Fórmula de paz
P. Sean Holloway, Columbano, dirigió 62 Praesidia cuando estaba en Filipinas (*)
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La mayor conferencia de paz tuvo lugar el 25 de marzo. Esta conferencia de paz se celebró entre Dios y la humanidad. Debería ser una fórmula para todas las conferencias de paz. Nuestro representante en aquella conferencia era una joven llamada María. Dios envió como embajador un ángel llamado Gabriel. Había que hacer una gran reconciliación. El hombre había ofendido a su Creador y no podía haber paz sin esta conferencia. Dios nos hizo un ofrecimiento y, si lo aceptábamos, habría paz para siempre. Dios enviaría a su Hijo al mundo a reparar todas nuestras ofensas con una condición: que nuestra embajadora en la conferencia llegase a ser madre de su Hijo. María pudo ver muchas dificultades en todo esto, pero su respuesta fue: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra."

Así como llegó a ser madre de Jesucristo, llegó a ser madre de todos nosotros. Fuimos hechos hijos adoptivos de Dios, coherederos del reino de Cristo; de la misma manera que fue la madre real de Cristo, es nuestra madre verdadera. Hace algún tiempo, un joven sacerdote nigeriano fue entrevistado en la televisión. Nos dijo que era uno de doce hijos; su hermano mayor se casó y esperaba tener una larga familia. Después de un tiempo se vio que no podrían tener ningún hijo. Decidieron adoptar doce niños. Sin duda, tan generosa pareja habrían llegado a ser unos buenos padres para aquellos niños, y los niños, viendo que eran muchos, habrían mirado a éstos como a sus verdaderos padres. Sin embargo su adopción era sólo una adopción ficticia. La sangre que corría por las venas de aquellos niños no era la sangre de sus padres. Esto no ocurre con nosotros; somos verdaderos hijos adoptivos de Dios, y María es nuestra verdadera madre. La Escritura nos dice que somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.

Esta conferencia de paz se conoce como la Anunciación. Dios anunció a nuestra Señora que ella había de ser madre de Cristo. Creo que en cada una de nuestras vidas hay una anunciación también; que en una u otra manera Dios nos habla ordenándonos lo que debemos hacer con nuestras vidas. Cuando un hombre recibe la inspiración de hacerse sacerdote, creo que ésta es la anunciación que Dios le hace. Leemos en la vida de San Patricio cómo vio al pueblo irlandés que le llamaba para que volviera a él. Esta sería su anunciación. ¡Qué contentos estamos hoy de que San Patricio sintonizó con los deseos de Dios! Sintonicemos también nosotros con Dios de forma que, cuando nos hable, reconozcamos su voz.

Durante la ceremonia del Acies los miembros de la Legión hacen un acto de consagración individual y otro colectivo. Considero esta ceremonia importantísima, porque es absolutamente necesario parar de vez en cuando y decir a Dios conscientemente: "Soy para Ti y estoy deseando hacer tu voluntad." Me gustaría decir a los miembros de la Legión, que han hecho su acto de consagración individual y colectiva, que no están trabajando como personas individuales los que han hecho su consagración a nuestra Señora, sino que es una sola persona la que está trabajando, y ésa es María. María se sirve de nosotros para el bien de su Hijo divino y de toda la humanidad.

En el mundo hay muchas personas que se han apartado de la religión y de Dios. Son cristianos de nombre, pero no quieren obrar como cristianos. Por ejemplo, ir a misa, decir sus oraciones, acercarse a los sacramentos. Creo que nunca estuvieron convertidos. Nunca se pararon a pensar, como la Legión lo hace en el Acies, y a escoger deliberadamente a Cristo. Fueron bautizados y educados como cristianos de forma tradicional, pero nunca tomaron una decisión por sí mismos. Creo que esto es muy importante. Yo sugeriría que el sacramento de la Confirmación fuese el momento en que esos jóvenes se declarasen individual y personalmente del lado de Cristo. La Confirmación se daría entonces sólo a los que profesasen que aceptaban libremente, por propia voluntad y con pleno conocimiento, lo que han estado recibiendo durante su vida. Valoro la postura de esas personas, porque, si a mí se me obligase a hacer lo que hacen los mahometanos, yo también dejaría de hacerlo. Nunca he aceptado a Mahoma ni la doctrina mahometana, ¿por qué se me iba a forzar a hacer lo que hacen los mahometanos?

Cuando decimos: "Soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y cuanto tengo tuyo es", queremos decir que todo el trabajo es para María. O, en otras palabras, dejamos que María trabaje a través de nosotros para Cristo. No quiero separar mis dos horas de trabajo, que estoy obligado a hacer cada semana, de mis otros trabajos. No, todo esto es mi trabajo; el mismo espíritu deben llevar mis obligaciones, bien sea enseñar o cuidar enfermos o llevar la casa o cualquier otra cosa. Las dos horas que la Legión nos manda hacer de forma especial, con espíritu distinto, es sólo una levadura para vivificar todos nuestros trabajos. El trozo de levadura que se pone en el pan es para que penetre toda la masa.

El año que fue Año Santo en Irlanda. Nuestra conferencia de Pentecostés tuvo por tema: Santificad Irlanda, evangelizad el mundo. Santificar Irlanda significa que debemos tratar de hacerla cristiana. Todo lo que es santo, bueno y amable viene de Dios. Todo lo que es malo, siembra discordia y enemistad, es del demonio. Por eso una solución a nuestros problemas, una solución a la violencia, al odio, etc., es establecer el reino de Cristo en todos los lugares. El sistema de la Legión es apto para realizarlo. Y el Concilio Vaticano nos ha dicho en el documento sobre el Laicado que la misión de la Iglesia de evangelizar el mundo no puede llevarse a cabo en el mundo moderno, a no ser que todos los miembros de la iglesia tomen parte activa en esa misión. El único sistema que conozco montado para movilizar a todos los fieles y hacerles apóstoles es la Legión de María. La Legión en los últimos años ha demostrado en muchas partes del mundo que es capaz de hacerlo. Contemplamos la Legión como una gran planta de montaje de autos. Esta planta puede producir rápida e incesantemente un número sin límite de autos. Todo lo que se necesita para estos autos son buenos conductores. En la Legión el conductor es el Director Espiritual. Por eso lo que necesitamos son muchos conductores para guiar estos coches por la tierra. Y hay coches suficientes para llevar a todos. Estos coches son capaces de gran velocidad y conducirán a todos a los pies de Cristo para decirle que son suyos.

El mejor método de reclutar nuevos miembros para la Legión y también Directores Espirituales es el buen ejemplo. Oí recientemente a un sacerdote comentar cómo se hizo sacerdote; dijo que había oído hablar a muchos sacerdotes sobre las vocaciones, pero ninguno le produjo ningún efecto especial. Hubo uno, que había sido viajante comercial y había tenido un empleo muy bueno. Dejó todo, grandes perspectivas de vida, para hacerse sacerdote. Este joven que lo oyó hablar, acababa de recibir una gran fortuna, una importante suma de dinero que heredó. Estaba en la encrucijada de su vida y se preguntó qué debía hacer. La tentación de dejar sus estudios y salir al mundo, a los negocios, a hacer dinero y a llevar una buena vida era grande. Pero por aquel que había sido viajante decidió: "si él pudo hacerlo, ¿por qué yo no voy a poder?"; y también él llegó a ser un buen sacerdote. Si nosotros somos buenos cristianos, otros nos seguirán pronto. No depende de lo que digamos o hagamos; en verdad lo más eficaz es lo que somos.

Otra cosa muy interesante y alentadora es que Cristo prometió a sus discípulos que cualquier cosa que ellos dijesen era lo mismo que si Él la dijera, y que cualquier cosa que hiciesen a otro era como si se la hiciesen a Él. Por lo tanto, no nos resistamos a hacernos discípulos de Cristo. Podemos pensar que no somos los indicados, que no estamos debidamente preparados y educados. Podemos pensar que no tenemos suficientes conocimientos o asustarnos de tener que ir a hablar a otros de religión. Recordemos que no vamos solos. Acordémonos de Pentecostés. Los Apóstoles y María estaban escondidos en una habitación en Jerusalén con verdadero miedo de salir hasta que el Espíritu Santo vino sobre ellos, y salieron a predicar sin vacilación, sin temor alguno, con gran confianza. El resultado fue que muchos se agruparon para seguir a Cristo. Lo mismo sucederá, si tenemos la confianza que tuvieron los apóstoles.

Es necesario que veamos la voluntad de Dios en todas las cosas. Nada sucede que no sea permitido por Dios. Podemos preguntar por qué permite los bombardeos, las matanzas, la violencia en nuestra tierra. Aceptémoslo. Veamos la mano de Dios en ello. Cuando rezamos, nos inclinamos a pedir cosas buenas, la riqueza, la salud y la felicidad; que nos aparte de lo que puede ser malo, como la enfermedad, la pobreza o la soledad. No; debemos aceptar todo como voluntad de Dios. La santidad consiste en la conformidad de nuestra voluntad con la voluntad de Dios. Debería haber una sola voluntad; la de Dios. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Debemos tratar de hacer la voluntad de Dios. No debemos tratar de forzar a Dios a hacer la nuestra.

En la primera conferencia de paz, nuestra representante dijo: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Pidamos a Dios que se haga su voluntad aquí en la tierra y especialmente que yo quiera reconocer su voluntad y tratar de seguirla.
* Tenía el don de sacar lo mejor de los laicos, trabajando con la ayuda de innumerables praesidia de la Legión de María.