueden ser resucitados. O en un Caná en el que se puede recurrir a María, nuestra Madre, con el resultado de que el agua corriente pueda convertirse en vino abundante.

El hijo más querido de la fe es un milagro, dice Goethe. Pero, cuando invocamos la promesa del Señor de que la fe realizará un milagro, no debemos pasar por alto su condición indispensable: Nuestra fe debe ser inquebrantable. Esto apunta a una fe rica, que sobrepasa la fe normal que no mueve montañas y que apenas nos mueve a nosotros mismos. Por eso la condición decisiva es que la fe ha de ser firme, inquebrantable. Mas, para que no parezca que la convertimos en algo inalcanzable, contentémonos con decir que debe ser heroica.

Además, no debe pensarse que incluso la fe heroica baste por sí misma. La virtud regida de la fe debe ir siempre acompañada por un séquito de otras cualidades. Si desafiamos lo imposible, debemos poner en formación todas las fuerzas de que disponemos. No basta ir adelante decididamente. Debemos también pensar en el camino, pues es la más alta contribución natural que podemos hacer. Y seguramente cada uno puede aportar laboriosidad, paciencia, cuidado. Es tarea del praesidium asegurar que éstas se den.

Ahora examinemos más de cerca esa fórmula de la Presencia de María. Tiene mi valor extraordinario en cuanto a reducir a una política práctica todo lo que he dicho. Contiene la plenitud del principio sobrenatural y asegura el tipo de acción que aplica ese principio al objetivo. Vence las dudas que tan frecuentemente neutralizan la buena intención. Nos impide permanecer inactivos cuando no vemos el camino. Refuerza la acción, aunque tenga que comenzar como un gesto simbólico. Y, por encima de todo, convierte el proceso en un ejercicio de la maternidad de María, que eleva todo lo que hacemos a otro orden.

Todo esto se reduce a la fórmula sencilla que dice: Haz frente a la aparente imposibilidad con un praesidium. Ciertamente ese remedio es corto y suave, pero ¿es sensato? Hace falta una justificación; por eso paso a darla.

La Santísima Virgen, aquella mujer de la historia, aquella persona universal para toda finalidad, cuyas principales funciones se exponen en sus letanías, es encima de todo la Madre, hecha para eso por la Santísima Trinidad. San Agustín la llama el fruto de una eterna deliberación. Es necesariamente la Madre infinitamente perfecta, primero de Jesús y luego de todos los hombres, incluso de los que no la conocen, según declaró el Concilio. Todos le han sido entregados para que los engendre. Su voluntad de hacer eso mismo no es menor que la voluntad que tuvo de engendrar a Jesús: la una es prolongación de la otra, como el árbol lo es de la raíz.

Pero se da esta diferencia. Al recibir y engendrar al Señor, su acción no tuvo trabas. Estaba en completa armonía con su fe y su voluntad. Hasta donde alcanza nuestra vista, no dependió de ningún otro elemento. Ella dijo "fiat" y la obra se realizó: Dios se hizo carne en ella. La formación de su Hijo no fue inferior en
calidad. No podríamos con un esfuerzo de imaginación concebirla como deficiente en ningún aspecto. Ella dio a su Hijo amado todo lo que incluso El, Dios, podía esperar, pues el Espíritu Santo cooperó en su acción maternal y continúa haciéndolo con la misma infinitud en esa nueva fase de su maternidad que concierne a toda la humanidad.

Pero las cosas son un poco distintas hoy con relación a aquellos nuevos hijos suyos. No dispone de su plena voluntad sobre ellos. Ella anhela con todo su ser darles todo y desarrollarlos plenamente, pero la voluntad de ellos puede interponerse y oponerse a la de ella y finalmente resistir.

Hay otro factor que es incierto. Consiste en que ahora Nuestra Señora, como Nuestro Señor mismo, trabaja a través del Cuerpo Místico. Como dice el Manual, si ella hiciese plenamente su voluntad, convertiría toda la humanidad en un abrir y cerrar de ojos. Pero en la economía presente ella tiene que afirmar su maternidad a través de intermediarios humanos. Nosotros somos sus miembros, sus ojos, sus oídos, su lengua. Nuestra ayuda le es necesaria y aquí es donde puede producirse una falta de armonía. Podemos dejarla desamparada de esa manera. Podemos traicionar nuestra condición cristiana que exige nuestra ayuda activa.

Los Papas y recientemente el Concilio han declarado de una manera segura que cada católico debe ser apóstol de alguna manera, y, al parecer, ni siquiera los muy atareados ni los débiles están exentos de esta obligación. A pesar de todo eso, la inmensa mayoría de las personas son sordas a la llamada. Por lo que a ellos respecta, la maternidad de María queda frustrada.

¡Con qué gozo, por tanto, se sirve ella de los que le ofrecen sus servicios! Como San Luis María de Montfort lo describe originalmente, ella se coloca en torno a ellos y los acompaña como un ejército en orden de batalla. Por ellos realiza las maravillas de su maternidad. ¿Cuál es la extensión de esa maternidad? ¿Cuáles son sus límites? La contestación es que no tiene límites, porque ha entrado a tomar parte en la economía divina. Esta acción suya de engendrar va unida a la efusión del Espíritu Santo. Ella es su cooperadora. Todo lo que le da a ella, ella lo comunica a los que se ponen a su disposición. En la medida en que nosotros cooperamos, ella nos da todo. Se ve obligada a hacerla así por el mismo carácter de su maternidad y, por desgracia, por la escasez de los que cooperan.

El praesidium o cualquier otro grupo legionario que trabaja en equipo está en armonía con esa cooperación. Trata de poner por obra lo que afirma con sus palabras: "Soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y cuanto tengo tuyo es". Entiende: en una medida razonable cuál es su papel en la gracia y qué poderosa es. Esto proporciona una afinidad con ella que le capacita para cumplir su función maternal. Por supuesto, cuanto más adelantan en el conocimiento de ella y más le dan, tanto mejor puede proyectarse ella por medio de ellos. Se sigue que, si ella recibiese una cooperación plena del Cuerpo Místico, la conversión del mundo y la solución de sus problemas avanzaría.

He hablado en términos de principios y de teoría. ¿Puede darse una prueba de que esto resulta en la práctica? Sí, creo que podemos dar una prueba suficiente. El funcionamiento normal de cada praesidium nos la ofrece de una manera modesta, es decir, en su perseverante realización del trabajo penoso, desagradable y a veces difícil. Puede indicar el despertar de la fe y la restauración del pueblo en la gracia.

Estas cosas pueden parecer sencillas, pero no son naturales y no deben darse por supuesta. El hecho significativo es que la Legión lo está llevando a cabo mientras un catolicismo medio, incluso intelectual, no. La Legión está mostrando a la vista el elemento apostólico que pide el Concilio mientras el cuerpo de los católicos no lo hace así. Esta es la prueba positiva de una fuerza superior que mueve a la Legión.

Hay que admitir que muchas de estas cosas no tienen aspecto de conquista y es de esto último de lo que estamos tratando. Carlyle ha dicho que la palabra imposibilidad no es afortunada y que nada bueno viene de los que la tienen frecuentemente en su boca. Quiere decir que es como un opio para los que están acostumbrados a él. Paraliza su poder de acción. Desde luego, la mayoría de las imposibilidades provienen de nuestra actuación debido a la falta de esfuerzo suficiente. Pero hay auténticas imposibilidades y es a la superación de éstas a lo que yo aplico la palabra conquista.

A pesar de su fidelidad y de su comportamiento sobrenatural, el praesidium normal no aspira a una verdadera conquista. Por decirlo de alguna manera, está trabajando en el entresuelo. No intenta lo que considera que está por encima de su capacidad. No desafía a las imposibilidades reconocidas como tales. Por lo tanto, no reclama esa milagrosa intervención de Nuestra Señora. Ella solamente participará de esa manera eminente cuando todo lo que nosotros podemos hacer no es suficiente y cuando nos arrojamos de rodillas con una confianza total.

Anteriormente he dicho que tenemos casos que pueden llamarse conquistas con todo derecho. En realidad, me atrevo a sugerir que son muchísimos, pero muy frecuentemente ocultos y nada espectaculares, de forma que uno tiene que examinar las circunstancias para reconocer que está por encima de la naturaleza. La mayoría de las conquistas legionarias son modestas, como María misma.

(1) Pongo algunos ejemplos. Comienzo por colocar en esa categoría la apertura y la continuación de la existencia de las Residencias de Estrella de la Mañana y Regina Coeli de Dublín. Juzgo que estos hogares para los abandonados constituyen proezas que superan el mero esfuerzo humano. Sus comienzos fueron actos de pura fe. Con personal voluntario y sin recursos hicieron frente a problemas considerados insolubles. El resultado fue la creación de unas instituciones únicas. Me atrevería a afirmar que son, en comparación, lo más notable en su estilo de todo el mundo. La conquista que comenzó con su nacimiento se ha mantenido. El 50 aniversario de ambas está muy próximo. Mas el viejo proverbio dice: La familiaridad ha engendrado desprecio en el sentido de que no se considera que la conquista continúa todavía allí. ¿No es el milagro continuado la forma más alta del mismo?

(2) El grupo de legionarios que recorre a últimas horas de la noche, en Dublín, dirigido a hombres y mujeres. Se considera ahora como un trabajo normal, pero de nuevo indico que lo que está sucediendo queda fuera del alcance del hombre solo. La explicación es que Nuestra Señora camina con el grupo que se entrega a este trabajo y habla por ellos, que muestran tanta fe y amor. Daos cuenta: No es poco frecuente que una docena de hombres a quienes se ha encontrado así vayan allí y luego se confiesen.

(3) Barrios bajos de Chicago. El comienzo fue sensacional; la continuación no es más que un trabajo rutinario de los legionarios, pero encaja perfectamente en esa clasificación superior. Un praesidium está totalmente dedicado a ese lugar. La Misa se dice allí semanalmente con buena asistencia. El desecho humano se sirve ansiosamente de los sacramentos.
Podría aumentar esta lista, pero debo continuar con maravillas de otro estilo. Cito algunos milagros de conversión.

(4) Las Islas Filipinas, donde en una sola generación una población que no practicaba fue llevada a los sacramentos. El Arzobispo, bajo cuyo mandato se realizó esa epopeya, tenía frases maravillosas para ella, que no deben ser olvidadas, ya que la ponen como modelo de conquista para todo el mundo. Decía: "Tan grande ha sido la transformación llevada a cabo en las Filipinas por la Legión de María que es como la diferencia entre la oscuridad y la luz, entre la desesperanza y la esperanza. Tan grande ha sido que yo me he atrevido a soñar. Y uno de estos sueños ha sido el de decirme a mí mismo: Esta es la única nación católica del Oriente, ¿por qué no ha de convertir al Oriente?"

(5) Yengema, en Sierra Leona, donde, en contra de profecías de un tremendo desastre, 27 legionarios fueron a una comunidad de 40.000 musulmanes y les expusieron el catolicismo. Resultado: Después de una amable recepción 421 personas dieron sus nombres para recibir instrucción.

(6) Bentley Place, donde se consiguió algo que parece no igualado en la historia religiosa: la casi total conversión de un distrito mundialmente famoso por su maldad y que posteriormente se conservó en el bien.

(7) La entrada de la Peregrinatio en Rusia y las circunstancias generales de su trabajo sin obstáculos. Afirmo que esto es un milagro claro que demuestra plenamente lo que estoy indicando.

(8) Por la costumbre hemos llegado a no dar casi importancia a las maravillas que se realizan en la Peregrinatio en todo el mundo. Está llegando a un estado adulto en el sentido de que todos los países pronto la habrán realizado. En esa etapa deberíamos contemplar el efecto de un diluvio universal de gracia.

(9) Un hijo de la Peregrinatio acaba de llegarnos en la forma de la Exploratio Dominicalis. Podría llamarse la Búsqueda Dominical de las Almas. Aspira a llevar el estímulo y el espíritu de la P.P.C. a la gira normal de los legionarios. Es evidente que sólo una parte de éstos pueden llevar a cabo la P.P.C. a causa de la gran exigencia que supone. La Exploratio puede llamarse una miniPeregrinatio, pide lo que está al alcance de casi todos los legionarios. Propone que al menos un domingo al año cada praesidium emprenda la tarea de ir a algún lugar que tenga problemas a cierta distancia para consagrar el día trabajando allí. El tiempo pasado en el viaje no debe absorber una parte indebida del tiempo disponible.
Y ahora os pongo algunos ejemplos de otro orden, donde la Presencia de María sirve para realizar la promoción económica y social bajo los auspicios de la Verdadera Devoción a la Nación.

(10) Inchigeela, Condado de Cork, fue la primera demostración de ese método. Un pequeño caserío soñoliento, sin perspectivas de algo mejor, fue impulsado a la prosperidad.

(11) Una ulterior y más dramática manifestación nos la proporciona el caso de Tuosist, Condado de Kerry. Las circunstancias de allí fueron de un carácter tan puramente milagroso como para indicar que fue no solamente un caso de auténtica presencia de María, sino también se presentaba como modelo para todos los lugares en circunstancias semejantes. No ha sido aceptada su lección. Otros lugares en situación semejante no han seguido el ejemplo y prefieren ir languideciendo. Uno no puede menos de pensar que si esos éxitos se hubiesen conseguido bajo el nombre de un movimiento no religioso con un ostentoso nombre, en todos los lugares se hubiese despertado el interés.

Añado algunos comentarios con relación a este desacostumbrado trabajo de la Verdadera Devoción a la Nación (V.D.N.). Ni con relación a sus planes, ni con relación a otras empresas legionarias, deberíamos contentarnos con cosas que están evidentemente dentro de nuestra propia posibilidad humana. Tales cosas no dejarían lugar a una especial acción de María, que solamente se nos dará como complemento a nuestra acción. Ella no es un sustituto nuestro, sino un complemento. Su finalidad no es asumir ninguna parte de lo que nosotros debemos hacer. Eso no sería un beneficio, sino un perjuicio para nosotros. Donde ella entra en acción es en el momento de realzar y embellecer lo que nosotros ofrecemos. Si lo que nosotros ofrecemos es heroico por su carácter, ella puede ampliarlo hasta el punto de realizar lo imposible.

Una consideración vital más es que la Verdadera Devoción a la Nación no es otro programa de elevación económica, sino una forma especial de movimiento. Consiste en poner a María en una situación de carencia y darle la oportunidad de reanimar el lugar de todas las maneras posibles. Es casi seguro que las deficiencias graves físicas irán acompañadas de las espirituales por una insuficiencia en todos los sentidos. La intervención de María podría significar no solamente el proveer a cada uno de una capacidad económica modesta, sino también un desarrollo interior de cada persona. Finalmente sería traer una expansión espiritual a toda la zona.

Sin duda alguna V.D.N. no es un movimiento económico-social, aunque entra modestamente en esa esfera. La nota espiritual debe predominar en el grado en que la electricidad domina en la lámpara, el motor en el coche, la lente en la cámara. Si ese punto importante falta, el resto del instrumento no tiene utilidad. En otras palabras, la Verdadera Devoción a la Nación sería como la bombilla sin luz, un absurdo. ¿Podrían los legionarios imaginar neciamente que cualquier grupo de ellos van a resolver por sí mismos los problemas ante los que los gobiernos son impotentes? Porque se apoya en la intervención divina la V.D.N. se atreve a pensar que tendrá éxito allí donde los grandes medios del mundo fallan. He citado un par de casos en los que sucedió así. Me gustaría enterarme de algún gobierno que realice semejantes transformaciones con recursos tan pequeños y con tal celeridad.

Ahora bien, ¿adónde nos lleva todo esto? Esas dinámicas realizaciones seguramente constituyen, como ya lo he dicho, un ejemplo. Y un ejemplo es para seguirlo. Se advertirá que tocan todos los aspectos de las necesidades humanas y muestran que las gracias de conquista, por grandes que sean en la historia, pueden conseguirse por una acción apropiada. Pero los legionarios se contentan con animar y consolar; por eso las gracias de la conversión y de la conquista no abundan, aunque tres mil quinientos millones de personas están muriendo sin ellas. Los legionarios no se dirigen siquiera a esas personas, a pesar de que están tan bien preparados para hacerla. Tienen disciplina y fe abundante, pero éstas se dirigen a necesidades menores.

Esto parece apuntar imperiosamente a una reorientación de la mentalidad de la Legión que ponga en primer lugar lo primero y en último lugar lo último. Jesús y María, como prueban esos dramáticos ejemplos, están deseosos de conceder gracias a torrentes, incluso milagros cuando sea necesario. Pero la forma de proceder debe ir de acuerdo con ciertas líneas establecidas: debemos llevar esas gracias a las almas en peligro. Debemos tener un valor y una fe heroicas. Sobre todo, los legionarios deben tener un liderazgo.