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Por FRANK DUFF
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Según las leyes que gobiernan el mundo espiritual es necesaria la atracción de un alma para elevar a otra. (Federico Ozanam). 
El primer propósito del Praesidium es enseñar la Legión. Si esto no se hace, su trabajo es vano. Si no sabemos qué hacer o por qué se hace, la Legión se cae en pedazos o funciona ineficazmente. El segundo propósito es enseñar a Nuestra Señora. ¿Pero por qué se puso este segundo propósito? Porque antes de enseñar allí tiene que haber un maestro. El tercer propósito es el apostolado. ¿Por qué no colocar esto antes de Nuestra Señora? Porque Ella va antes del apostolado, que es sólo nuestro aporte a su función maternal.

Habiendo declarado estos principios importantes por vía del preámbulo, procedo a hablar sobre el asunto del contacto a través del que María, la Legión, el Praesidium, y el Apostolado se vierten fuera. Defino el contacto como un encuentro con personas que nosotros debemos volverlo ganancia espiritual. Por supuesto, se supone que como cristianos, nosotros realmente debemos hacer provechoso cada contacto con otra persona. Pero aquí yo aplico la palabra un poco más estrechamente, proporcionándola a nuestra debilidad humana. Yo supongo que está más allá de nosotros buscar convertir cada reunión con otra persona en un encuentro espiritual. Quizás usted puede decir: ¿"Por qué no"? Bien, primeramente porque requiere un grado de valor que todos no lo poseemos todos; por ejemplo el decirle de repente al cartero: ¿"No piensa usted que debe empezar a ir a Misa diariamente"? O al extraño que se sienta a su lado en el autobús: "Está usted satisfecho con su actual religión"? Algunos de nosotros hemos hecho esto con frutos. Pero yo reconozco que tales alturas emprendedoras están más allá de la mayoría de nosotros. Así que yo restrinjo mi definición a los casos más fáciles.

Obviamente el lema de que los legionarios deben estar siempre de servicio, se aplica a las circunstancias generales de nuestras vidas, en el sentido que debemos estar razonablemente a favor de la campanilla de las oportunidades. Muchos de estas oportunidades llegan, y si están alertas verán otras.

Aquí debo hacer una distinción. Yo no pondría en la categoría de acercamiento difícil cualquier trabajo efectuado por los legionarios en su propio distrito o durante un proyecto de Peregrinatio. Aquellos a quienes encontramos esperan por así decirlo al legionario para tratar sobre preguntas de la religión. Por consiguiente los legionarios están nadando con la marea y no contra ella. Ellos no sienten que están siendo llevados por las olas de la conveniencia, y el acercamiento es comparativamente fácil. Igualmente se espera que un equipo de Peregrinatio, yendo a un lugar no católico, hable del Catolicismo y así que el procedimiento es bastante natural. Pero cuando no te esperan, y no debes hablar de religión, entonces se pone mucho más difícil. Para algunas naturalezas esto sería heroico. Pero recuerda la orden de San Pablo de que a tiempo y destiempo de la estación debemos empujar la causa de Cristo. Debemos aceptar este texto en su valor real y creer que es providencial el que hagamos semejante acción, entonces la gracia necesaria para hacerlo no estará más allá de la capacidad razonable. Hay la inferencia además, que si nosotros lo intentamos, algo pasará. Dios no nos exige realizar maniobras inútiles. Les entrego un poco de mi experiencia personal.

Un grupo de nosotros efectúa sus vacaciones viajando en bicicleta por esos lugares de Irlanda que es como se sabe, una atracción para los turistas. La mayoría de éstos viajan en automóviles y no es posible hablarles. Incluso cuando usted haría un contacto momentáneo con ellos, en un lugar particular, sería demasiado breve para utilizarlo en favor de la religión. Pero cuando haya la oportunidad de una conversación nosotros estamos dispuestos a tenerla, sobre todo cuando ellos se hospedan en el mismo lugar que nosotros.

¿Cuál es el resultado? Muestra una posición extraña. Parece sumar a esto que ninguna de esas personas está satisfecha con su propia religión. Su invariable contestación al asunto de la pregunta es, que no significa mucho para ellos. Algunos dirán que no tienen ninguna filiación religiosa en absoluto; otros que ellos no sostienen ninguna opinión religiosa. Nuestro método normal sería entonces preguntarles si ellos no deben echar una buena mirada a la Iglesia Católica. Muy a menudo, de hecho normalmente, esto logra la declaración de que piensan que lo debieran hacer. Frecuentemente nos aseguramos de la promesa de que lo harán. Aquí se presenta una peculiaridad: que la Iglesia Católica es considerada por ellos como algo aparte y diferente de todo lo demás. ¡Ellos están admitiendo que si otras cosas han fallado, el Catolicismo debe de probarse! Note que su respuesta nunca dice que el Catolicismo es sólo igual al resto. Ellos están haciendo de algún modo una clara distinción en sus mentes. Esto está intrigando. Demuestra que nuestro interrogatorio se ha agarrado de un gancho libre; se ha ajustado en su descontento y perplejidad. No importa de qué modo uno examine, esto es significante. Sugiere que una situación providencial se ha creado. Acerca de que si estos encuentros se desarrollan después, no lo sabemos. Pero ése no es el punto. Nosotros estamos discutiendo sobre la realización y uso de los contactos. Enfatizo el hecho de que nuestro acercamiento inicial nunca es rechazado, sino se interpreta más bien como un interés amable.

Quizás a algunos de ustedes podría ocurrirle la objeción de que actualmente cuando la propia Iglesia está en tumulto, no sería el momento ideal pare invitar a otros a efectuar una mirada a ella. Acerca de esto, yo diría que semejante idea aparentemente no se hace presente a estas personas. Sin quizás cualquier razonamiento ellos consideran a la Iglesia Católica incluso en su tumulto como una proposición sumamente diferente de cualquier otra cosa. Malcolm Muggeridge ha hecho esta distinción en sus charlas de la televisión. ¡Él no tiene ninguna reserva en sus aserciones respecto de que las iglesias protestantes están muertas! Nos advierte que el mismo destino será el nuestro, si no verificamos los elementos desordenados de nuestras líneas. Pero él concede que nosotros todavía estamos vivos. Incluso ha llegado hasta decir que él piensa que se habría unido a la Iglesia, pero no lo hizo por aquellos desordenados.

El hecho es que el mal ejemplo en la Iglesia, es sólo mal ejemplo. Después de un poco de tiempo y un poco de corrección las cosas encontrarán su lugar; la Iglesia surgirá del último de sus inviernos periódicos y entrará en una primavera feliz. Por otro lado fuera de la Iglesia reinan absolutos caos de fe. Nadie sabe en qué creer o lo que tiene que hacer. Esto es bastante comprensible, produciendo sentimientos dolorosos en aquéllos que tienen una noción apropiada de la religión como la revelación y la maestra auténtica, y un apoyo en esta peregrinación. Si ésa es la posición; y si es tan comparativamente fácil de establecer contacto con extraños absolutos en tales circunstancias desventajosas como en la orilla del camino o encuentros en el hotel, entonces enfáticamente usted debe sacar valor de las personas que están por así decirlo a su cuidado, aquéllos que son el asunto de la visita ordinaria del legionario. ¿Se logra este valor?

¿Qué debemos pensar de la pregunta de un praesidium en una reciente reunión del Concilium? ¿Pidieron consejo acerca de lo que debe apuntarse y lo que debe decirse en las visitas de casa en casa? Mi propio comentario a esto era que yo no entendí la mentalidad de esa pregunta. Ese praesidium está discutiendo sus visitas detalladamente cada semana y todavía al parecer no sabe para qué es la visita. Parecería como si ellos pensaran que tienen que tener un tema para discutir y que ya no tienen temas para dar. ¡De verdad debe ser una prueba terrible hacer visitas sin tener algo que hablar en ella y sin un objetivo para apuntar!

¿Pero por qué molestarse sobre temas menores cuándo nosotros tenemos el gran tema del significado de la vida, y donde el propósito indispensable es hacer que las personas den pasos hacia adelante? Aquellos que están haciendo visitas regularmente no tienen ninguna de las dificultades que los obreros callejeros o los peregrini o los organizadores de fiestas tienen que enfrentar. Yo repito que los visitados esperan que los legionarios hablen de religión. Eso significa que ellos son receptivos, medio listos a hacer lo que se pone ante ellos. En estas condiciones es un poco trágico que los legionarios no sepan para qué están ahí.

Ciertamente la analogía de una guerra debe estar presente en la mente de cada legionario. En el conflicto moderno hay una movilización total. Todos nos inspeccionamos en vistas de conseguir el máximo grado de servicio. El hombre robusto entra en las líneas de lucha, y después de esto el material humano se ordena en sus niveles apropiados de potencialidad, hasta que la Nación esté dando todo lo mejor.

¿No debe enfrentar la mentalidad legionaria los problemas en líneas similares? Su guerra de verdad es santa, es la de ayudar a la Mujer a aplastar la cabeza de la serpiente y para rescatar las almas de los hombres. Así que nosotros no debemos aportar a esa guerra ningún grado menor de intensidad que el que hace comúnmente la Nación. Como la Nación, nosotros debemos inspeccionar las almas con vistas a desarrollar en cada una su capacidad al máximo. Siendo así, nosotros debemos intentar ganar a todos como miembros activos por lo menos. Estamos satisfechos aceptando lo menos aunque no podamos conseguir lo total. E incluso entonces debemos aceptar sólo un grado menos, bajo el entendido de que lograremos llegar a la cima de la escalera gradualmente.

¿No será el primer paso de sugerir de hacerse miembro activo, que dará bastante para hablar? Imagine la protesta y las excusas que saldrán del hombre y la mujer cuando usted les sugiera hacerse miembros de la Legión. "Yo no soy conveniente. Yo no tengo el tiempo". Esto significa que la misma idea de ser miembros activos de la Legión, nunca se les ha propuesto a ellos, por lo que al principio la perspectiva les parece inimaginable. Bien, el Concilio proclama si n ningún término ambiguo la obligación cristiana universal de ser apostólicos; concede que no es obligatorio el cumplimiento de este deber siendo miembro de una asociación. Pero el Concilio afirma que esto se cumple eficazmente de forma organizada.

Esa objeción de no tener tiempo es tratada en el argumento del Manual acerca de prioridades. Esas personas no tienen tiempo porque todo lo demás se enfila antes que el apostolado, no obstante que el apostolado debe tener la primera demanda de su tiempo libre.

Una objeción más válida parecería quedar en la incapacidad de la persona para verse en el apostolado. Él no puede imaginar lo que podría hacer. Pero como el cristiano deber ser apostólico, se extiende a todos, entonces una esfera de apostolado debe encontrarse para todos. ¿Podría suplicar legítimamente "Johnnie Fortycoats" que él no sería bueno para visitar el
Frank Duff.Palacio de Buckingham, pero quién va a enviarlo allí? ¿No podríamos enviarlo nosotros a algún lugar donde solamente él podría penetrar?

El hecho es que todos deben ser movilizados en el ejército cristiano, así que se debe encontrar un trabajo para todos. El pensamiento lo encontrará.

Entonces después de eso, el miembro de la familia que no se hará miembro activo, inmediatamente debe ser invitado a aceptar algún otro servicio.

¿Y qué sobre la larga espera del Breviario de la Legión que ofrece ricas oportunidades de oración? ¿Ciertamente en lo que se ha dicho, ahí está un programa infinito y una oportunidad correspondiente de hablar sobre él? Así que pregunto: ¿Por qué el Praesidium confundido tiene dificultad en resolver su problema? Es verdad que cuando ellos intentan a lo largo de las líneas anteriores, ellos no conseguirán contestación. Pero ésa no era la pregunta. La pregunta era que ellos no supieron qué hacer en la puerta de una casa. Cuando ellos han intentado honestamente, no pueden culparse de no haber cogido ningún pez. En todo caso el pobre tirón de pez les habrá mostrado la posición austera que apenas cualquiera estuviera dispuesto de servir a la Iglesia.

Dejo las visitas y sigo a la otra categoría grande de almas que se cruzan en nuestro camino. La mayoría de éstos, casi nos chocan, y sería un gran abandono no prestarles atención. Está también la extensa clasificación que he discutido previamente con ustedes bajo el artículo de "Modelo Divino". Estos son casos que llaman nuestra atención por no ser muy comunes. Con respecto a ellos, yo he instado que es aconsejable asumir lo que se llama Acción Simbólica. Lo que ha seguido se justifica por las muchas conclusiones triunfales. Para guardar en sus mentes ese principio del Modelo Divino describo un caso actual. Admito que puede ser sólo pura imaginación y puede no llegar a nada.

Viene a mí la carta de una mujer protestante alemana desconocida en América. Ella me pide que le escriba una carta de consuelo a su cuñado en Italia que está aparentemente moribundo y en dolor extremo. Ella cuenta la historia. Él sufrió bajo Hitler, escapando estrechamente de la muerte, y huyó a Italia donde él prosperó. Su familia es católica, por lo que pareciera que su esposa es una convertida. Usted estará de acuerdo que esto organiza una posición extraña. ¿Por qué escribir sobre eso a un total extraño? Me golpeó encajando en esa categoría de Modelo Divino. Así que yo simplemente he escrito no más, dándole nuestras ideas legionarias sobre el sufrimiento en el Cuerpo Místico y proponiéndole como un apoyo en su condición dolorosa. Simultáneamente yo escribo a la señora en América. Hablo de nuevo de la doctrina del Cuerpo Místico a través del que nosotros sobrellevamos nuestras cargas, y digo me parece que los viejos y nuevos sufrimientos de su cuñado no son definitivamente para él; pienso que él está ganando para ella la gracia suprema de la conversión que su hermana ya había recibido. Entonces, así como si yo hubiera probado el caso, pregunto: "Qué va hacer usted sobre eso"? Yo no tengo la noción más mínima acerca de lo que pasará. Pero yo sentía que el enfoque legionario dictaba que esta carta mía aparentemente fantástica tenía que ser escrita. Si usted piensa que ve un modelo, debe seguirlo.

Nosotros no debemos restringir nuestros esfuerzos a lo que pensamos que se requiere. Tales juicios están en la superficie y pueden ser tan malos. Es principio esencial del legionario que el máximo esfuerzo siempre sea empleado, independientemente de las perspectivas. Esta es una interesante prueba actual de la sabiduría en ello.

Hace seis meses un legionario plantó dos maoístas ante mí. Eran buenas personas jóvenes pero al parecer muy alejados. Adoptaron la línea del extremismo revolucionario y declararon enfáticamente que ellos habían roto con la Iglesia. Aunque yo consideré la oportunidad como nula, les di la tarde entera. Habiendo hecho todo lo que pude, no me sentí descorazonado por la falta de éxito. Ahora viene la continuación. El domingo pasado oí con placer infinito que los dos habían vuelto a la práctica de su religión.

En el acto de contacto no debemos poner mucha importancia al resultado visible de las palabras. La mayoría de las personas ocultará su reacción si usted está impresionándolos. Ellos consideran el encuentro como un concurso y no quieren concederle la victoria. Quizás también, como en la naturaleza sus palabras no toman arraigo enseguida, mientras el calor de la batalla está delante. Cuando las cosas refrescan, lo que usted ha dicho destacará indiscutiblemente en sus mentes.

Especialmente al principio el acercamiento, o donde las personas son tomadas por sorpresa, su reacción inicial puede ser el de resistencia. Incluso las personas amables se resisten así con el propósito de conseguir tiempo para pensar. Surgen las defensas y usted es repulsado. No tome esto como el final. Dele la oportunidad a la sorpresa para calmarse. Entonces intente de nuevo. Esta vez, usted puede ser el sorprendido, al recibir disculpas de cómo lo recibieron la primera vez.

Recuerdo el caso en el que un hombre estaba viviendo con una mujer. Ella les dijo a los legionarios visitantes de las circunstancias y les pidió que no se acercaran al hombre -quién a propósito nunca les habló a ellos. Ella dijo que él era muy difícil y que sería únicamente áspero. Las instrucciones indicadas del praesidium eran de enfocarle que arreglara el asunto, ellos obedecieron. Su reacción fue violenta. Él se levantó, tomó a cada uno de los dos por los hombros, los lanzó a la puerta y los tiró al vestíbulo del sótano que estaba en negra oscuridad. Les dijo que volvieran la semana siguiente, así lo hicieron, con miedo y temblando. El hombre estaba allí. Aunque él no los miraba no mostró hostilidad. Y asombra decirlo que unos minutos después él les habló tocante en atender su posición.

Sus palabras y su talante son sus instrumentos de contacto. Por consiguiente el Manual suplica que deben ser modestos y deferentes. Acercándose a otros en este en estos asuntos muy íntimos -su conducta o su opinión religiosa- usted está sobre el hielo más delgado. Está caminando sobre las mismas aguas. Así que usted tiene que desarmar a esa persona por el encanto y la humildad y por la nota de disculpa en su discurso. En el diálogo evite cualquier palabra que sugiera que usted está batallando con la otra persona, o algo que parezca un sermón dirigido a ellos, o un entendido de la ley, -o cualquier cosa que demuestre superioridad. Yo recuerdo una letanía de frases que nosotros nunca debemos usar, como: "Eso no tiene sentido; eso es falso". O, "Usted no ha tomado en cuenta esta pregunta". Tales expresiones son como golpes que matan aquello que usted está buscando, la conversión, de alguna forma u otra. No debe haber ninguna agresividad o muestra de irritación. No protestar aun cuando se reciban insultos. Quede satisfecho con haber declarado la verdad, que nosotros estamos seguros es poderosa y que debe prevalecer. Cuanto peor sea tratado, mayor será la gracia, y también mayor la confusión de su antagonista, y más tarde él estará pensando estas cosas. Él tendrá una repulsión de sentimientos que podría girar el péndulo.

San Francisco de Sales declara una verdad manifiesta cuando él dice que un barril de vinagre no puede atraer una sola mosca, pero que una gota de miel las traerá a todas. Así que no reparta vinagre. Mezcle con un poco de miel sus aserciones de la verdad y sus rechazos al error. Como: "Yo estoy de acuerdo con su argumento. Pero, ¿qué pensaría usted de este comentario mío"? O, "Eso es bueno, pero el Cardenal Newman dice esto sobre el asunto, y no podemos desecharlo simplemente". Siempre manténgase escuchando atentamente, y someta suavemente su argumento.

El acercamiento a un no-católico, no se abre por supuesto, preguntando si él se hará parte de la Verdadera Iglesia. Tal brusquedad no conducirá el otro hacia la Iglesia, sino se lo opondrá. Recientemente se sugirió que un acercamiento inofensivo fuera como sigue: "Alguna vez se le ha cruzado el pensamiento de entrar en la Iglesia Católica"? Nadie podría objetar eso; es respetuoso. Puede traer una respuesta equilibrada. En todo caso, abrirá una despierta discusión de una manera satisfactoria. Si la contestación es: "Bien, yo tengo que admitir que una o dos veces pensé de esa manera", entonces se abre un camino ancho. Si al contrario la respuesta es un decidió "no," entonces su propia contestación será: "Sería una trasgresión de mi parte preguntar por qué usted responde decididamente así"? Entonces él da sus razones; usted escucha atentamente, y usted sólo habla cuando él obviamente termina. No interrumpa mientras él está hablando. Lo más que usted pueda escuchar será lo mejor. El sentido común dicta que él tendrá que darle su tumo y el mismo respeto que usted le dio escuchándolo. Entonces viene su oportunidad.

Nunca tenga miedo de decir: "No sé la respuesta a eso, mi teología no es tan alta". Eso desarma. Tiene la apariencia de admitir inferioridad personal, sin en realidad haberse rendido una sola pulgada. Obviamente no se espera que usted lo sepa todo. Recuerde esa réplica mordaz de un hermano: "Yo no puedo contestarle eso; sólo soy plomero". Entonces continúa diciendo algo como: "Pero yo podría conseguirle la respuesta correcta. O quizás si no le importa, yo podría tratar de de dársela, como el toro en la tienda de loza". Entonces dé su propia explicación que puede ser de hecho bastante buena, y qué habría ganado inmensamente en fuerza a causa del hecho de que usted está proponiéndolo solamente casi sin ningún valor.

En cada parte de su gran aventura por las almas, dele su debido lugar a Nuestra Señora. La Legión siempre ha estado diciéndole que Ella es la Madre de todas las almas de dentro o de fuera de la Iglesia, una idea derivada del Papa León XIII. Más tarde el Concilio Vaticano II ha proclamado lo mismo. María es la Reina de los Apóstoles en el sentido que Ella es necesaria al apostolado en la doble capacidad de Auxiliadora del apóstol y Madre de aquéllos a quienes se aproximan. Sin su ayuda el apóstol no podrá dar. Sin su maternidad, aquéllos a quienes el apóstol va no recibirán. Ésta es doctrina. Póngala en práctica. Crea firmemente que Ella está casi infinitamente ansiosa de hacer su apostolado fructífero. Ella da fuerza a su palabra más débil mientras al mismo tiempo ablanda la tierra dura en la otra persona. Pero es una condición que usted recuerde, que Ella está allí en e se su a sombroso papel maternal, que ese pensamiento no sea ineficaz en su mente.