Algunos Principios
para la Peregrinatio

Por FRANK DUFF
www.legiondemaria.org


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San Agustín con su madre Sta. Mónica
(San Agustín nos dice que el corazón del hombre está hecho para Dios y que vive sin descanso hasta descansar en El… Quisiéramos ver en este pensamiento del gran santo la fuerza motriz de la Peregrinatio)

La Peregrinatio pro Cristo está empeñada en una obra de grandes dimensiones, y se está desarrollando con éxito. Se nos venía diciendo que no adelantábamos lo bastante, y que el aumento de unos doscientos que salen de aquí a peregrinar no era suficiente. Pero la cuenta no está bien aplicada, porque la Peregrinatio es más que un movimiento local. Lo que hay de verdad es que la idea de la Peregrinatio va creciendo como el proverbial fuego en el cañaveral. Las ordinarias noticias mundiales nos la muestran suscitándose en muchísimos lugares. Como lluvia de centellas, la idea ha caído a lo ancho y a lo largo, creando fuegos innumerables. Y creo que no tardará en abrazar la idea todo el mundo. A lo que seguirá algo portentoso, o sea la implantación real del cristianismo. Porque el cristianismo bien comprendido, no es solamente la aceptación simple de la fe, sino en tal forma que le impulsa al creyente a comunicarla por todas partes.

Por eso la imagen que nos debe sobrecoger es la de un fuego que lo va devorando todo al paso. Un fuego que se extiende no tarda en estar en todas partes. Si todo el pueblo católico ardiera por extender la fe, se convertiría en una fuerza irresistible. Pero sencillamente sería como nada comparado con lo que el Espíritu Santo está por hacer de ella. La Peregrinatio ofrece tales perspectivas de un despertar de católicos conscientes de su deber en este respecto que no hay duda que tendrá que enfrentarse con inmensos problemas. Se darán dificultades naturales, ni faltarán tampoco las sobrenaturales. Por dificultades sobrenaturales quiero decir que debemos esperar tener a las fuerzas del mal formadas en orden de batalla contra nosotros. Estos poderes son grandes. Incuestionablemente se desatarán contra el Movimiento que posee tantas posibilidades. Si uno considera además la mera dificultad de conservar el entusiasmo de la gente a su altura, uno se pone tentado al pesimismo de ver al Movimiento dejarse llevar a una pausa. Estamos ante dos cosas opuestas: el pensamiento del crecimiento y de la conquista por una parte, y el temor de que se trata de una cosa demasiada buena para que sea verdadera, de otra parte. La última sería una calamidad. Cuántas cosas se realizarían con el entusiasmo en el corazón. Pero son más las cosas que quedan por hacerse.

Por lo tanto voy a referirme a algunas ideas centrales. Nuestro peligro principal, como en toda gran empresa, estaría en la vaguedad de los principios, de tal manera que la oscuridad o los obstáculos apartarían el Movimiento de su verdadero camino. Se impone el estar muy seguros de lo que se quiere alcanzar para no desviarse a través de los obstáculos y de la confusión. A veces puede parecer que tengamos que empujar nuestro camino a través de toda una montaña.

La Peregrinatio debe concebirse como un acercamiento de frente a los no creyentes, proponiéndoles la Iglesia en su plenitud y buscando la adhesión de ellos a ella. Debe ser una reflexión del mandato global de Nuestro Señor. No se puede aceptar que el fin de la Peregrinatio se justificaría con sólo trabajar por la fraternidad con las demás religiones.

Suena a ecuménico el que nosotros les sugiramos a los Protestantes no observantes que retornen a sus propias iglesias. Si así lo hacen, querría decir que la fe tendría la posibilidad de volver a encenderse en ellos. Pero en el corto período de un avance de la Peregrinatio no hay tiempo para otra cosa que para ser terminante.

Una advertencia vital: no propongamos nunca un catolicismo barato. Este es un peligro que se ha extendido por todo el mundo en la actualidad, cómo da pena verlos en los periódicos y revistas. No faltan personas que por hacer el catolicismo aceptable por los de afuera, disminuyen y adulteran sus principales doctrinas.

PPC a Oxford con un grupo de Gozo y Malta visitaron los hogares en el sector oeste de la parroquia St Aloysius Gonzaga y distribuyeron información católica y conversaciones con la gente de todas las religiones.


La Peregrinatio entonces debe representar un atenerse a los principios elementales. El más fuerte de todos es la fe. La campaña poderosa aunque momentánea de la Peregrinatio es una obra de fe. Con solo su ayuda nos afrentamos y disputamos con la incredulidad absoluta por un tiempo cortísimo. Y sin mucha posibilidad de ver eventuales resultados. Traigo ahora una poderosa consideración de San Agustín.

Nos dice el Santo que el corazón del hombre está hecho para Dios y que se halla sin reposo hasta no descansar en El. Esta inquietud puede llevar a los hombres a todo, menos a lo bueno. Porque si los hombres no conocen a Dios, no pueden buscarlo, y sus agitados deseos encuentran salida en cualquiera otra dirección, generalmente por los caminos del mal. A nosotros nos gustaría ver en ese pensamiento del gran Santo la principal fuerza motriz de la Peregrinatio. Debemos creer que en cada ser humano hay ese impulso hacia Dios. Pero permanecerá un impulso inconsciente hasta que no sea puesto en movimiento. Pero tan pronto como se lo despierte, responderá como la campana, a un toque apropiado. ¿Qué significa aquí apropiado? Diría que es un toque que contiene a Dios y que busca dar a Dios. Humanitarismo y mera fraternidad por iguales razones humanas no tienen aquí sentido. Puede ser que contengan algo de espiritual, pero no inspirarán en los corazones más de lo que contienen.

A esta Peregrinatio Pro Christo a El Trébol participaron 32 peregrini, en su mayoría jóvenes, todos del Comitium "Inmaculada de Garay" de la Arquidiócesis de
Santa Fe de la Vera Cruz, República Argentina.


Dar a Dios debe significar dárselo a plenitud. Lo que no quiere decir que debemos hablar de Dios o de nuestro último objetivo en el primer minuto. Puede ser que tengamos que reprimirnos, que ser prudentes. Pero en nuestros corazones debe haber la determinación de dar a Dios en su plenitud. Esto no lo podemos hacer sino presentando a la Iglesia, que es la que da la explicación de Dios y del trato de Dios con la humanidad. Otras Iglesias pueden enseñar algunos aspectos correctos de estas cosas, pero lo hacen a la manera de la cera que Brinda su luz, esto es no de sí misma, sino reflejando la luz recibida de su fuente real.

Sólo a la iglesia son asequibles las enseñanzas supremas, en su conjunto total. Con esconderlas o disimularlas sólo se logra esconder el cristianismo o a Dios. Y el resultado final sería la esterilidad. Debemos presentar a Jesucristo en su totalidad; su divinidad; su presencia en la Eucaristía, la Misa y el Cuerpo Místico. Debemos presentar su relación con María y !a maternidad de María respecto a iodos los hombres. Estas cosas no deben esconderse. En una empresa de pega —y— corre, como lo es la Peregrinatio, son enseñanzas que no pueden ser explicadas plenamente, pero no se las debe ocultar deliberadamente con el fin de caer bien.

Ahora paso a otro punió fundamental. Se traía de Nuestra Señora. Su importancia es especial en este tiempo. No faltan quienes dicen que el Concilio le ha rebajado importancia. Es incomprensible una afirmación semejante después de leer el Decreto De Ecclesia. Porque por primera vez en su larga historia la Iglesia ha emprendido la tarea de ponerse a sí misma por escrito, llamando a este documento "la Constitución Dogmática de la Iglesia". El capítulo VIII, que es su último capítulo largo, como una culminación está dedicado al lugar de María. Es tan vigoroso que parece ser como una paráfrasis del Manual de la Legión. Ese Capítulo es verdaderamente la Carta Fundamental de nuestra Bendita Señora. En ella se la llama con carácter de título oficial Abogada, Auxiliadora, Ayudadora, Medianera. Ayudadora es solamente otra fórmula de Corredentora. Respecto al uso de la palabra "Medianera", algunas personas han tratado de disminuirla diciendo que es una reducción del título de Medianera de todas las Gracias. ¿Hemos de decir entonces que Nuestro Señor mismo queda reducido por haber sido llamado siempre Mediador?

El Cardenal Newman tiene unas páginas maravillosas respecto al desarrollo de la Doctrina Cristiana. Sostiene que la presentación más bien elaborada de una doctrina no es otra cosa que una amplificación de lo que ha estado siempre en germen. En otras palabras, los primeros cristianos no estaban en condiciones de tener matices doctrinales que ahora los tenemos nosotros. Pero en esencia tenían lo que ahora tenemos. Es interesante remitirse al pensamiento sobre el oficio de Nuestra Señora en el despliegue que le da el Concilio y ver cómo concuerda con la primera afirmación hecha a la humanidad sobre la relación de María con la salvación del mundo. Fue proclamada en la primera de las profecías, hecha por Dios a la Serpiente después de la caída de nuestros primeros padres. En ese momento de ruina y desesperación, esa declaración ofreció una esperanza, prometió la Redención. Esa Profecía (familiarmente llamada Protoevangelio o primer Evangelio) comienza con Nuestra Señora, haciéndole fundamento de la futura restauración. El legionario lo sabe y lo recuerda esto, porque las palabras de esta profecía las lee en los bordes de su Tessera: "Pondré enemistades entre ti y la Mujer, entre tu linaje y su linaje. Ella aplastará tu Cabeza".

El asunto es para largo detenimiento. Pero el tiempo apremia y sólo permite una brevísima presentación. Como las enemistades a las que alude el texto son enemistades de todos los tiempos, ellas señalan la Inmaculada Concepción. Aquella Mujer ha de ser además la Madre del Redentor y de todos los a El unidos. Del tono de la profecía y de la vinculación entre la Mujer y su linaje, aparece claramente que la Mujer será la ayudadora y cooperadora del Redentor. Si ella coopera en la Redención actual, desempeñará necesariamente una parte análoga en la administración total de las gracias; ella será Abogada y Medianera. Es Él el que hace la salvación. Pero dependientemente de Él, Ella tiene una parte decretada y necesaria en todos los misterios de la religión.

Me atrevería a decir que estas conclusiones sacadas de la profecía no son solamente una deducción clara y despejada sino también inevitable. Lo que el Concilio enseña ahora sobre Ella, está contenido como un germen en esa profecía. Precisamente como la espiga de trigo está contenida en cada grano.

Tal es el lugar eminente de María en el plan divino. Anunciada como su punto de partida, Ella sería la cooperadora continua en él hasta su final cumpliendo en la salvación de la última alma de la tierra.

Así de alto debe ser nuestro aprecio de María. Nosotros damos a los demás a María solamente en proporción a nuestra fe en Ella. Si nuestra fe es insuficiente, no podemos presentarla de verdad. La mención de su nombre es vana si no está sostenida por un reconocimiento de su oficio. No es Ella ningún obstáculo en el camino de la conversión. Dios la ha elegido para madre de todos los hombres. Recordarla a Ella es recordar a Dios.

Repito que nuestro acercamiento a las almas, debe ser a base de principios. Uno de éstos es creer en lo que Newman llama "la victoria de la verdad". La verdad tiene un poder propio aparte de! que nosotros la revestimos. Es contrario a este principio el acomodo de la doctrina católica a las variantes circunstancias de hombres y lugares. Muchas veces se ha hecho una prueba semejante y nunca ha tenido buen efecto. La verdad es única e inviolable. Constantemente se afirma que si ciertas doctrinas no llegan a modificarse, no se obtendrá conversiones. Antes de aceptar esa idea, habría que indagar qué tentativas se han hecho para convertir. El juicio que normalmente se hace en cualquier parte sobre un lugar cualquiera es que la conversión es imposible. Con un prejuicio semejante, los católicos no han hecho ninguna tentativa. Con respecto a toda área yo podría citar personas que han estado viviendo allí por muchos años, y que no han tentado nada para convertir, pero que han asegurado como una experiencia suya definitiva que la gente era inconvertible y hasta inaccesible en lo que a religión se refiere. Esto se sigue perversamente asegurando a pesar del hecho de acercamientos en grande y llenos de éxito que han sido realizados por las nuevas sectas.
Frank Duff.En una región tenida como totalmente atea, nuestra enviada ha demostrado lo contrario. Ella nos ha dicho que cada día trababa de hablar a diez personas diferentes acerca de la iglesia. Se extendió el interés, y ningún desaire. Ahora los legionarios están haciendo lo que venía declarando imposible. Se han lanzado a la más difícil de las obras —el contacto en las calles— y están encontrando una universal receptividad.

Nadie ignora lo que la Peregrinatio ha experimentado los últimos tres años en otros campos igualmente nada prometedores. Se ha comprobado que casi todo el mundo está abierto a un acercamiento de carácter religioso. Esto implica el decir de San Agustín que los corazones humanos están atados en sus raíces con Dios. Por apartados que estén de Él, por cubiertas que estén estas raíces por la ignorancia o por el pecado, ellos siguen atados a Dios. Nosotros podemos y debemos explotar este principio.

Cito el conmovedor testimonio de una legionaria de Londres que hizo una extensa visita a Rusia. Estaba ella versada en el idioma. A 600 personas hizo esta pregunta: "¿Qué piensa Ud. de Dios?" Los resultados de esa pregunta están resumidos en un libro que trata de las varias respuestas que recibió. Obligado a resumir, traigo aquí una respuesta compuesta: "¿Qué piensa Usted de Dios? Bien, en primer lugar tengo que decirle que envidio su fe. En caso de existir Dios, sería para tener un sentido para la vida, que hasta ahora no lo hay. Sobre todo no se sabe qué penar del sufrimiento. ¿Qué significa todo esto? Aquí hemos nacido en un mundo sin nuestro consentimiento y estamos obligados a llevar una vida difícil y generalmente sin felicidad. Si logramos allegar algunos bienes, es cuando ya declinamos en la vida y para gozarlos por poco tiempo ¿Qué significa todo esto? Una vez más tengo que decirles que envidio su fe en Dios. Pero lastimosamente la ciencia ha contradicho a la religión.

Este es el resumen de 600 respuestas. Fijemos la mirada en las mentes de esas personas, y veremos que en todas ellas se cumple el aserto de San Agustín. Apoyados en ese principio hay que peregrinar, por durezas que sobrevengan y por ausente que esté la fe. Creemos en esta ley y ella gobernará nuestras tácticas. Se han conseguido resultados donde ha sido aplicada por los legionarios de corazón lleno de fe.

Que la ciencia ha dado al traste con la religión. Esta es la frase moderna que abre brecha. Como ninguna otra cosa ha causado daño a la religión, porque la gente la acepta como verdadera, dejándose hipnotizar por todo lo que a ciencia se refiere. Por eso voy a detenerme en ella un poco. ¿Se puede establecer un principio o acercamiento respecto a este punto que nos puede ayudar de veras?

Peregrinatio Pro Christo a West Virginia. Fr. Steve McGraw participó junto a 22 legionarios cada día incluyendo un grupo de la Curia hispana de Arlington, VA, USA.


El ascendiente de la ciencia en nuestras vidas es masivo. Estamos viviendo en su atmósfera. Estamos abrumados por sus conquistas. Cada día aparece producido lo increíble. Pronto aviones comerciales nos transportarán a 33 millas por minuto. Una libra de combustible puede mover un gran barco alrededor del mundo. Estamos a punto de aterrizar en la luna y los hombres vendrán a contarnos sus experiencias y observaciones. Lo que se está desarrollando es verdaderamente asombroso, demostrando un conocimiento de los hombres cada vez más profundo y amplio de las leyes naturales y de la habilidad para usarlas.

¿En qué forma puede decirse que esto prueba que la ciencia ha acabado con la religión o con Dios? El significado principal de semejante pretensión es la creencia de que hemos llegado a saber tantas cosas que podremos en el futuro controlar toda la naturaleza, producir todos los fenómenos atribuidos antes a Dios; lo que daría al hombre el puesto que nuestros antepasados asignaban a Dios.

Esto ciertamente sería verdad si Dios fuera solamente lo que el Dr. Robinson, Obispo de Woolwich, y otros con él han declarado ser Dios. Ellos mantienen que El no es en ningún modo Persona que nos ame y a quien podemos amar y dirigirnos, sino solamente el conjunto de leyes y fuerzas naturales.

Pero Dios no es nada de esto. El es el Hacedor de todas esas leyes. Entender las leyes de la naturaleza es muy diferente de hacerlas. El hecho de que El progresivamente admite a los hombres a la comprensión y utilización de ellas no justifica el que el hombre se atribuya o niegue la realidad de Dios. Lo que a mi parecer más bien ha sucedido con los grandes avances de la ciencia, no es la abolición del misterio de Dios, sino su agrandamiento.

Como un ejemplo de este hombre misterio podría señalar los descubrimientos atómicos que han venido a dar grande luz sobre la estructura y manera de ser de la substancia. El átomo del que se sabía que era la parte más pequeña de la naturaleza, actualmente descrita por la gente como indivisible, ha sido ahora demostrado como todo un mundo en sí mismo. Aunque invisible al microscopio, posee un sol (protón) y un sistema propio de planetas y satélites (electrón, neutrón, etc.), con leyes tan detalladas y complejas y ordenadas como las que mantienen nuestro propio sistema solar.

Esta revelación científica revela perspectivas de pensamientos que hacen a los misterios de la creación y de la existencia humana más inaccesibles que antes. Entonces ¿cómo decir que la ciencia ha acabado con Dios? ¿En qué forma podemos prever que los adelantos venideros de la ciencia acabarán con El en el futuro? Lo que sí es cierto es que la apartarán más de nuestra comprensión, sin que disminuyan nuestra adoración y amor a Él.

Normalmente se hallará que las personas que insisten muy enfáticamente sobre la incompatibilidad de la ciencia y de la religión no son auténticos sabios. Son personas a quienes Mgr. R. H. Benson describe como "gente que ha escuchado lecciones pero no lo suficiente". Habría que desafiarlas a presentar pruebas de sus afirmaciones dichas con lengua tan suelta.

Resumiendo este caso de religión y ciencia, pienso que la posición neta es que la ciencia —ahora o en el futuro— no va a afectar a la religión de ninguna manera. Para el no creyente, cada nuevo descubrimiento significa aparentemente que Dios puede progresivamente ser batido en retirada y que por lo tanto no exista. Extraña suposición para la forma en que vean las cosas.

Antes al contrario, el creyente ve en cada nueva maravilla una luz más acerca de Dios, una penetración más rica en su magnificencia.

De modo que en esta materia de fe, la ciencia es aparentemente una cosa neutra en cuanto que cada lado suyo puede aplicarse a la religión como un soporte. Si la ciencia puede causar en una persona pensante la aceptación de Dios como la única posible explicación del sistema de la naturaleza, tan lleno de maravillas asombrosas, tan complicado pero también tan ordenado, no debemos permitir que se mencione la palabra ciencia para deslumbrar a los ingenuos y seducirlos con una filosofía materialista. Puede hacerse una objeción: Si la ciencia es una cosa neutra, ¿por qué tantos sabios se ponen del lado de la incredulidad? Hablando muy ampliamente, es porque lo católicos son negligentes en presentarles lo que es creer; mientras que por otro lado los elementos antirreligiosos no se cansan de propagar la incredulidad. Lo neutro cede a la fuerza.

Aquí vuelvo a una antigua proposición mía cuyo recurso parecería a algunos cosa demasiado ingenua, no suficientemente moderna, no lo bastante científica. Pero me permito presentárosla como un principio absoluto para vuestra obra. Hay que insistir sobre lo milagroso. Es este un argumento tan actual como lo fue cuando Nuestro Señor lo usó tan dramáticamente. Proponed e! caso aquel de Isabel Delot, descrito en nuestra hojita "Una Fórmula de Conservación". Ninguna situación de ciencia pasada, presente o futura podría explicar ese caso. Es una intervención evidente, indesafiable de Dios en un campo reclamado por la ciencia. Garantizo que este caso reducirá al silencio el más alto clamor de que la ciencia lo explica todo y por lo tanto anula la religión. De modo que emplead ese caso. Un legionario lo presentó a 50 eruditos protestantes de diferentes matices de fe y escepticismo. A todos los dejó en respetuoso pensamiento.

Un informe reciente nos refiere que un Científico de los primeros que estaba dando una clase en la Universidad de Moscú fue interrumpido por un estudiante con esta pregunta: "¿Cual es el sentido de la vida?".

Molestado al principio por creer que se trataba de una rudeza, el Profesor miró a la cara del interruptor y luego a las otras caras que tenía delante. Cada uno de ellos quedó asombrado de perplejidad.

Con gran honradez declaró: "No sé", y continuó con su lección. De modo que la ciencia no ha solucionado el misterio para ese Profesor, ni para su clase.

Vuestra obra es vital. Es de capital importancia para la Iglesia porque constituye una demostración del hecho que cada hombre está esperando que alguien la ofrezca la fe. "¿Cómo puedo comprender si no hay quién me enseñe?", decía el Etíope en su coche a Felipe el Apóstol (Hechos VIII, 26 al 39). Vosotros no sois sino aves de paso en los lugares a los que sois enviados.

Pero por corto que sea vuestro tiempo, es suficiente para demostrar que tenéis fe. Y cada pedacito de tiempo puede ser tan largo como el que tuvo San Felipe para explicar cosas a aquel Etíope —y convertirle. En ese espacio de tiempo sois capaces de realizar un acto, que aunque pequeño, tendrá grande influencia para el futuro. Otros se encargarán de afirmar y arraigar. Parte de esta afirmación y arraigamiento procederá de la inspiración que vosotros supisteis dar y que permanecerá detrás vuestro.

Hay otra razón para realizar los esfuerzos que hacéis. A menudo al catolicismo local está tristemente diluido en cualidad. Puede no pasar de nada más que de una piadosa rutina, desprovista de fuerza de atracción o de inspiración, hasta el punto que un observador puede decir que allí no hay fe. En este caso, será objeto de desprecio para los que no pertenecen a la Iglesia y no retendrá ni a sus propios miembros. Se ha dicho respecto a una región que de los pocos cientos que entran a la Iglesia como católicos cada año, la mitad pronto caerá en desilusión. No encontrando en la Iglesia ninguna de las gloriosas campañas por las almas que han leído en los libros, saldrán de nuevo hacia su inflexible ateísmo.


Esta parte no forma parte de este artículo.
 
PEREGRINATIO
(Ideas plasmadas en hermosos versos ingleses por una legionaria de Gales del Sur).
Quiero mostrarte lo que hacen las almas celosas, y si te sientes impresionado por ello,
fija ya una fecha para tu Apostolado de vacaciones.
Grupos de apuestos legionarios
marchan de sus casas por todos los medios de locomoción moderna.
Su cometido es luchar por Cristo
y dar a la Iglesia una mano de ayuda.
Algunos pueden ser tímidos o no tan sagaces;
pero no bien emergen como un equipo de juego, su valor, su tacto y tu tono de amigos llevan a cada uno
el amor de Cristo en que se hallan abrasados.
A menudo el jefe y su equipo aparecerán junto al altar.
Es que están mendigando gracias
para que su noble misión comience desde adentro.
Enseguida de la Misa se reúnen y rezan,
informan rápidamente y elaboran el orden del día,
para luego de dos en dos desplegarse con elegancia
a llenar las horas con acciones de bondad.
La Legión hace con gracia su tarea
y vuelve luminoso el rincón más oscuro.
Eleva los corazones de la querida familia de Dios;
y echan las redes en aguas profundas.
No dejan pasar ninguna oportunidad
para fomentar la unidad cristiana;
de hermanos a los hombres,
cada día se les halla haciendo ruegos.
No trabajan ni rezan por ningún otro fin.
Antes de irse de un lugar se les ruega.
Después de haber trabajado tan bien se dan cuenta
asistir a un acto social de la parroquia,
de haberse hecho nuevos amigos, a los que dicen
"adiós".
¿Y a ti será pedirte demasiado
el don de esta obra por una o dos semanas?
¡Hazla tuya querido hermano y hermana;
no dudes en servir de voluntario!