“Espero
UNA GRAN LEGION,
de valientes soldados de Jesús y de María que se enfrentan al mundo, al demonio y a la naturaleza humana
corrompida, sobre todo de cara a los nuevos peligrosos tiempos que se aproximan” (San Luis María de Montfort,
1673-1716)

Por FRANK DUFF
www.legiondemaria.org

Peregrinación Anual al Santuario de Aparecida en Brasil por la Legión de María. (Ampliar la foto)

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El Manual dice que el comienzo de la Legión de María no fue obra de premeditación humana. Simplemente sucedió así, sin la menor discusión, como si todo tuviera el aire de algo tajante y definitivo. Pero al examinar más tarde, a la luz de su gran desarrollo, el hecho determinante, apareció evidente la mano de la Providencia, estando previsto todo detalle de una manera precisa. Esta precisión, además, iba infinitamente más allá de lo que podríamos imaginar. Pero, ¿no es esto pintar a la Legión con colores demasiado vivos? No, porque Dios tiene en cuenta todos los infinitos detalles de sus obras. Basta con fijarse en el ojo o cualquier otra parte de un insecto a través de un microscopio electrónico, para ver la pura maravilla del mismo. Sí esto se aplica al insecto destinado a vivir un día o dos y cuya finalidad no conocemos todavía, ¿por qué negar la misma clase de preparación y perfección a la Legión de María, catalogada ya como obra importante en la Iglesia?

San Luis María de Montfort, 1673-1716


Ver a Dios en sus obras es un acto de adoración. Es también uno de sus aspectos más incomprensibles saber que se complace en nuestra admiración por su obra. Pero en este caso se trata de algo más importante. Se trata de saber lo que Dios pensaba con respecto a la Legión de María. ¿Quedó su designio totalmente acabado por sus instrumentos humanos? Porque la cooperación de los mismos fue un hecho real. No fue un automatismo. El hombre tiene una parte responsable. Puede hacer y puede deshacer.

Me gustaría creer que Dios llevó a cabo todo el proceso de la Legión y que ésta vino al mundo como él lo quiso. Apoyo esta creencia en el hecho de que las personas apenas intervinieron en los hechos que tenían ante sus ojos. Podemos afirmar que apenas añadieron nada. El único nuevo ingrediente fue la total comprensión de María. No se podría decir que esto fue forzado. Entró con tanta naturalidad que no hubo lugar a comentario alguno.

Si así sucedieron realmente las cosas, ¿no podemos alegar razonablemente que Dios sólo tiene algo que hacer dentro del esquema de la Legión? ¿Y es que podemos pedir algo más que esto para la Legión?

¿Podemos, además, desde nuestra actual valoración de una experiencia de más de medio siglo, afirmar que hemos captado fielmente el designio original de la Legión? En cierta ocasión, el arzobispo Downey de Liverpool dijo que toda organización católica debería suprimirse en el cincuenta aniversario de su nacimiento; para esa fecha se había hecho vieja como una persona y había dado sus mejores frutos. Sería triste pensar que esto representa un hecho general. En todo caso, no se aplica a la Legión, que acaba de llegar a su edad adulta y es ahora cuando comienza su vida de trabajo. Pero sería terrible pensar que las palabras del arzobispo se cumplen en la medida en que la Legión se debilita y envejece. Las cosas verdaderamente sobrenaturales no están sometidas a este proceso. Los sacramentos no se han deteriorado en veinte siglos. Si la Legión es en verdad una obra de Dios, ¿por qué habría de durar solamente medio siglo?

Pero, en definitiva, las instancias humanas pueden introducir defectos. Una pequeña divergencia en cualquier punto de la línea se puede prolongar y concluir en algo casi opuesto a medida que corre el tiempo. Portante, la obra de este Congreso es examinar más directamente la Legión tal como nació. Y luego, tratar de ver si ha evolucionado rectamente o si ha habido desviación.

Myra House, Dublín, Irlanda


Las raíces del presente se ahondan en el pasado. Sin duda, los antecedentes de la Legión se retrotraen muy lejos, demasiado lejos para poderlos captar en una sola mirada; pero su forma apareció muy distinta en 1917. Incidentalmente, ese mismo año incluye Fátima y la revolución rusa, que tan importantes consecuencias tuvieron sobre la religión. Ese mismo año llegó a poder de la sociedad de San Vicente de Paúl la "Myra House" (Casa de María). Esto a su vez facilitó las condiciones de espacio que permitieron las diversas actividades encaminadas a la atención de niños y mujeres. Se ha de describir esto con todo detalle, ya que en relación con la Legión es casi como el niño en gestación.

El organismo rector, que yo llamaré el consejo, se reunía mensualmente en domingo, a las 4 de la tarde. Asistían varios obreros. El director espiritual era el padre Michael Toher y tenía otros cuatro empleados. El procedimiento estaba basado generalmente sobre el de las Conferencias de san Vicente de Paúl con algunas modificaciones. Una de éstas se refería a las oraciones del comienzo. La Sociedad de san Vicente de Paúl comenzaba sus reuniones con la invocación y la oración del Espíritu Santo, seguida de un avemaría y las siguientes jaculatorias: Sagrado Corazón de Jesús, Inmaculado Corazón de María, San José, San Vicente de Paúl, San Patricio -la última fue la conferencia bajo la que germinaron estas nuevas actividades. En esas oraciones el Consejo hizo una alteración vital. Sustituyó el avemaría por el rosario. Este hecho fue notable, puesto que el rosario no había sido incorporado en ningún comité o reunión de trabajo. Por otra parte, esto no probaba la existencia de la idea de la Legión actual. Desarrollaré este punto más adelante.

Después de las oraciones, había una lectura espiritual. Seguía una lectura de la memoria de la reunión anterior. Finalmente, cada miembro daba su informe. Las labores eran diversas: casos individuales, la enseñanza del catecismo después de la Misa del domingo, que tenía lugar a las 12 de la mañana; reclutamiento de miembros para los Pioneros y la liga de la Misa Diaria; el interés de las familias por la entronización del Sagrado Corazón; la dirección de grupos de chicos de diferentes clases. Finalmente, y esto tiene un lugar especial en la economía, fueron incorporados cuatro hermanos, que, bajo el título de Hermandad de San Camilo, visitaban a los enfermos del Hospital Unión de Dublín.

En un momento de la reunión, el padre Toher tenía una alocución. Era un hombre sumamente espiritual con un acento marcadamente mariano. Hay todavía algo sugestivo para la Legión futura: la reunión terminaba de una manera automática. Cuando sonaba el ángelus en la iglesia de san Nicolás de Myra, que estaba enfrente, los miembros se ponían de pie, recitaban la oración y la reunión terminaba. Entonces las señoras iban a la cocina y preparaban el té para los asistentes.

La reunión era algo alegre y estimulante. Preanunciaba la reunión de la Legión. Su método de procedimiento podría haber continuado. Dada su bondad, se podría haber esperado que se expandiera. Pero no fue así. Consiguió nuevos miembros, pero en el curso de casi cuatro años no hubo necesidad de dividirla. Probablemente fue providencial, ya que podría haber interferido la senda que conducía a la futura Legión.

He dicho que la reunión no era mariana en el sentido legionario. Tenía el rosario, pero esto era algo universal en el país por aquel entonces. Era fervorosamente católica y había dado un gran paso hacia la apostolicidad. Utilizaba la Medalla Milagrosa y estaba interesada en el alistamiento de la gente en el Escapulario del Carmen. Su concepción era espiritual; pero, repitámoslo, no era la Legión. Y este hecho ha de ser reconocido en estas discusiones actuales.

En 1919, algunos de nosotros habíamos encontrado el libro de san Luis María de Montfort sobre la Verdadera Devoción a María. Situaba a Nuestra Señora en una dimensión diametralmente diferente a la que estábamos acostumbrados. El catecismo no nos había presentado nunca nada que se le pareciera. De Montfort la presentaba abiertamente como madre de la vida cristiana, absolutamente indispensable, implicada en la dispensación de toda gracia. Esta grandeza del papel que le atribuía y la misma vehemencia en su modo de describirla daban la impresión inicial de una fuerte exageración. No obstante, tenía garra y obligaba a leer y preguntar. Durante una etapa de este proceso se llegó a la convicción de que el libro estaba justificado y de que la presentación común de Nuestra Señora no lo estaba.

La seriedad de esto fue como un shock eléctrico. Significaba virtualmente que prescindíamos de María. Luego comenzamos a hablar de ello entre nosotros. Al no entenderlo con claridad, la explicación no fue fácil, pero la gente quedó en cierto modo interesada.

Un domingo en la reunión del consejo alguien sacó el tema. Dijo que muchos estaban interesados, sí bien no lo entendían. ¿Sería posible tener una reunión especial para tratar exclusivamente ese tema? La reunión aceptó esta sugerencia y señaló un domingo a mediodía entre ése y la próxima reunión normal.

La reunión tuvo lugar. Se incluyeron las oraciones y la lectura espiritual, pero sin más puntos de la agenda acostumbrada. Se me había encomendado abrir la sesión con una charla. Con frecuencia me he preguntado por ella. Fue seguida de lo que hoy llamaríamos una discusión patricia, y fue muy viva. Se terminó, como de costumbre, rezando el ángelus a las 6 de la tarde.



Pareció tan sólo una sesión interesante. No hubo un apoyo entusiasta. Nadie se sintió conmovido lo más mínimo. Nadie se declaró ganado por ella. Era un tema de simple explicación y discusión de la verdadera devoción. No se llegó a ninguna decisión y no se tomó resolución alguna. La cosa tenía el aspecto de un asunto no acabado, que se había de ultimar, digamos, en nuestra próxima reunión. De todos modos, esta observación tendería a fijarse por la terminación brusca de la reunión por el ángelus. Y, no obstante, los asistentes no tuvieron intención de prolongar la reunión. Consideraban haber llegado a una transacción en el asunto que les había reunido. Y así actuaron.

Habían pasado un par de horas en la contemplación de María tal cual es, y dando asentimiento a lo que veían. Aunque no se dieron cuenta, esto cambió sus concepciones espirituales. Como haría ver el futuro, su actitud les había preparado para una gran aventura. Habían tirado de una cuerda que llevaba las ruedas del destino.

Quince días más tarde, tuvo lugar la reunión siguiente del consejo. Las actas no hacían alusión a la reunión sobre la verdadera devoción, ni se hizo de ésta ninguna mención. Pero alguna novedad de importancia tuvo lugar.

Matt Murray, que esa misma mañana había estado visitando el Hospital Unión, fue llamado a dar su informe. Fue un relato abrumador e impresionante, produciendo en todos el mismo efecto conmovedor. El informe estaba llamado a alumbrar la Legión de María.

Inmediatamente después de la reunión, cuando se estaba preparando el té, dos de las señoras vinieron al padre Toher y a mí para hablarnos del importante informe del hermano Murray. Después nos preguntaron si no sería posible organizar a las señoras para hacer la misma labor. La respuesta fue que sería posible siempre y cuando hubiera un número suficiente. Salieron y al momento volvieron con media docena de mujeres dispuestas a trabajar. Se convino que se
Frank Duff, fundador de la Legión de María.tendría una primera reunión el próximo viernes a las 8 de la noche, en una habitación que había al fondo del salón.

Aquella tarde era la vigilia de la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, circunstancia en la que no se cayó en aquel momento. A las 8 de la tarde, se reunieron 15 personas, trece  mujeres, casi todas jóvenes, el padre Toher y yo mismo. Tuvo lugar algo ante nuestros ojos que en aquellas circunstancias podríamos llamar con toda razón portentoso. En la mesa estaba el altar de la Legión, tal como lo tenemos hoy, pero sin el Vexillum, naturalmente. Esto se debió a la iniciativa de una de las que primero habían venido, Alice Keogh, que más tarde fue la primera vocación del grupo.

Es de advertir que esta estatua particular no había tenido parte alguna en los asuntos de Myra House. Se había traído a la casa en 1916 como parte de la propiedad de una obra desaparecida y que la Legión de María habría de absorber más tarde. Mientras tanto, la estatua estaba arrinconada esperando el día en que se colocara para un uso tan dramático.

Aquel altar produjo un efecto transformante sobre la habitación desnuda. Proporcionó el adorno adecuado y preciso para la reunión. Hizo de María la idea visible principal. Los nuevos miembros no se reunieron para después invitarla. Ella estaba allí antes de que se reunieran y no tuvieron que hacer más que unirse a ella. No iban a formar una simple asociación, sino a amar y servir a una persona. Hay una fuerza superior en esta idea.

No repito los detalles de aquella reunión; creo que los conocen bien. Me limito a las peculiaridades propias de este tema. En un sentido, aquellos miembros no hicieron nada nuevo. Estaban aplicando sus viejos métodos a una obra nueva. Recitaron sus oraciones habituales. Y sin embargo, todo fue diferente.

Era como si una nueva personalidad hubiera entrado en el grupo y se dejara sentir de diversas maneras. Lo más extraño fue la confianza con que se sentaron a hacer planes, como si estuvieran seguros del futuro. De momento, seguirían visitando el hospital que les había reunido. Más tarde, emprenderían otras tareas. No buscarían por ahora la afiliación de otros hombres a causa de ciertas dificultades, pero no serían una asociación exclusiva de mujeres. Después llegarían los hombres. No habían de venir a traer ayuda material ni ahora ni más tarde. Y así sucesivamente con aquella singular seguridad que les caracterizaba y que no podría decirse que procedía de ellas. El aspecto más peculiar quizá era que no proyectaban la atmósfera de la reunión mensual de la que acababan de nacer. Parecían estar volviendo a la reunión sobre la verdadera devoción, tenida 17 días antes. Con todo, no hicieron mención expresa de ella. Se dio por supuesta. Fue como si todo lo discutido en ella se hubiera plasmado formalmente en resoluciones (el que las haya yo explicado no hacía al caso) y eran ahora declaradas formalmente como la fundación espiritual de la Legión de María -tampoco era éste el caso. No hubo discusión sobre este último punto. Fue como si todos estuvieran tan completamente convencidos por la reunión de la verdadera devoción, que nadie tuvo necesidad de añadir más sobre el tema. Simplemente, se trazaron los principios de su relación a María. Estaban entrando en una unión con ella de la que todo dependía. Ella era su madre. No sólo se someterían a su cuidado, sino que también tratarían de ayudaría con sus otros hijos.

No hubo problema en declarar a Nuestra Señora como patrona de la nueva asociación. Su relación con ellos fue más allá de esa misma idea. De un golpe, la espiritualidad de la reunión mensual quedó reemplazada y superada. La nueva asociación se convirtió en la gran cosa, y al instante comenzó a crecer. En su primer año produjo cuatro ramas, mientras que el consejo no había producido una sola en cuatro años. Poco a poco hizo suyos los propósitos del grupo de padres que llegó a ser el Consejo Pionero. Anteriormente había sido sólo una de sus funciones.

Se ha dicho que la Legión nació plenamente adulta. No es totalmente exacto. Al principio, por ejemplo, no poseía su nombre actual. El Vexillum, la tessera, la promesa, sus patronos, la catena, la oración de la Legión, estaban ocultos en el futuro. Sus doctrinas fundamentales, como el Cuerpo místico y el Espíritu Santo, fueron captadas imperfectamente en las primeras etapas, pero estaban allí -de la misma manera que el niño tiene órganos que todavía no ha comprendido. Pero esa imagen del niño es totalmente eficaz en un aspecto. El niño se concentra en su madre y el niño actúa además en relación con su madre.

No hay duda de que la Legión en su primer estadio conoció a su madre en un sentido más profundo que la comunidad general. Luego se puso a trabajar para hacer práctico aquel conocimiento. Emprendió un apostolado pastoral en un momento en que ni siquiera se concebía para los seglares. El motivo era la ayuda de María en la entrega de Jesús.

No se puede dudar de que desde entonces se ha aportado mucho conocimiento adicional, pero la cuestión vital es saber si éste ha sido universal en la Legión. Si sólo una minoría poseyera ese pleno conocimiento, no se podría afirmar que la Legión ha avanzado. Significaría que la Legión en su primera noche conoció más que la actual Legión extendida por todo el mundo. Supondría un fallo terrible en un momento en que el mundo se ha hundido en el abismo y necesita más la Legión.

Parece imposible, sin embargo, que pueda existir este defecto. En toda reunión de cualquier clase de la Legión se explica el sistema por todos los medios, por medio del manual, la alocución, la lectura espiritual y los informes. Sería imposible que esto no diera a conocer la verdadera Legión a todos los miembros. Pero cuando uno estudia muchos de los praesidia, queda perplejo. ¿Cómo una buena teoría puede producir una práctica pobre? Por eso repito con no poca angustia: "¿Es posible que la Legión, tal cual vino a la existencia en su primera noche, fuera mejor de lo que es hoy día?"

Vexillum Legionis (Ver a mayor tamaño enfocada de la parte donde el águila se convirtió en paloma y el emperador pasó a ser la reina de los cielos)
Vexillum Legionis
(enfocada de la parte donde el águila se convirtió en paloma y el emperador pasó a ser la reina de los cielos)


Actualmente la Legión es famosa e infinitamente mayor, pero lo conseguido en esos aspectos y a expensas del espíritu no sería una ganancia. Recordaré la frase de Newman de que una extensión material sin una manifestación moral correspondiente es algo demasiado horrible de suponer.

Vuelvo nuevamente a aquella reunión mensual del Consejo. Duró casi cuatro años antes de alumbrar la Legión. Tuvo mucho éxito y su tono era bueno. Parecería, con todo, que su propósito había sido crearla muchos de ellos, en realidad, los mismos individuos. Se esfumó después. Poseía el mismo tipo de miembros, muchos de ellos, en realidad, los mismos individuos. Se embarcó en un mismo tipo de trabajo. En aquellos años, nada interrumpió su rutina ordinaria hasta que se tuvo aquella reunión especial sobre la verdadera devoción. Y después, en un abrir y cerrar de ojos, algo sucedió que condujo a un nuevo orden. En diecisiete días la Legión de María estaba en marcha.

Cuadro de la Legión en la Tessera


Es imposible creer que la unión entre la reunión de la verdadera devoción y la aparición inmediata de la Legión de la reunión mensual siguiente fuera una mera coincidencia. Hubo en ello demasiados altos designios y muy poca intervención humana. Habían pasado casi cuatro años sin ningún incidente hasta que se tuvo la reunión de la verdadera devoción. En el momento en que se estableció en los espíritus la verdadera dimensión de Nuestra Señora dentro del sistema cristiano, las cosas quedaron dispuestas para la Legión. La cuestión del "cuándo" pareció solucionarse por sí misma a través de las líneas de la conveniencia de los futuros miembros. Pero una vez más nos vemos obligados aquí a descubrir la actuación de una idea superior. La Legión vino a la existencia en las primeras vísperas de la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, hecho no advertido hasta algún tiempo después. Como saben, la Legión se conoció durante algunos años por el nombre de su primera rama, Nuestra Señora de la Misericordia. Yo diría que la adopción del nombre de Legión de María tuvo efectos estimulantes secundarios sólo para los de la reunión de la verdadera devoción. La organización comenzó a lucir su propio plumaje. El nombre trajo consigo nuestra terminología latina y el Vexillum.
El Vexillum ha de considerarse desde un punto de vista intelectual, menos como un hermoso emblema que por su significación espiritual. Lo sorprendente es que fue la historia y no la teología la que concibió el Vexillum. Fue el nombre de Legión el que apuntaba hacia el Vexillum romano como insignia de la Legión; pero, naturalmente, había que hacerlo católico. Por una simple adaptación, el águila se convirtió en paloma. El emperador pasó a ser la reina de los cielos, y así sucesivamente. La evolución final pone delante de nosotros la concepción legionaria de sí misma: el Espíritu Santo se da a sí mismo al mundo por medio de María.

Promesa Legionaria


La imagen de la tessera, destinada a representar pictóricamente a la Legión para fines de su elenco de oraciones, consigue el mismo resultado desde un ángulo diferente. El pincel y la pintura representan mejor que el metal la intimidad de la unión entre el Espíritu Santo, María y sus miembros. Está pintada como la columna bíblica de fuego, y Él es el fuego que la llena. Alrededor de la orla, están los grandes textos que definen el papel de Nuestra Señora: la Mujer del Génesis, la Corredentora, la Mediadora de todas las gracias. Así, tan temprano comenzó la Legión a venerarla como mediadora. La fiesta no fue aprobada por Roma hasta junio de 1921.

Cuando llegó la Promesa de la Legión, se produjo ese proceso de expansión de cosas que habían parecido menos importantes o en la sombra. Aun cuando su primera palabra de oración se había dirigido al Espíritu Santo, la Legión niña se había concentrado en su madre. Pero en la Promesa la Legión había adquirido madurez y ya ve a María a la luz del Espíritu Santo. La Legión tuvo que saturarse plenamente de María antes de que el Espíritu Santo hiciera de ella su instrumento. Aunque en aquel momento no se comprendió del todo, todo estaba implícito en la primera reunión de la Legión de María. Y estaba asimismo contenida en las primeras palabras de la oración dirigida al Espíritu Santo.